Winston Estremadoiro

La bolsa o la vida, maldita sea  

Octubre 2005     

 

Winston Estremadoiro

Repetición de esquemas y blablá del falso oropel de otras elecciones, el mal que aqueja a candidatos de las de 2005. Es justa electoral que quizá no permitan los mediocres mamones de la teta congresal, que disfrazan su angurria por prorrogarse, atropellando fallo del Tribunal Constitucional y apelando a prejuicios come-camba.

 

Las duplas electorales son pura asesoría de imagen. Esa de Madison Avenue, aunque vengan de Caracas o La Habana. Hoy regalan circo de tres pistas y varios payasos de yapa. En una, un pajpaku mestizo hecho al indio chamán, consiguió ayudante blanco de neuronas de ex terrorista, hoy panelista; con pose de aquí lo puse y no aparece, ¡no me pise la víbora!, procura convencer de un capitalismo a la boliviana, cuando bien se sabe que es robot del socialismo bolivariano de Hugo Chávez, pero sin plata del petróleo. En otra pista, dicen que con cachetes de marrana flaca pero más serio que un revólver, otro oculta a Keynes y Galbraith y su social democracia, cuelga su terno de yuppie y se junta con carita linda de la tele para suavizar su semblante adusto; cuando tales son su mejor carta en un país en crisis, que necesita gobernantes sensatos que planteen programas factibles, no entelequias. En pista secundaria, un barbón tan carismático como bolsa de cemento, se aconchaba con la autonomía cruceña para alternar ritmo de taquirari en tamborita a su yaraví tristón de zampoñas.

 

Todos son permeables a la perniciosa influencia del machacar de la nueva izquierda. Hablan de cambiar el Estado con Asamblea Constituyente; encandilan ignaros con rollo de nacionalizar recursos naturales; de industrializar el gas con un abecedario tecnológico de plantas que requerirían millardos de un YPFB insolvente. Y se empeñan en inventar mejunjes de brujo de conceptos vacuos de tanto repetir, como si en la economía hubiese recetas nuevas. En una Bolivia urgida, más que nunca, de colchón nuevo de ley y orden, par de sábanas limpias de trabajo y paz, abrigada frazada de inversión externa, cubrecama de generación de empleo y almohadas de dar palo a la corrupción.

 

Inspiró tan desalentador panorama, una revisión para corregir más de 200 artículos míos, que vengo puliendo para la próxima edición de un libro de antología, mejor dicho, con tal antología. Disculpe el lector que pareciera vender mi charque, algo no censurable pero un poquitín de mal gusto: pero me solaza que mis barlamentos no han perdido actualidad, y me deprime que sigamos en la misma vaina. 

 

Lo observé en una premiere del circo electoral, que puso frente a frente a los candidatos a vicepresidente de las dos agrupaciones que lideran las encuestas. Pensaba que un García Linera avezado en el blablá sabihondo de los gurús sociológicos, revolcaría a una María René Duchén de buen ver como símbolo de la familia y las buenas costumbres. No fue así. A los fuegos de artificio del primero, la dama mantuvo una postura de sensatez y compostura, incluso con pregunta sobre su patrimonio: $150.000, dijo. Su adversario reaccionó como ufanándose de ser pobre con solo 25.000 libros en su biblioteca, sin percatarse que a un promedio de $10 cada uno, tiene cuarto de millón de dólares solo en libracos.               

 

Su soberbia de literato –reminiscente de inefectivo ex Presidente- le hizo mostrar la hilacha de algo ominoso: alardeó de que el partido de Evo Morales es el único que controla los 5 sectores movilizados que han desestabilizado el país en los últimos años.

 

¿Qué lectura darle a semejante jactancia? No entraré a un antipático “yo se los dije”, ya que no soy el único Catón clamando su delenda est Cartago: en este caso, la debilidad del Estado que está destruyendo Bolivia. Pero, como escribí, no ponerle brida, rienda y fuete al caballo desbocado de los movimientos sociales nos está llevando al despeñadero. El gurú de Evo confesó una conspiración chantajista, si es que Morales controla la cadena y el bozal de los perros que muerden la paz social y retrasan el progreso de la nación. La bolsa o la vida, maldita sea.

 

No creo que un cocalero vivaz pero de escasas luces sea capaz de semejante maquiavelismo. Detrás estuvieron, y están, extranjeros que viven experimentos en nuestro país que en los suyos los pondría a buen recaudo. Apareció luego el liberador bolivariano con sus talegos del petróleo, que en Santa Cruz bosquejó el plan de cómo controlar el poder en un gobierno populista de corte venezolano, en esta democracia asediada de turbamultas.

 

¿Serán bobotes los bolivianos para creer en la fachada actual de reformador sin hacer olas de Evo Morales? No sé si por cansancio o conveniencia, olvidan bloqueos de cocaleros; invasiones de parques nacionales y predios rurales; amenazas de nacionalizar hidrocarburos sin indemnizar, de las que hoy reculan, no sin antes secar la inversión para desarrollo de campos petroleros; se oponían a vender gas a Chile, ahora lo ofrecen con el mar en veremos; prometen generar empleos, mientras sabotean el tratado de libre comercio con EE.UU.

 

Pero hay algo más inquietante. Al ¡ahora es cuando! de los afiches de Evo debiera acompañar ese “¡güisca tatay!” con que se advertía, chasqueando el dedo índice, de chicote y palo a los niños traviesos. El partido cocalero amenaza de que si las elecciones les fueran adversas, sea por votos en urnas o por definición congresal, soltarán a los perros de los bloqueos, marchas y huelgas con que han obtenido su mayor logro: la inestabilidad de esta patria con poca gente que entiende y aprecia su democracia. La bolsa o la vida, maldita sea.

 

Pero ¿sabrá Evo Morales que los canes rabiosos muerden también a sus amos? A menos que, como dijo García Linera, impongan un Estado fuerte que se haga respetar. Que sería populista y bolivariano, claro está. Lo que preocupa son los indicios de que sería también totalitario.

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