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Winston
Estremadoiro |
Quizá por un chivito al palo que comí en la planta Margarita de Repsol YPF, tuve un sueño con Lucha Reyes, templada voz del cancionero peruano, que se convirtió en pesadilla cuando apareció como personera de Torre-Tagle, su cancillería.
Leyendo sobre chapucerías de la nueva Ley de Hidrocarburos, la diva miraba el mapa de Bolivia y cantaba “que pena me da mirarte cuando te miro, que pena me da pensar lo que has perdido”, vals muy a propósito del Pacific LNG. Porque el proyecto de exportar gas natural en buques metaneros a México y EE.UU, fue desdeñado quizá porque Perú, con su dinero y sirviendo sus intereses, azuzó lo que se llama, ridículamente, la guerra del gas.
Una que tiró por la borda un proyecto listo, que más tardó en caer al agua que Perú agarrarlo como suyo, seguro diciendo, como una amiga cuando ganaba en las cartas, con mi manito, con mi manito.
Yaa, no puesh, dijo un alteño, el Perú no tiene las reservas de gas de Bolivia. No sea puej bola´e´vaca, le respondí en argot camba. Las “malvadas” petroleras que están migrando a ese país, languidecen mientras rehusan migrar a nuevos contratos arbitrarios en Bolivia. Ellas, y firmas bolivianas de servicios que han migrado a Camisea, saben que las reservas de gas están en directa relación a invertir en exploración y desarrollo de pozos.
De aquí a poco, el sector en Bolivia se encogerá como camisa de bayeta, mientras en Perú habrá gas para atender demandas de la Gran Lima, varios “trenes” del Pacific LNG a México y Estados Unidos, y jugoso contrato con Chile.
Saltó al ruedo un milico, de esos que coquetean con los que quieren meterles a la chirola por no usar pistolas de agua al cumplir órdenes superiores y poner orden. Levantó un dedo a lo Abaroa y pontificó que el mar nos pertenece por derecho, recuperarlo es un deber.
Fíjese, mi dragoneante, le recordé, el negocio entre el gran perdedor de la Guerra del Pacífico –Perú- con el agresor de 1879, instalará un ducto por la costa de ambos países, poniéndole una atadura más al cerrojo que impide el acceso soberano de Bolivia al mar por un corredor al norte de Arica. Más aún, no se haga al macho, mi brigadier, que con actitud similar mire adónde nos llevó pisar fuerte en el Chaco.
Es más posible que perdamos Sur Lípez, Sur Chichas, Omiste, Tarija y su provincia Gran Chaco a Chile, que se cumpla el himno “Antofagasta, tierra hermosa, Tocopilla, Mejillones junto al mar, con Cobija y Calama, otra vez a la patria volverán”.
Ahí metió la cuchara uno de Altos Estudios Nacionales: es irrenunciable nuestro reclamo marino, dijo. De acuerdo, mi querido DAEN, retruqué, pero con las chapurradas de la diplomacia boliviana, perdimos soga y cabrito. Tendríamos ya un enclave costero por 99 años renovables, donde lo único que exigía Chile era cumplir leyes medioambientales.
Un puerto gasífero, con opción de ser de múltiple propósito, estaría en ciernes. Hoy quedamos sin puerto en Patillos, la soga, y sin corredor al norte de Arica, el cabrito.
Uno con gorra tipo Lenin, vociferó que las brujas del transporte de hidrocarburos no quieren invertir en ductos mayores. Por eso, dijo, vivimos una crisis energética en el occidente.
Huyendo de su buqué de cochala limitado a lavado ocasional con agua cara, no clara, de cisterna, le espeté que sin el afán de meternos un tiro en el pié con la nueva Ley de Hidrocarburos, ya estaría encaminado un gasoducto de gran diámetro desde Tarija. Cruzaría el altiplano hasta su mitad, paralelo a la vía férrea, para desviarse hacia el mar, pero con un ramal que solucionaría la escasez de energía en La Paz y permitiría instalar una planta de GTL que produzca diesel ecológico en Patacamaya.
Un potosino recalcitrante sin planta de litio, sin gente y de menguante diputación, apostrofó: ¡con Chile, nada! Pues urge un golpe de timón a las relaciones con ese vecino, reflexioné, con el que Bolivia tiene gran complementariedad.
Encarar una relación amistosa de largo aliento, que propicie la voluntad de cerrar la herida de 1879. Parchar la brecha comercial anual de más de $150 millones. Con capital que Bolivia no tiene, Chile sí, formar empresas binacionales: exportar petroquímicos de gas boliviano; desarrollar el potencial del altiplano en el molde exportador chileno.
Un medio pelo hecho al originario me brincó con que soy malinchista –como llaman en México a los que sirven intereses foráneos- ¡más ganamos con industrializar el gas en el país!, dijo. No sea opa, injerto de gachupín en kantuta, respondí.
Toda la cadena productiva del sector es cuestión industrial, de alta tecnología para cumplir normas medioambientales y de cuantiosa inversión. Con YPFB sin recursos, la cuestión es ¿quién invierte en inseguridad jurídica que cambia reglas de juego a medio camino, sin autoridad sólida que impida a pelopinchos cerrar válvulas de ductos?
Tomemos un megacampo boliviano: Margarita.
Según la certificación solicitada por YPFB al 1º de Enero de 2005, tiene 10,51 TCF entre reservas probadas y probables. Repsol YPF ya invirtió 307 millones de dólares para perforar y poner en producción 4 pozos y la planta de procesamiento de Margarita; necesita invertir 1.100 millones más para el desarrollo pleno del yacimiento.
Extrapolando a los 52 TCF de reservas probadas y probables de gas, y más o menos 900 millones de barriles de petróleo acompañantes en Bolivia, se requiere 4.000 millones de dólares de inversión para cubrir la demanda total del Mercosur y exportar 100.000 barriles diarios de petróleo durante 25 años. Pero urge lograr esta meta en un plazo de 8 años, no para las calendas griegas.
Desperté de mi pesadilla con el corazón estrujado. Me quedó revoleando Lucha Reyes cantando “te engañaron tus amigos, se ensañó la mala suerte, llenando tu pobre mente, de orgullo y vanidad, llora, llora corazón.” Pobre Bolivia.
winston@supernet.com.bo
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