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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
Veinte anos atrás, nadie podrían
haber imaginado la complicada coyuntura que se esta
presentando respecto a los precios del gas natural. Esto
no solo en Latinoamérica, sino en el mundo entero. Así,
vemos como la problemática se ha extendido a Rusia, los
países vecinos y Europa, donde la confrontación por los
precios ha llegado a punto de alterar la seguridad de
suministro.
En norte América, los
precios del Henry Hub han llegado a niveles
inimaginables de 14.00 $USMMBTU en los últimos meses el
año pasado y donde México, probablemente, toma una de
las peores partes, al tener este nodo como marcador de
precios para la importación del producto hasta los
puntos de consumo al interior del país.
De la misma manera, en
el Cono Sur, la problemática de suspensión de
exportaciones de gas de Argentina a Chile y la demanda
establecida, ha hecho que se baraje un sin fin de
posibilidades respecto a nuevos precios regionales o
porque no decir precios internacionales del energético,
que queramos o no se esta tornado en un commodity.
En el contexto de la
teoría económica y por supuesto de oferta y demanda,
podemos manifestar que los precios de gas natural,
deberían ubicarse dentro de una banda que esta entre el
costo marginal de largo plazo de explotar, explorar y
transportar el producto mas una razonable utilidad y el
costo de oportunidad de los productos energéticos de
competencia para el gas natural que se desea reemplazar,
incluyendo la competencia de gas con gas por supuesto.
Un poco de historia nos
dice que 20 años atrás, en el Cono Sur solo existía el
gasoducto que unía las reservas de Bolivia con
la demanda Argentina. Los
precios de esta transacción, pasaron por varias etapas,
de costos marginales a precios de costo oportunidad y
hasta precios políticos de ayuda bilateral que oscilaron
entre 1.00 $US/MMBTU hasta algo de mas de 4 $USMMBTU en
frontera.
En los últimos 10 años,
se ha construido el gasoducto Bolivia Brasil, con una
arquitectura de precios asentada en un precio base de
costo marginal e indexación a los fuel oils alternativos
que se utilizan en la generación térmica, que al
presente esta en algo mas de 4.0 $US/MMBTU en destino.
En este mismo periodo,
se han construido también los gasoductos entre Argentina
y Chile, con una estructura de precios relacionada al
precio del gas que marcaba un precio de oferta y demanda
en la Argentina.
Esto, por supuesto antes de la debacle económica de
Diciembre de 2001 y cuyos precios se mantienen hasta el
presente en el orden de los 2.80 a 3.50 $US/MMBTU en
destino
Lo cierto es que el
Cono Sur, al igual que el resto del planeta, esta
debatiendo la necesidad de establecer precios de gas
natural que compatibilicen los intereses de productores
y consumidores. En esta dinámica, los intentos de
importar gas vía LNG de otros confines del planeta,
ciertamente confrontaran la dificultad de competir con
precios internacionales de otros mercados, que como
hemos visto, en el caso de Norte América y Europa están
por arriba del los 6.00 a 7.00 $US/MMBTU y en el
caso del Henry Hub en picos de hasta 14.00 $US/MMBTU.
Alternativas al gas
natural para la generación de energía eléctrica existen
en proyectos como el carbón y la energía hidráulica que
ciertamente tienen algunas desventajas respecto al tema
medioambiental, a los tiempos de implementación y la
eficiencia que se logra con los proyectos en las plantas
eficientes de ciclo combinado.
Latinoamérica y el Cono
Sur en particular, en cualquier prospectiva energética
de largo plazo que se analice, deben tratar de apuntalar
el desarrollo de sus economías en una eficiente
combinación de gas natural y energía hidráulica que es
muy abundante en la
región. Esto as su vez, permitirá aliviar la demanda de
combustibles líquidos, que puede ser exportada a otros
confines del planeta y se deja de lado la volatilidad e
incertidumbre.
En este contexto de un
nuevos precios de energéticos a nivel mundial, los
países y las empresas involucradas en la región, deben
hacer todos los esfuerzos por tratar de converger en un
buscar precios de gas que reflejen el interés de los que
producen y demandan.
La integración
energética precisamente busca esto, es decir que se
encuentre un camino de ida y vuelta de largo plazo,
donde no existan perdedores ni ganadores y los
energéticos beneficien a los países e involucrados
privados en la temática energética.
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