Winston Estremadoiro

Santa Cruz le quedó chica a su Feria  

Octubre 2005     

 

Winston Estremadoiro

Santa Cruz le quedó chica a su Feria, se me vino a la mente caminándola el 23 de septiembre pasado. Respaldan mi aserto la congestión vehicular para llegar a ella, la multitud haciendo cola en las boleterías, la muchedumbre caminando pecho con espalda por sus avenidas de boliches repletos de gente, la galanura y obsequiosidad de sus azafatas, la diversidad cada vez mayor de presentaciones de los puntos cardinales del orbe, los cócteles rebosantes de ejecutivos orondos de su quehacer, los espectáculos cada vez más variados y de mayor cartel. Salí 6 horas después, sin haber visto ni un tercio de sus atractivos, a asombrarme de los acampados de comidas y bebidas que rodean el recinto ferial. Son parte también de la terapia de choque que es el movimiento económico generado en esta fiesta cruceña, en el contexto de una economía nacional agobiada por la crisis.

 

La historia de la EXPOCRUZ comenzó en 1962, como una muestra ferial ganadera en una granja de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Gabriel René Moreno. Después, ese eje formidable de voluntades agrupado en la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) y la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz (CAINCO), adquirió el terreno ferial, que hoy cuenta con infraestructura y servicios propios de un evento de nivel internacional.

 

No ha perdido el norte de su origen. Después de 43 años de empeño, en la EXPOCRUZ se destacan, mostrando al país y al mundo los frutos del tesón, unas magníficas sopesadas por buenos traseros, aparato reproductor bien puesto y torneadas piernas; les hacen la manicura y las peinan con esmero; las someten a ejercicios y buena alimentación; las fotografían de todo ángulo. No se trata de aquellas por las que es más conocida Santa Cruz de la Sierra. Estas son de cuatro patas: la ganadería de cría en la que destaca la raza Nelore, introducida también hace 4 décadas de Brasil, que hoy ha evolucionado a un quehacer de tecnología de punta en alta genética. En la Feria destacan una media docena de remates, pasarela de magníficas que mejoran la productividad de hatos ganaderos en Santa Cruz, rebalsando al Beni y llegando, inclusive, a países como Ecuador, Nicaragua y Paraguay.

 

Estuve en uno de ellos, en la hacienda de un boliviano casado con linda peruana, que aparte de producir espléndidos ejemplares de Nelore, incursionó en la crianza de caballos de raza Paso Peruano. Con tanto éxito, que han presentado sus potrillos y yeguas en exigentes ferias del Perú, como la Mamacona, ganando muchos galardones. Estos equinos caminan y trotan con tanta suavidad para el jinete, que de tener uno Simón Bolívar, el apodo de culo´e hierro que distinguió al Libertador no hubiese sido tan merecido. El 24 de septiembre se remataron 5 hermosos caballos, la mayoría palominos de crines y cola platinadas. Fueron adjudicados a compradores peruanos, lo que me hizo sospechar que se están llevando los mejores vientres y padrillos de vuelta a su país.

 

Volví al conflictivo occidente boliviano, en medio de la batahola por los escaños parlamentarios, una que mellando la Constitución pretende escamotear mayor representación parlamentaria a esa Santa Cruz de emigrantes potosinos, orureños y paceños, que han aumentado su población acogidos a la hospitalidad de la que hacen ley los cruceños.

 

Pensé en ese potencial altiplánico cuyo despertar recién se atisba: la ganadería de auquénidos. Chile, vecino que presume de altiplánico porque por razones estratégicas tomó posesión de laderas orientales de volcanes y cerros fronterizos, hoy en día tiene un hato de vicuñas y alpacas mayor que el nuestro; ídem con el Perú. Y soñé con una Cámara Agropecuaria del Occidente que promueva mejorar la cría de auquénidos. Para exportar carne y charque de llama sin colesterol; para sustentar de fibras un prometedor sector de textiles, que ya está exportando moda boliviana con lanas finas de alpaca y vicuña.

Entonces se me vino encima la dura realidad.

 

Potosí pareciera vivir de sus lauros de tiempos coloniales, dependiente de lo que el centralismo le asigna de una torta exigua. Tienen riquezas sin explotar, pero el potencial que hoy destaca es un género de políticos que, cual perros del hortelano, no comen ni dejan comer. Torpedearon hace años el desarrollo del litio del salar de Uyuni, solo para enterarse que también hay salares en Argentina. Hace poco derruyeron un hotel de sal que atraía turistas a esa mancha salina, que se ve desde la luna como un espejito juguetón. Hoy amenazan ponerle el garrote asfixiador a San Cristóbal, millonario emprendimiento argentífero, antes de que salga un vagón de mineral de plata.  

 

Adiós Oruro del alma, linda ciudad de mis sueños, pareciera ser la tonada que más se canta sobre la gran Villa de Pagador minera y ferrocarrilera, que la hicieran Meca de inmigrantes de cien orígenes. Hoy, desposeída de sus mejores brazos a la emigración a Cochabamba y Santa Cruz, su idea de constituirse en puerto seco del Pacífico se ha ensombrecido por la satrapía contrabandista en Sabaya.

 

Chuquiago no es la linda La Paz de antaño, amarrada a su hermano siamés de El Alto, que la atraca de navegar al progreso cada vez que tiene algún reclamo particular. Está condenada a atrincherarse en la zona sur, siendo la sede de gobierno de un Estado débil, que pareciera claudicar el monopolio de la fuerza pública para imponer la ley.

 

Ojala que la iniciativa de cruceños y alteños de aunar esfuerzos para buscar el progreso de El Alto, encuentre eco en los criadores de Santa Cruz, para propiciar el desarrollo de una ganadería auquénida de buen nivel tecnológico en el altiplano potosino, orureño y paceño. Una que mejore sus llamas, alpacas y vicuñas, bregando 40 años en la selección y difusión genética de sus mejores animales. Algo que bien debiera hacerse con los políticos del país.

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