Winston Estremadoiro

Caminos entre corruptos y timoratos  

Diciembre 2005     

 

Winston Estremadoiro

En el bien presentado portal de Internet del Servicio Nacional de Caminos (SNC), me enteré que hay un esfuerzo sin precedentes para vertebrar Bolivia. Han sido incorporados a la Red Fundamental 32 caminos a partir del 31 de agosto de 1998. Son buenas noticias: la invertebración es medular a la pobreza del país; un programa de carreteras es buen remedio, no la charlatanería de populacheros.

 

Porque no es solamente la geografía que conspira para que Bolivia tenga los peores caminos del continente. También medran por ahí la politiquería y la sempiterna corrupción. Evolucionar de caminos polvorientos a vías pavimentadas ha sido una orgía de licitaciones sórdidas y mañudas órdenes de cambio, que han elevado los precios de las vías a niveles sinvergüenzas. Quizá por ello, el actual presidente del SNC está sometido a juicios insólitos: lo asedian para tenerle ocupado y no ande por ahí molestando a los sospechosos de siempre.

 

Una primera lucecita de alarma se prendió, cuando me enteré que Cochabamba estaba casi al margen de semejante esfuerzo de integración caminera. Pero si es el nodo vial de Bolivia, pensé. ¿Le habrán puesto la cruz por los bloqueos de los cocaleros?, me pregunté. Investigué hasta que recalé en un pronunciamiento de la Sociedad de Ingenieros (SIB): sí, el corazón de Bolivia ha sido ignorado por el Sistema Nacional de Carreteras y corredores de exportación interoceánicos. Salvo el corredor Este-Oeste, concebido en los años 50, antes de que los cocaleros tomaran de rehén al Chapare, bloquearan el progreso y se adueñaran del poder político.

 

Podrán sembrar nabos en las espaldas cochabambinas, como dijera Salamanca, pero de tontos no tienen un pelo. Se concibió una Estrategia Vial Departamental con participación de la brigada parlamentaria, empresarios privados, SNC, SIB, Comité Cívico, Prefectura. Pero los proyectos grandes Villa Tunari-San Ignacio de Moxos-Trinidad, e Ivirgarzama-Epizana-Totora, tienen como mayor obstáculo a cocaleros invasores de los parques nacionales Isiboro-Sécure y Carrasco.

 

Lo novedoso fueron 11 proyectos que serían ejecutados con pavimento rígido producido en Cochabamba. Eran parte de un ponderable esfuerzo aunando la construcción de caminos interprovinciales con la creación de puestos de trabajo. Se basaban en una experiencia exitosa. Entre 1999 y 2000, la mayor industria cochabambina, de índole cooperativa además, financió a la Alcaldía de Cochabamba un millón de metros cuadrados de pavimento rígido en las calles y avenidas de la ciudad. Fueron $25 millones invertidos, de los cuales COBOCE financió casi 90%, en tiempos de alcalde bombón, notable por cambiar la cara de Cochabamba.

 

Con tecnología alemana, en 600 días se completaron 800 mil metros de losas de hormigón de espesores entre 7 y 18 cm., con cordón cuneta y sobre empedrado; 8.065 acometidas de agua potable y 1.700 acometidas de alcantarillado, amén de otras obras menores. En la obra consumieron 37.030 toneladas de cemento local sustituyendo asfalto extranjero; se generaron 251.993 jornales de empleo; se beneficiaron 18.946 familias. Bienaventurados los que tienen pavimento rígido: no sufrirán hundimientos, ni se les pondrá la vía como calamina después de un año, ni tendrán que resellar baches con hediondo asfalto. 

 

Con tal precedente exitoso, bajo similar concepto, en agosto 2002 se propuso cubrir de pavimento rígido 145 Km. en 11 caminos interprovinciales. Algunos de esas vías de pavimento rígido son gravitantes porque hacen bypass a la conexión bioceánica vía Chapare, que cuando no está bloqueada por cocaleros, la interrumpe San Pedro debido a los desmontes en las nacientes de ríos nuevos. Otros, como Tiraque-Aguirre y Santiváñez-Vila Vila (Km. 30 carretera Cochabamba-Oruro) son parte del circuito de tránsito pesado que evita que vehículos que vienen de Santa Cruz hacia Arica, tengan que pasar por avenidas citadinas.         

 

Pensé que finalmente se optó por lo nacional versus lo extranjero. Se valoró lo duradero versus lo que requiere mantenciones onerosas con asfalto importado. Se reconoció que construir caminos es generar empleos, que devuelven la dignidad a las personas, sean éstas ingenieros o peones. Mi alegría duró menos que aguacero de verano.

 

De los caminos propuestos cuatro fueron licitados: Parotani-Capinota, Tiraque-Aguirre, Epizana-Totora y Pairumani-Bella Vista. El primero está en plena ejecución, sin embargo existe una demanda de resolución de contrato, planteada por la Prefectura. Peor suerte tuvieron Epizana-Totora y Tiraque-Aguirre. Ambos proyectos fueron licitados, luego cancelados por la Prefectura, a pesar de adjudicarse la obra a la empresa ganadora, cosa arbitraria e ilegal.

 

La madre del cordero es que por razones sospechosas, se pretende construir los caminos con asfalto importado sobre el empedrado existente. Estas soluciones de muy baja calidad y poca duración, se encararán por administración directa, una, y mediante una nueva licitación, otra. El padre del borrego es que tanto barullo sobre la corrupción, no inhibe a ciertos consejeros departamentales de esperar sentados, como comensales con tenedor y cuchillo en mano, las coimas por la aprobación de proyectos. Lo evidencian las denuncias de que algunos consejeros extorsionan el 10% del costo de licitaciones para que se las tome en cuenta. A ellos se suman sucesivos mandamases prefecturales cohibidos de hacer obras por mal asesoramiento o por miedo a la equivocación. Por timoratos.

 

Jean Paul Sartre decía que los cobardes son los que se cobijan bajo las normas. En este caso, son los corruptos los que se atrincheran en la letra fina cuando les conviene. Las autoridades timoratas les siguen el juego, y el bien público paga el pato de tales colusiones. Es tiempo de elegir prefectos que sepan hacer obras sin tanto blablá ni temores.

 

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