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Winston
Estremadoiro |
Dicen
que para anticipar el futuro hay que escudriñar el
pasado, porque los hombres somos repetitivos y proclives
a tropezar en la misma piedra. Al cabo, decía Einstein,
hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez
humana, y del primero no estaba tan seguro.
Hoy arranco cantaleta con la mazorca, no la de tierno
choclo valluno, ni la del baile polaco que es la
mazurca, en esta Bolivia que se debate en la
polarización eleccionaria, mientras algún Estado Mayor
foráneo sopesa su polonización. Quizá lo apropiado sería
comparar un eventual gobierno del cocalero, con lo que
el país sufrió con el primero de los populacheros de
nuestra azarosa historia, el Tata Belzu. Pero la
similitud se brinda, tentadora y ominosa, con la Mazorca
del tirano Rosas.
La Mazorca fue el nombre común de la Sociedad Popular
Restauradora, organización política cien veces más
tenebrosa que el Control Político movimientista. Fue
creada en la Argentina en 1833, por los partidarios de
Juan Manuel de Rosas, dictador hasta la batalla de
Caseros en 1852. Como gota de vitriolo que cataliza la
ebullición en la probeta de mi percepción de los tiempos
que se avecinan, los discursos de Evo Morales y de
Álvaro García Linera han inspirado esta sardonia
comparativa de un tema que debería alarmarnos.
Sostengo que en Bolivia el equivalente actual de la
Mazorca se ha gestado en los llamados movimientos
sociales, prósperos negocios del quilombo en un país de
gobiernos anémicos. Uno pionero fue la Coordinadora del
Agua, cuyas marchas expulsaron a una transnacional tal
vez codiciosa. Sea lo que fuere, el desenlace de mucha
falsa heroicidad tiene a
cochalas
con baños a lo polaco –patas, entrepierna y sobaco- con
chorritos de agua por horas o de piscinas de los que la
venden a cisternas, que la revenden en turriles. Peor
estarán los de El Alto.
La Coordinadora se arroga hoy, además del agua, la
resistencia a los que extraen gas natural y proveen
servicio eléctrico; pronto pondrán sus miras en los que
explotan los minerales. ¿Qué sentido darle a su
coordinación de la vida? Puede que se trate de la vidita
que se dan sus líderes, con plata de ONGs y
groupies
gringas y criollas a la carta. Si Evo sale presidente,
advierto que por contagio un próximo candidato sería el
pequeño sultán de tal coordinadora.
En un eventual gobierno del cocalero, el equivalente a
la Mazorca, cuyo símbolo era una espiga de maíz, sería
la Coordinadora de
tutti quanti,
cuyo emblema sería la hoja de coca. El terrorismo de
Estado fue la rúbrica de la Mazorca y su principal
promotora fue la esposa de Rosas; declaraciones
recientes de la pareja electoral de Evo le perfilan para
mariscal del fardo. El pasado terrorista de García
Linera propende a la emulación de un Trotsky fundador
del Ejército Rojo; su paso por la televisión mostró que
es palabrero, apto para servir de blindaje protector a
su jefe, un sujeto de aguada mano de barniz cultural que
le inhibe debatir sus programas de gobierno.
Por sus propias limitaciones, creo que en lo hondo del
subconsciente, Evo no quiere ser Presidente. Se siente
más a gusto en su rol de Trucutrú de la política,
amenazador de todo y de todos, so pretexto de cambiar
las cosas en el país. No es cuestión de asustar a la
clase media, como dice su oportunista aliado Juan del
Granado, sino que lo revela una ojeada a sus
planteamientos de gobierno, que rehúsa debatir para no
develar su flaqueza.
Sin ánimo ni espacio para tratar la gama de asuntos
electorales, anoten que en la batahola por los escaños
parlamentarios, el MAS en boca del sabihondo Santos
Ramírez propuso usar el Índice de Desarrollo Humano como
criterio de repartija. Primero nos fregó con nueva Ley
de Hidrocarburos, que por sus contradicciones parece
ensayo entreverado de trabajo de grupo de escolares.
Luego arremetió contra el sano principio de una persona,
un voto, del sufragio universal, origen del acápite
constitucional de número de diputados en base a
población en el último Censo.
Cual
fiera cebada en carne humana, la Mazorca de Evo Morales
ya ha probado sangre tumbando dos Presidentes. Han
dejado en claro que presionarán con movilizaciones para
imponerse luego de las elecciones, en vez de dejar a los
mecanismos democráticos que establecen las leyes –así
fueran defectuosos- para elegir quién será Presidente.
Finalmente, han anunciado que apelarán a la sinrazón de
la montonera para gobernar.
¿De qué
sirve, entonces, que algunos estén pensando en los
mejores bolivianos, otros no tanto, para la Asamblea
Constituyente? Afuera del recinto deliberante habrá un
centenar de vociferantes amenazando chicotear, sacar en
burro, quemar vivo y otros recursos de la llamada
“justicia comunitaria”. Ahora se entiende que el
cocalero proponga reformar la justicia, no mejorando el
Poder Judicial, sino creando “una gran institución
independiente” con rango constitucional (¿cuál
Constitución?), subvención estatal, “no financiamiento
externo de ninguna clase por la naturaleza de la función
que cubrirá” (¿sabrán que el Estado está quebrado?)
Lo
preocupante es que cría cuervos y te sacarán los ojos.
El feble intento del cocalero de mostrarse conciliador
con la clase media, se ve contestado por los reyezuelos
de la Coordinadora. Rechazan su contemporizar con
reformismos, exigiendo mantener el curso politiquero a
la izquierda, la extrema. ¿Podrá Evo Morales mantener
feliz a su Mazorca, a la montonera que lo sustentaría en
la silla presidencial a punta de marchas y bloqueos?
Chantajistas del miedo que son, mi sospecha es que no.
Sacrificaría a la clase media en bandeja de plata, para
dizque cambiar el país con medidas febriles, por mucho
que hoy esté hipnotizando a ciudadanos conscientes del
país. Como la serpiente que le canta a Mogli “confía en
mí, y solo en mí”, en el Libro de
la
Selva
de Rudyard Kipling.
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