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Winston
Estremadoiro |
Basta revisar un poco de nuestra historia reciente, la
de una democracia que costara tanto recuperar en 1982,
para deducir que poco más de 20 años después, Bolivia
está otra vez en una encrucijada de caminos. Pero qué
diferencia con esa otra del gobierno de la malhadada
Unidad Democrática y Popular (UDP).
Entonces, se optó por salida congresal en vez de una
eventual elección, que habría dado al gobierno mayoría
absoluta. Ya estaba abierta la tranquera para el
desbande de la inflación primero, la estampida de la
hiperinflación después, dejando la moneda nacional
librada a la oferta y la demanda, sin tener respaldo de
divisas en el Banco Central. Un régimen débil puso de
moda prometer e incumplir mejoras en 100 días; con ella
los que vinieron luego se contaminaron de anticuerpos.
Aliados como el MIR del gallo de un hervor de entonces,
cantaban la ranchera de José Alfredo Jiménez estando que
te vas y te vas y no te has ido, dejando al ganador de 3
elecciones librado a la oposición inflexible del MNR y
ADN. La inestabilidad batió el récord de abortar 7
gabinetes y 80 ministros en menos de 3 años.
Esta vez nadie negará que el banquete esté servido como
en ningún momento del azaroso devenir democrático, para
que el Presidente Evo Morales gobierne sin sobresaltos.
La economía está como nunca
con superávit de 2.6%,
el
PIB creció más del 4%, las exportaciones aumentaron en
25.1% y la inversión pública se ejecutó en 100 por
ciento, pese al pedregón de Sísifo de los desmanes
sociales. Se gobernará, Dios lo quiera, libre de tal
bola y cadena con el apoyo de los movimientos sociales.
Con el beneplácito de la mayoría absoluta de bolivianos
que votaron por él, Evo Morales tiene colchón
parlamentario para legislar, sin tener que apelar a
torcidos pactos entre gallos y media noche. Hasta
batracios pedigüeños de ministerios han menguado su
croar aturdidor.
Pero mala señal dan los mandamases del nuevo gobierno
dudando las cifras económicas. ¿Será que las buenas
noticias solo pueden provenir de su gestión? De esos
‘mío de mí’ del MAS, que en patota están visitando
oficinas estatales para censar las pegas, en medio de la
ansiedad de los que desplazarán.
También
causa mala espina que además de Medalla del
Libertador, que reciben en comodato los presidentes
desde 1825, Evo Morales será condecorado con el Cóndor
de los Andes y con la Legión de Honor del Mariscal
Andrés de Santa Cruz. El devaluado Cóndor se otorga a
troche y moche. La otra medalla es parodia de la Legión
de Honor francesa; mal pálpito causa viniendo de
mandamás inútil que la creó, un historiador al que
podría ocurrírsele algo más acorde a las brisas
originarias que soplan, como la Órden de la Kantuta y el
Patujú.
Quizá
los chicos de la Cancillería estén ansiosos con el
desaliño protocolar del Presidente electo. Pero dar o no
el Cóndor de los Andes y la medalla afrancesada, debería
ser para premiar buenas o censurar malas gestiones.
Ojalá que la simpatía que suscitó la sencillez de Evo
Morales en el exterior, no sea como la curiosidad
provocada por un gorila albino nacido en un zoológico.
Si el Presidente insiste en hacer escarnio del
protocolo, obtendrá réditos para su peculiaridad de unos
que no votarán por él, en vez de logros para el país que
representa.
Gas, tierra, coca y expectativas desmedidas serán los
temas que definirán si Evo Morales es otra ave maría en
el rosario de la inestabilidad política boliviana.
Nacionalizar o no nacionalizar, no será dilema
hamletiano si opta por los menos afiebrados de sus
asesores. Quizá compre de vuelta las refinerías y alguna
petrolera. Puede que PDVSA, la petrolera venezolana,
pretenda papel estelar en resucitar YPFB; pero
PETROBRÁS, la opción brasileña que más conviene por
razones geopolíticas, gasíferas y políticas, peleará
duro. Acelerar inversiones, cobrar lo justo y saber
monitorear es lo que conviene, tanto en el sector
petrolero como en el descuidado sector minero.
La dependencia de EE.UU. impide que Bolivia se quede con
el pastel y se lo coma también; como Colombia, que
producía apenas 5.000 Has de coca en 1982, ahora más de
100.000 y multiplicó por cien la ayuda estadounidense.
El país puso en bandeja su erradicación por 4 reales
–como el estaño en los 40s- y perdió un pedazote de
circulante. Ojala cambie la adicción a reducida ayuda
estadounidense, trabada a los dictados de una política
narcotizada.
El tema tierras va más allá de opuestos
latifundista-campesino sin tierra en que se lo encierra.
Redefínase el papel de la tierra como paliativo de
quienes no tienen otras oportunidades, en tiempos en que
preservar la ecología se ha vuelto evangelio de un
planeta herido. Los colonos, aliados de tronqueros y
cazadores furtivos, son reacios a conservar la
naturaleza. Pero los pueblos indígenas podrán acomodar
su derecho a mejor destino, siendo protagonistas y
guardianes rentados, en un país de ecología diversa a
preservar con el turismo sostenible.
Las expectativas crecientes son fenómeno emanado de
innovaciones en comunicación. En Bolivia han resbalado a
desmedidas, por debilidad de un Estado que de un tiempo
a esta parte no aguanta sopapo de amenaza ‘hasta las
últimas consecuencias’. No se olvide lo que decía Ortega
y Gasset: “en los motines que la escasez provoca suelen
las masas populares buscar pan, y el medio que emplean
suele ser destruir las panaderías”. Me preocupa que la
gente tome las calles cuando se den cuenta de cambios
graduales, dice uno que organizó protestas que tumbaron
a dos presidentes.
Cifremos esperanza de que Evo Morales no sea emulador de
un Hugo Chávez con poses de caudillo bolivariano, con
las alforjas llenas de petrodólares. Demos el beneficio
de la duda de su mudar de crisálida de bueno pero
inexperto líder, a mariposa multicolor de estadista
progresista, como es
Lula da
Silva.
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