Winston Estremadoiro

Encrucijada de caminos  

Enero 2006     

 

Winston Estremadoiro

Basta revisar un poco de nuestra historia reciente, la de una democracia que costara tanto recuperar en 1982, para deducir que poco más de 20 años después, Bolivia está otra vez en una encrucijada de caminos. Pero qué diferencia con esa otra del gobierno de la malhadada Unidad Democrática y Popular (UDP).

 

Entonces, se optó por salida congresal en vez de una eventual elección, que habría dado al gobierno mayoría absoluta. Ya estaba abierta la tranquera para el desbande de la inflación primero, la estampida de la hiperinflación después, dejando la moneda nacional librada a la oferta y la demanda, sin tener respaldo de divisas en el Banco Central. Un régimen débil puso de moda prometer e incumplir mejoras en 100 días; con ella los que vinieron luego se contaminaron de anticuerpos. Aliados como el MIR del gallo de un hervor de entonces, cantaban la ranchera de José Alfredo Jiménez estando que te vas y te vas y no te has ido, dejando al ganador de 3 elecciones librado a la oposición inflexible del MNR y ADN. La inestabilidad batió el récord de abortar 7 gabinetes y 80 ministros en menos de 3 años.       

  

Esta vez nadie negará que el banquete esté servido como en ningún momento del azaroso devenir democrático, para que el Presidente Evo Morales gobierne sin sobresaltos. La economía está como nunca con superávit de 2.6%, el PIB creció más del 4%, las exportaciones aumentaron en 25.1% y la inversión pública se ejecutó en 100 por ciento, pese al pedregón de Sísifo de los desmanes sociales. Se gobernará, Dios lo quiera, libre de tal bola y cadena con el apoyo de los movimientos sociales. Con el beneplácito de la mayoría absoluta de bolivianos que votaron por él, Evo Morales tiene colchón parlamentario para legislar, sin tener que apelar a torcidos pactos entre gallos y media noche. Hasta batracios  pedigüeños de ministerios han menguado su croar aturdidor.     

  

Pero mala señal dan los mandamases del nuevo gobierno dudando las cifras económicas. ¿Será que las buenas noticias solo pueden provenir de su gestión? De esos ‘mío de mí’ del MAS, que en patota están visitando oficinas estatales para censar las pegas, en medio de la ansiedad de los que desplazarán.

 

También causa mala espina que además de Medalla del Libertador, que reciben en comodato los presidentes desde 1825, Evo Morales será condecorado con el Cóndor de los Andes y con la Legión de Honor del Mariscal Andrés de Santa Cruz. El devaluado Cóndor se otorga a troche y moche. La otra medalla es parodia de la Legión de Honor francesa; mal pálpito causa viniendo de mandamás inútil que la creó, un historiador al que podría ocurrírsele algo más acorde a las brisas originarias que soplan, como la Órden de la Kantuta y el Patujú.

 

Quizá los chicos de la Cancillería estén ansiosos con el desaliño protocolar del Presidente electo. Pero dar o no el Cóndor de los Andes y la medalla afrancesada, debería ser para premiar buenas o censurar malas gestiones. Ojalá que la simpatía que suscitó la sencillez de Evo Morales en el exterior, no sea como la curiosidad provocada por un gorila albino nacido en un zoológico. Si el Presidente insiste en hacer escarnio del protocolo, obtendrá réditos para su peculiaridad de unos que no votarán por él, en vez de logros para el país que representa.

 

Gas, tierra, coca y expectativas desmedidas serán los temas que definirán si Evo Morales es otra ave maría en el rosario de la inestabilidad política boliviana. Nacionalizar o no nacionalizar, no será dilema hamletiano si opta por los menos afiebrados de sus asesores. Quizá compre de vuelta las refinerías y alguna petrolera. Puede que PDVSA, la petrolera venezolana, pretenda papel estelar en resucitar YPFB; pero PETROBRÁS, la opción brasileña que más conviene por razones geopolíticas, gasíferas y políticas, peleará duro. Acelerar inversiones, cobrar lo justo y saber monitorear es lo que conviene, tanto en el sector petrolero como en el descuidado sector minero.

 

La dependencia de EE.UU. impide que Bolivia se quede con el pastel y se lo coma también; como Colombia, que producía apenas 5.000 Has de coca en 1982, ahora más de 100.000 y multiplicó por cien la ayuda estadounidense. El país puso en bandeja su erradicación por 4 reales –como el estaño en los 40s- y perdió un pedazote de circulante. Ojala cambie la adicción a reducida ayuda estadounidense, trabada a los dictados de una política narcotizada.   

 

El tema tierras va más allá de opuestos latifundista-campesino sin tierra en que se lo encierra. Redefínase el papel de la tierra como paliativo de quienes no tienen otras oportunidades, en tiempos en que preservar la ecología se ha vuelto evangelio de un planeta herido. Los colonos, aliados de tronqueros y cazadores furtivos, son reacios a conservar la naturaleza. Pero los pueblos indígenas podrán acomodar su derecho a mejor destino, siendo protagonistas y guardianes rentados, en un país de ecología diversa a preservar con el turismo sostenible.

 

Las expectativas crecientes son fenómeno emanado de innovaciones en comunicación. En Bolivia han resbalado a desmedidas, por debilidad de un Estado que de un tiempo a esta parte no aguanta sopapo de amenaza ‘hasta las últimas consecuencias’. No se olvide lo que decía Ortega y Gasset: “en los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías”. Me preocupa que la gente tome las calles cuando se den cuenta de cambios graduales, dice uno que organizó protestas que tumbaron a dos presidentes.

 

Cifremos esperanza de que Evo Morales no sea emulador de un Hugo Chávez con poses de caudillo bolivariano, con las alforjas llenas de petrodólares. Demos el beneficio de la duda de su mudar de crisálida de bueno pero inexperto líder, a mariposa multicolor de estadista progresista, como es Lula da Silva.

 

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