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Winston
Estremadoiro |
Repetición de esquemas y blablá del falso oropel de
otras elecciones, el mal que aqueja a candidatos de las
de 2005. Es justa electoral que quizá no permitan los
mediocres mamones de la teta congresal, que disfrazan su
angurria por prorrogarse, atropellando fallo del
Tribunal Constitucional y apelando a prejuicios come-camba.
Las duplas electorales son pura asesoría de imagen. Esa
de Madison Avenue, aunque vengan de Caracas o La Habana.
Hoy regalan circo de tres pistas y varios payasos de
yapa. En una, un
pajpaku
mestizo hecho al indio chamán, consiguió ayudante blanco
de neuronas de ex terrorista, hoy panelista; con pose de
aquí lo puse y no aparece, ¡no me pise la víbora!,
procura convencer de un capitalismo a la boliviana,
cuando bien se sabe que es robot del socialismo
bolivariano de Hugo Chávez, pero sin plata del petróleo.
En otra pista, dicen que con cachetes de marrana flaca
pero más serio que un revólver, otro oculta a Keynes y
Galbraith y su social democracia, cuelga su terno de
yuppie
y se junta con carita linda de la tele para suavizar su
semblante adusto; cuando tales son su mejor carta en un
país en crisis, que necesita gobernantes sensatos que
planteen programas factibles, no entelequias. En pista
secundaria, un barbón tan carismático como bolsa de
cemento, se aconchaba con la autonomía cruceña para
alternar ritmo de taquirari en tamborita a su yaraví
tristón de zampoñas.
Todos son permeables a la perniciosa influencia del
machacar de la nueva izquierda. Hablan de cambiar el
Estado con Asamblea Constituyente; encandilan ignaros
con rollo de nacionalizar recursos naturales; de
industrializar el gas con un abecedario tecnológico de
plantas que requerirían millardos de un YPFB insolvente.
Y se empeñan en inventar mejunjes de brujo de conceptos
vacuos de tanto repetir, como si en la economía hubiese
recetas nuevas. En una Bolivia urgida, más que nunca, de
colchón nuevo de ley y orden, par de sábanas limpias de
trabajo y paz, abrigada frazada de inversión externa,
cubrecama de generación de empleo y almohadas de dar
palo a la corrupción.
Inspiró tan desalentador panorama, una revisión para
corregir más de 200 artículos míos, que vengo puliendo
para la próxima edición de un libro de antología, mejor
dicho, con tal antología. Disculpe el lector que
pareciera vender mi charque, algo no censurable pero un
poquitín de mal gusto: pero me solaza que mis
barlamentos
no han perdido actualidad, y me deprime que sigamos en
la misma vaina.
Lo observé en una
premiere
del circo electoral, que puso frente a frente a los
candidatos a vicepresidente de las dos agrupaciones que
lideran las encuestas. Pensaba que un García Linera
avezado en el blablá sabihondo de los gurús
sociológicos, revolcaría a una María René Duchén de buen
ver como símbolo de la familia y las buenas costumbres.
No fue así. A los fuegos de artificio del primero, la
dama mantuvo una postura de sensatez y compostura,
incluso con pregunta sobre su patrimonio: $150.000,
dijo. Su adversario reaccionó como ufanándose de ser
pobre con solo 25.000 libros en su biblioteca, sin
percatarse que a un promedio de $10 cada uno, tiene
cuarto de millón de dólares solo en libracos.
Su soberbia de literato –reminiscente de inefectivo ex
Presidente- le hizo mostrar la hilacha de algo ominoso:
alardeó de que el partido de Evo Morales es el único que
controla los 5 sectores movilizados que han
desestabilizado el país en los últimos años.
¿Qué lectura darle a semejante jactancia? No entraré a
un antipático “yo se los dije”, ya que no soy el único
Catón clamando su
delenda est Cartago:
en este caso, la debilidad del Estado que está
destruyendo Bolivia. Pero, como escribí, no ponerle
brida, rienda y fuete al caballo desbocado de los
movimientos sociales nos está llevando al despeñadero.
El gurú de Evo confesó una conspiración chantajista, si
es que Morales controla la cadena y el bozal de los
perros que muerden la paz social y retrasan el progreso
de la nación. La bolsa o la vida, maldita sea.
No creo que un cocalero vivaz pero de escasas luces sea
capaz de semejante maquiavelismo. Detrás estuvieron, y
están, extranjeros que viven experimentos en nuestro
país que en los suyos los pondría a buen recaudo.
Apareció luego el liberador bolivariano con sus talegos
del petróleo, que en Santa Cruz bosquejó el plan de cómo
controlar el poder en un gobierno populista de corte
venezolano, en esta democracia asediada de turbamultas.
¿Serán bobotes los bolivianos para creer en la fachada
actual de reformador sin hacer olas de Evo Morales? No
sé si por cansancio o conveniencia, olvidan bloqueos de
cocaleros; invasiones de parques nacionales y predios
rurales; amenazas de nacionalizar hidrocarburos sin
indemnizar, de las que hoy reculan, no sin antes secar
la inversión para desarrollo de campos petroleros; se
oponían a vender gas a Chile, ahora lo ofrecen con el
mar en veremos; prometen generar empleos, mientras
sabotean el tratado de libre comercio con EE.UU.
Pero hay algo más inquietante. Al ¡ahora es cuando! de
los afiches de Evo debiera acompañar ese “¡güisca
tatay!” con que se advertía, chasqueando el dedo índice,
de chicote y palo a los niños traviesos. El partido
cocalero amenaza de que si las elecciones les fueran
adversas, sea por votos en urnas o por definición
congresal, soltarán a los perros de los bloqueos,
marchas y huelgas con que han obtenido su mayor logro:
la inestabilidad de esta patria con poca gente que
entiende y aprecia su democracia. La bolsa o la vida,
maldita sea.
Pero ¿sabrá Evo Morales que los canes rabiosos muerden
también a sus amos? A menos que, como dijo García
Linera, impongan un Estado fuerte que se haga respetar.
Que sería populista y bolivariano, claro está. Lo que
preocupa son los indicios de que sería también
totalitario. |