Winston Estremadoiro

Látigo de arena medioambiental  

Octubre 2005     

 

Winston Estremadoiro

¿Cuál es la agenda electoral en materia de tierras?, preguntaba un ejecutivo del INRA a menos de dos meses de las elecciones generales, no las de 2005 sino de 2002. No ha perdido vigencia su preocupación, en este país donde todo cambia para seguir igual. Pero no creo que democratizar acceso a la tierra de gente de escasos recursos mengue la pobreza, equilibre la desigualdad social, palie las deficientes condiciones de vida en el medio rural. Repartir tierras no es varita mágica contra la miseria, más bien disemina la plaga de campesinos pobres, tumba árboles y quema chacos, que todos los años regalan mil incendios forestales y pandemias de infección ocular, en complicidad con tronqueros, pichicateros, agricultores extensivos y ganaderos buscando rebrotes de la pampa a lo fácil.

 

Cavilé sobre el tema leyendo la propuesta de LIDEMA, (Liga de Defensa del Medio Ambiente) que lo incorporará en la nueva Constitución Política del Estado a partir de la Asamblea Constituyente. Con el fin de hacer sostenible el desarrollo de Bolivia, proponen muchos derechos y pocos deberes ambientales. Siguen la onda del país de inebriarse de derechos que favorecen, sin entrar a las agruras de que se tome conciencia de sus límites o se tenga dinero para imponer su cumplimiento. Peor todavía es la coincidencia de entelequias irreales en posturas políticas que hoy están en boga ad nauseam.

 

Si como propone LIDEMA, proteger el medio ambiente y la biodiversidad, informar sobre acciones que les afectan, y restaurar, reparar o resarcir daños ambientales son deberes, urge hacer conciencia sobre temas urgentes en Bolivia. En la actualidad, si no fuera por financiamiento externo, poco se sabría, por ejemplo, sobre el Corredor de Conservación Vilcabamba-Amboró, prodigiosa curva de Andes orientales peruano-bolivianos, que es uno de los sitios biológicamente más diversos de la Tierra, que alberga una cadena de 19 áreas protegidas.

 

En Bolivia, el enemigo principal son los tronqueros, estirpe depredadora aliada de campesinos a los que el medio ambiente amenaza, no cobija, cuando provienen de regiones donde los árboles no existen. Hace poco, comunarios tuvieron al Parque Madidi de rehén, exigiendo un camino acuchillador de ese espléndido tesoro de biodiversidad. Los enamorados del bon sauvage llenan su boca con las Tierras Comunitarias de Origen (TCO); deberían percatarse que algunas venderían sus bosques por pigricias para no morir de tuberculosis o para comprar una pizca de modernidad, como refrigeradores a kerosén, energético precursor de convertir hojas verdes en polvo blanco, otro tentador negocio. ¿Y qué del Parque Isiboro-Sécure, con sus Trinitarios atenazados por ganaderos y cocaleros? Está aquejado del cáncer de colonos, que en los 70 ocupaban 2.000 hectáreas: sabe Dios cuántas son con la metástasis prohijada por los ahijados de Evo Morales, el casi Presidente cocalero. Hasta el Amboró, parque adulado de la cruceñidad, está amenazado por la republiqueta de colonos masistas y emesetistas de Yapacaní.  

       

      Con las primeras lluvias vino la amnesia colectiva sobre la tragedia anual de incendios forestales provocados por los chaqueos. ¿Sabían que se fotografían desde los satélites, pareciendo una réplica dañina de las estrellas en los montes bolivianos? Es preocupante el crecimiento exponencial de esta afrenta medioambiental, una que no quita el sueño a gobiernos ni a candidatos de las elecciones.

 

Medioambientalistas: por lo menos hagan una huelguita de hambre el año próximo, por agosto, para engordar llamando la atención sobre este problema. Propicien un impuesto para castigar envases no retornables o no reciclables; para fomentar el retorno a las bolsas de tela de nuestras abuelas yendo al mercado; para censurar el abuso de las de plástico que hacen adefesios de campos suburbanos. Armen un barullo de censura pública, para que congresales persistan en prohibir la legalización de autos chutos; chatarra cuya contaminación está arruinando el aire que respiramos, está matando gente con su muerte súbita en calles que transitan nuestros compatriotas, que no son ni japonesas ni danesas. Mediambientalistas: percátense de la paradoja que los que explotan los recursos naturales son buenos guardianes de la preservación. Lo demuestran empresas petroleras y mineras controladas; son sancionadas por daños o percances  medioambientales, salvo esas de mandamases nacionales que hacen de los peces del río Pilcomayo una amenaza ambiental a la salud, por el contenido de restos dañinos de los deslaves de sus minas.

 

Hoy que celebramos el liderazgo mundial de Bolivia en bosques certificados, reflexionemos que se debe a pasos serios de instituciones, empresas y comunidades en poner en práctica la sostenibilidad en el manejo de los bosques. Ampliemos la sinergia entre entes estatales como el Consejo para la Certificación Forestal Voluntaria (CFV), las cámaras forestales, TCO y propiedades privadas, para ser el ejemplo mundial de esta forma de conservación. Porque si en nuestro país hay algo más de 600.000 Km2 de diversos tipos de florestas, hay mucho que avanzar arriba de los 20.000 Km2 de bosques certificados que hoy nos honran.

 

No arriesguemos el látigo de arena en el destino de Bolivia, castigo de la naturaleza sobre el que advierte el Dr. Antonio Andaluz. El Codo de los Andes, además de ser parte del Corredor de Conservación Vilcabamba-Amboró, nutre con sus lluvias la zona agrícola más productiva del país. Los vientos del Atlántico chocan con él a la altura del Manuripi-Heath (paralelo 12°), giran hacia el sur y bañan la zona integrada del norte cruceño, que hoy contribuye con el 20% del PIB boliviano. Hoy las lluvias están menguando por la devastación cocalera en el Chapare y la reducción de los bosques orientales por la tala de monte y los incendios.

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