Winston Estremadoiro

La compensación inversa positiva  

Noviembre 2005     

 

Winston Estremadoiro

Empecé este artículo casi un mes después de que el Tribunal Constitucional soltara la bomba, y pasaran trece pesados días más antes de que el Presidente Rodríguez apagara la mecha con su decreto el otro día. Neófito que soy en leyes y mero ballestero de la política, opino que en el futuro ojala sea la Corte Nacional Electoral que proceda de oficio a repartir escaños, de acuerdo al último Censo.

 

Hasta mi sardonia se contagió de acartonada seriedad por la guerra de escaños, tema de politiquería nacional que no merece tal batahola. Quizá fue por leer Ensayo sobre las revoluciones bolivianas de Gustavo Adolfo Navarro, hombre de avanzada que firmaba como Tristán Marof, donde encontré similitudes en lo que él calificaba como “la pobreza de la fraseología inútil y atrabiliaria de los discursos del Tata Belzu” y su gobierno “de despilfarro y tremendo desorden”, con la cháchara de un populista de moda, si es que llegase a Presidente. Pero no es sobre Evo Morales mi tamborilear de hoy, aunque ese engendro populista protagoniza el melodrama nacional: se le aguantan hasta amenazas sediciosas de insurrección, si es que las cosas no salen como quiere.

 

Tristán Marof lleva a reflexionar que por agradar a la plebe y sosegar a los críticos, la política criolla rehuye llamar pan al pan y vino al vino. Perla de ese culebreo falaz es la compensación inversa positiva propuesta por un diputado.

 

Tamaño bocado socapaba el atropello al Tribunal Constitucional en la pulseta sobre escaños. Como armadura en cuerudo pecho, en recóndito rincón escondía el prorrogarse aunque sea por unos mesecitos. Cómo no, si se trata de una pega de casi 44 sueldos mínimos al mes, ociosos suplentes “al partido” a veces, talegazos de cuando en vez por aprobar leyes, cargos para allegados así sean analfabetos, viáticos y pasajes para viajes. Como ese último a la Ciudad Eterna de la Comisión de Constitución, mientras en la Roma boliviana el Nerón populista amenazaba que ardería en llamas.   

 

La compensación inversa positiva fue risible disfraz de un chantaje a la Constitución. Como cuando la madre nos purgaba con horrible aceite castor, y exigíamos un chocolate de premio para sacar su feo sabor de la boca, cívicos de La Paz, Oruro y Potosí pidieron un pedazo extra del pastel de impuestos del Impuesto a Hidrocarburos (IDH). Menos mal que un mesurado Presidente entró en liza y sanseacabó.

 

Tratando el tema, observo que hay compensación inversa positiva ilusa y real. Ejemplo de la preconizada por magín afiebrado es la del Comité de Defensa de la Paceñidad, que arguye que es simpleza señalar que uno o dos escaños no significan nada. Un escaño representa 4 o 5 distritos, unas 20 zonas, una población de 150 mil habitantes. Pidieron 5 escaños más para el Departamento, por cuanto en los últimos años ha recibido migración de 450.000 personas. ¿Será que no se hizo bien el trabajo censal del 2001?

 

Mucho más real es la migración que documentan en Santa Cruz. El Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Cámara de Industria y Comercio (CAINCO), señalan que de los 494.148 inmigrantes que radicaban en el departamento cruceño en 2001, 125.157 eran cochabambinos, 98.585 chuquisaqueños y 79.724 paceños. El resto eran oriundos de Potosí, Oruro, Tarija, Pando y Beni (incluyendo su actual Prefecto). O sea que el escaño que se le restó a Santa Cruz, en cifras del Comité de Defensa de la Paceñidad, significa que más del 30% de los collas emigrantes quedarán en un limbo electoral, lo que atenta contra el precepto constitucional de representación democrática en base a la población.

 

También hace aguas la posición del Comité Cívico Potosinista. Según sus voceros, la lógica de la “oligarquía camba” es que les corresponden 4 escaños, “pero eso no es cierto” ya que solo están tomando en cuenta el factor demográfico “olvidando, intencionalmente, el nivel de desarrollo de las regiones”. Uno, hablar de la oligarquía camba es desconocer la naturaleza representativa del Comité Pro Santa Cruz, que es incuestionable. Dos, aún si una élite cruceña mandara en su tierra, pues lo está haciendo mejor que sus contrapartes occidentales. Nadie negará que Santa Cruz es la locomotora de la economía nacional, logro de dos décadas en que su economía aumentó su porción del Producto Interno Bruto (PIB) nacional de 16.6% en 1970 al 27% en 1990. El 2002 aportó al PIB con el 30,3%; se estima un 33% en 2005. Tres, no es por el carnaval, el majadito o las Magníficas que emigran a Santa Cruz. La atracción tiene que ver con “el mayor acceso a oportunidades de empleo y mejores condiciones de vida, debido al mayor grado de desarrollo alcanzado en ese distrito”, según lo reconoce el propio INE. ¿Será que con compensación inversa positiva retornarían los emigrantes a Potosí, Oruro o La Paz? No lo creo, porque como declara el presidente de los residentes paceños, “me vine a Santa Cruz por empleo. Aquí no hay paros ni huelgas, todos trabajan”.

 

Los distritos receptores de emigrantes –Santa Cruz y Cochabamba- son más bien los merecedores de compensación inversa positiva, porque el flujo migratorio lleva al límite la capacidad de atención de los servicios básicos a la mayor población. Más aún, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA) y el Gobierno, estas cuestiones son más que números, “sino que se centran en las personas, en la necesidad del ejercicio de sus derechos y entre éstos, su derecho a la equidad e igualdad y el aporte de esta igualdad en el marco del desarrollo”. Sean cambas o collas.

 

Pero la compensación inversa positiva ha calado hondo. Lo evidenció un amigo lujurioso, quien me confesó que su visible cojera se debía a una patada de su cónyuge: le pedí una compensación inversa positiva como premio, la noche del viernes pasado que llegué a casa temprano y de pocas copas, se lamentó.

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