Winston Estremadoiro

Presidente o montonero  

Noviembre 2005     

 

Winston Estremadoiro

Dicen que para anticipar el futuro hay que escudriñar el pasado, porque los hombres somos repetitivos y proclives a tropezar en la misma piedra. Al cabo, decía Einstein, hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y del primero no estaba tan seguro.

 

Hoy arranco cantaleta con la mazorca, no la de tierno choclo valluno, ni la del baile polaco que es la mazurca, en esta Bolivia que se debate en la polarización eleccionaria, mientras algún Estado Mayor foráneo sopesa su polonización. Quizá lo apropiado sería comparar un eventual gobierno del cocalero, con lo que el país sufrió con el primero de los populacheros de nuestra azarosa historia, el Tata Belzu. Pero la similitud se brinda, tentadora y ominosa, con la Mazorca del tirano Rosas.

 

La Mazorca fue el nombre común de la Sociedad Popular Restauradora, organización política cien veces más tenebrosa que el Control Político movimientista. Fue creada en la Argentina en 1833, por los partidarios de Juan Manuel de Rosas, dictador hasta la batalla de Caseros en 1852. Como gota de vitriolo que cataliza la ebullición en la probeta de mi percepción de los tiempos que se avecinan, los discursos de Evo Morales y de Álvaro García Linera han inspirado esta sardonia comparativa de un tema que debería alarmarnos.

 

Sostengo que en Bolivia el equivalente actual de la Mazorca se ha gestado en los llamados movimientos sociales, prósperos negocios del quilombo en un país de gobiernos anémicos. Uno pionero fue la Coordinadora del Agua, cuyas marchas expulsaron a una transnacional tal vez codiciosa. Sea lo que fuere, el desenlace de mucha falsa heroicidad tiene a cochalas con baños a lo polaco –patas, entrepierna y sobaco- con chorritos de agua por horas o de piscinas de los que la venden a cisternas, que la revenden en turriles. Peor estarán los de El Alto.  

 

La Coordinadora se arroga hoy, además del agua, la resistencia a los que extraen gas natural y proveen servicio eléctrico; pronto pondrán sus miras en los que explotan los minerales. ¿Qué sentido darle a su coordinación de la vida? Puede que se trate de la vidita que se dan sus líderes, con plata de ONGs y groupies gringas y criollas a la carta. Si Evo sale presidente, advierto que por contagio un próximo candidato sería el pequeño sultán de tal coordinadora.  

 

En un eventual gobierno del cocalero, el equivalente a la Mazorca, cuyo símbolo era una espiga de maíz, sería la Coordinadora de tutti quanti, cuyo emblema sería la hoja de coca. El terrorismo de Estado fue la rúbrica de la Mazorca y su principal promotora fue la esposa de Rosas; declaraciones recientes de la pareja electoral de Evo le perfilan para mariscal del fardo. El pasado terrorista de García Linera propende a la emulación de un Trotsky fundador del Ejército Rojo; su paso por la televisión mostró que es palabrero, apto para servir de blindaje protector a su jefe, un sujeto de aguada mano de barniz cultural que le inhibe debatir sus programas de gobierno.

 

Por sus propias limitaciones, creo que en lo hondo del subconsciente, Evo no quiere ser Presidente. Se siente más a gusto en su rol de Trucutrú de la política, amenazador de todo y de todos, so pretexto de cambiar las cosas en el país. No es cuestión de asustar a la clase media, como dice su oportunista aliado Juan del Granado, sino que lo revela una ojeada a sus planteamientos de gobierno, que rehúsa debatir para no develar su flaqueza.  

 

Sin ánimo ni espacio para tratar la gama de asuntos electorales, anoten que en la batahola por los escaños parlamentarios, el MAS en boca del sabihondo Santos Ramírez propuso usar el Índice de Desarrollo Humano como criterio de repartija. Primero nos fregó con nueva Ley de Hidrocarburos, que por sus contradicciones parece ensayo entreverado de trabajo de grupo de escolares. Luego arremetió contra el sano principio de una persona, un voto, del sufragio universal, origen del acápite constitucional de número de diputados en base a población en el último Censo.

 

Cual fiera cebada en carne humana, la Mazorca de Evo Morales ya ha probado sangre tumbando dos Presidentes. Han dejado en claro que presionarán con movilizaciones para imponerse luego de las elecciones, en vez de dejar a los mecanismos democráticos que establecen las leyes –así fueran defectuosos- para elegir quién será Presidente. Finalmente, han anunciado que apelarán a la sinrazón de la montonera para gobernar.

 

¿De qué sirve, entonces, que algunos estén pensando en los mejores bolivianos, otros no tanto, para la Asamblea Constituyente? Afuera del recinto deliberante habrá un centenar de vociferantes amenazando chicotear, sacar en burro, quemar vivo y otros recursos de la llamada “justicia comunitaria”. Ahora se entiende que el cocalero proponga reformar la justicia, no mejorando el Poder Judicial, sino creando “una gran institución independiente” con rango constitucional (¿cuál Constitución?), subvención estatal, “no financiamiento externo de ninguna clase por la naturaleza de la función que cubrirá” (¿sabrán que el Estado está quebrado?)

 

Lo preocupante es que cría cuervos y te sacarán los ojos. El feble intento del cocalero de mostrarse conciliador con la clase media, se ve contestado por los reyezuelos de la Coordinadora. Rechazan su contemporizar con reformismos, exigiendo mantener el curso politiquero a la izquierda, la extrema. ¿Podrá Evo Morales mantener feliz a su Mazorca, a la montonera que lo sustentaría en la silla presidencial a punta de marchas y bloqueos? Chantajistas del miedo que son, mi sospecha es que no. Sacrificaría a la clase media en bandeja de plata, para dizque cambiar el país con medidas febriles, por mucho que hoy esté hipnotizando a ciudadanos conscientes del país. Como la serpiente que le canta a Mogli “confía en mí, y solo en mí”, en el Libro de la Selva de Rudyard Kipling.

 

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