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Winston
Estremadoiro |
En el bien presentado portal de Internet del Servicio
Nacional de Caminos (SNC), me enteré que hay un esfuerzo
sin precedentes para vertebrar Bolivia. Han sido
incorporados a la Red Fundamental 32 caminos a partir
del 31 de agosto de 1998. Son buenas noticias: la
invertebración es medular a la pobreza del país; un
programa de carreteras es buen remedio, no la
charlatanería de populacheros.
Porque no es solamente la geografía que conspira para
que Bolivia tenga los peores caminos del continente.
También medran por ahí la politiquería y la sempiterna
corrupción. Evolucionar de caminos polvorientos a vías
pavimentadas ha sido una orgía de licitaciones sórdidas
y mañudas órdenes de cambio, que han elevado los precios
de las vías a niveles sinvergüenzas. Quizá por ello, el
actual presidente del SNC está sometido a juicios
insólitos: lo asedian para tenerle ocupado y no ande por
ahí molestando a los sospechosos de siempre.
Una primera lucecita de alarma se prendió, cuando me
enteré que Cochabamba estaba casi al margen de semejante
esfuerzo de integración caminera. Pero si es el nodo
vial de Bolivia, pensé. ¿Le habrán puesto la cruz por
los bloqueos de los cocaleros?, me pregunté. Investigué
hasta que recalé en un pronunciamiento de la Sociedad de
Ingenieros (SIB): sí, el corazón de Bolivia ha sido
ignorado por el Sistema Nacional de Carreteras y
corredores de exportación interoceánicos. Salvo el
corredor Este-Oeste, concebido en los años 50, antes de
que los cocaleros tomaran de rehén al Chapare,
bloquearan el progreso y se adueñaran del poder
político.
Podrán sembrar nabos en las espaldas cochabambinas, como
dijera Salamanca, pero de tontos no tienen un pelo. Se
concibió una Estrategia Vial Departamental con
participación de la brigada parlamentaria, empresarios
privados, SNC, SIB, Comité Cívico, Prefectura. Pero los
proyectos grandes Villa Tunari-San Ignacio de Moxos-Trinidad,
e Ivirgarzama-Epizana-Totora, tienen como mayor
obstáculo a cocaleros invasores de los parques
nacionales Isiboro-Sécure y Carrasco.
Lo novedoso fueron 11 proyectos que serían ejecutados
con pavimento rígido producido en Cochabamba. Eran parte
de un ponderable esfuerzo aunando la construcción de
caminos interprovinciales con la creación de puestos de
trabajo. Se basaban en una experiencia exitosa. Entre
1999 y 2000, la mayor industria cochabambina, de índole
cooperativa además, financió a la Alcaldía de Cochabamba
un millón de metros cuadrados de pavimento rígido en las
calles y avenidas de la ciudad. Fueron $25 millones
invertidos, de los cuales COBOCE financió casi 90%, en
tiempos de alcalde bombón, notable por cambiar la cara
de Cochabamba.
Con tecnología alemana, en 600 días se completaron 800
mil metros de losas de hormigón de espesores entre 7 y
18 cm., con cordón cuneta y sobre empedrado; 8.065
acometidas de agua potable y 1.700 acometidas de
alcantarillado, amén de otras obras menores. En la obra
consumieron 37.030 toneladas de cemento local
sustituyendo asfalto extranjero; se generaron 251.993
jornales de empleo; se beneficiaron 18.946 familias.
Bienaventurados los que tienen pavimento rígido: no
sufrirán hundimientos, ni se les pondrá la vía como
calamina después de un año, ni tendrán que resellar
baches con hediondo asfalto.
Con tal precedente exitoso, bajo similar concepto, en
agosto 2002 se propuso cubrir de pavimento rígido 145
Km. en 11 caminos interprovinciales. Algunos de esas
vías de pavimento rígido son gravitantes porque hacen
bypass
a la conexión bioceánica vía Chapare, que cuando no está
bloqueada por cocaleros, la interrumpe San Pedro debido
a los desmontes en las nacientes de ríos nuevos. Otros,
como
Tiraque-Aguirre y Santiváñez-Vila Vila (Km. 30 carretera
Cochabamba-Oruro) son parte del circuito de tránsito
pesado que evita que vehículos que vienen de Santa Cruz
hacia Arica, tengan que pasar por avenidas citadinas.
Pensé que finalmente se optó por lo nacional versus lo
extranjero. Se valoró lo duradero versus lo que requiere
mantenciones onerosas con asfalto importado. Se
reconoció que construir caminos es generar empleos, que
devuelven la dignidad a las personas, sean éstas
ingenieros o peones. Mi alegría duró menos que aguacero
de verano.
De los caminos propuestos cuatro fueron licitados:
Parotani-Capinota, Tiraque-Aguirre, Epizana-Totora y
Pairumani-Bella Vista. El primero está en plena
ejecución, sin embargo existe una demanda de resolución
de contrato, planteada por la Prefectura. Peor suerte
tuvieron Epizana-Totora y Tiraque-Aguirre. Ambos
proyectos fueron licitados, luego cancelados por la
Prefectura, a pesar de adjudicarse la obra a la empresa
ganadora, cosa arbitraria e ilegal.
La madre del cordero es que por razones sospechosas, se
pretende construir los caminos con asfalto importado
sobre el empedrado existente. Estas soluciones de muy
baja calidad y poca duración, se encararán por
administración directa, una, y mediante una nueva
licitación, otra. El padre del borrego es que tanto
barullo sobre la corrupción, no inhibe a ciertos
consejeros departamentales de esperar sentados, como
comensales con tenedor y cuchillo en mano, las coimas
por la aprobación de proyectos. Lo evidencian las
denuncias de que algunos consejeros extorsionan el 10%
del costo de licitaciones para que se las tome en
cuenta. A ellos se suman sucesivos mandamases
prefecturales cohibidos de hacer obras por mal
asesoramiento o por miedo a la equivocación. Por
timoratos.
Jean
Paul Sartre decía que los
cobardes son los que se cobijan bajo las normas. En este
caso, son los corruptos los que se atrincheran en la
letra fina cuando les conviene. Las autoridades
timoratas les siguen el juego, y el bien público paga el
pato de tales colusiones. Es tiempo de elegir prefectos
que sepan hacer obras sin tanto blablá ni temores.
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