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Winston
Estremadoiro |
Hace poco, en esos días de la debacle del LAB en que se
amontonaban los pasajeros en los aeropuertos, crispadas
las crines de encrespados los ánimos, sin cola ni lista
de espera, llegaron una treintena de extranjeros a
Tarija. Eran médicos cubanos, me contaron, financiados
con dinero de petróleo venezolano, camino a comunidades
y pueblos rurales. Días antes,
la Ministra de Salud alabó la asistencia que brindarían
los cubanos en la prevención y promoción de la salud.
Pero la
primera cosa que se me vino a la mente, es que
prestarían servicios que bien podrían cumplir ciudadanos
bolivianos desempleados o subempleados arañando para
comprar un pasaje a España, donde recuperarían dignidad
con un empleo, así sea limpiando inodoros.
Aclaró la autoridad que la ayuda de los cubanos no es
remunerada y la atención que realizarían, así como la
distribución de medicamentos, sería gratuita. Tienen una
mochila de alimentos que trajeron desde Cuba y una bolsa
térmica de dormir, lo que les permite atender en zonas
alejadas de los centros más poblados, dijo la Ministra.
Increíble, esos sufridos cubanos sujetos a
racionamientos espartanos, trayendo alimentos a un país
rebosante de ellos. Pero aclaró
un funcionario tarijeño, que arribaron con instrucciones
del gobierno central de proveerles vehículos y chóferes,
gasolina y viáticos, lo que contradice las declaraciones
que no cuestan nada. La segunda interrogante que se
asomó a mi magín, fue si de tener los recursos para
semejante despliegue logístico, los bolivianos ya
hubiésemos realizado las campañas asistenciales que se
proponen emprender los cubanos.
Vistos desde esta óptica, los enviados del autonombrado
eje del bien cubano-venezolano cuestan más de lo que a
simple vista se percibe. La tercera pregunta que se me
vino a la cabeza es ¿acaso no sería más fructífera la
solidaridad venezolana con Bolivia, si financiara
campañas asistenciales con recursos humanos nacionales?
Porque el país produce suficiente personal médico.
Caramba, si constituyen un ítem de exportación nuestro.
Los prueban más de 200 galenos solo en Chicago; apuesto
que la mayoría de los lectores conoce uno o varios
compatriotas médicos en Estados Unidos, Brasil o España.
Los galenos bolivianos que han triunfado afuera,
plantean un contrasentido sobre la formación de nuestros
universitarios: es el mismo hecho de que hayan emigrado
de la patria que les vio nacer, cuyas facultades de
medicina les formaron a un costo que todos los
bolivianos solventamos, para que triunfen en hospitales
foráneos.
Quizá es cuestión del tipo de medicina que se enseña,
más propicia a abjurar del juramento hipocrático en
clínicas insensibles de ciudades alienadas, que dan la
espalda a pueblos y comunidades misérrimos, donde mueren
madres de infecciones y niños de diarreas curadas con
yerbas. Lo que el Presidente Morales llamó médicos
orientados a buscar clientes, no pacientes, es
sobradamente probado cada vez que hay un siniestro en
carretera: llegan los heridos a los hospitales y los
matasanos se vuelven arácnidos clamando como suyos a los
infelices yaciendo en el suelo, pensando en derivarles a
consultas privadas. Quizá urge inducir conciencia social
en el personal nacional en salud. Pero si de eso se
tratara, la cuarta inquietud es: ¿por qué los médicos
cubanos y sus contrapartes bolivianos no andan en pares
como los mormones, aquellos que llaman “runtus”
–huevos en quechua- porque siempre andan de dos en dos?
Cuentan Homero y Virgilio que la irreducible Troya
confió en un enorme caballo de madera que los griegos
dejaron en la playa antes de zarpar, aparentemente.
Pensaron en un trofeo a su bravura, y lo introdujeron
dentro las murallas, junto con los guerreros enemigos
que abrieron los portales troyanos a su destrucción.
Desconfía de presente griego, dice desde entonces la
sabiduría popular. La última pregunta que se metió, ya
no en mi sesera sino en mi corazón desconfiado de
boliviano, es una que hoy cuelga en el ambiente nacional
como nube negra ominosa de tornados destructores: ¿y qué
tal si la ayuda venezolana que financia médicos cubanos
obedece a otros móviles?
Cifro esperanza en que el Presidente Evo Morales viaja a
Chile este fin de semana. Quizá allá le entrarán por los
ojos los logros de un modelo de socialismo donde se
precia el logro, no la alharaca; la eficiencia de un
equipo de gobierno, no la megalomanía de un caudillo; la
economía, no la politiquería. Donde hoy el buen gobierno
está orientado al bien público, los dictadores y los
corruptos son sometidos a una efectiva justicia
ordinaria, y son los resultados de la gestión los que
deciden la persistencia del favor de los electores en
las urnas. Y la reducción acelerada de la pobreza viene
apareada con el crecimiento del pastel económico.
Es cosa que no ocurre en la Venezuela que financia el
presente griego de los médicos cubanos en Bolivia. En
ese hermano país, pese a los miles de millones de
ingresos petroleros, es notoria la tendencia de aumento
de índices de empobrecimiento. Y amplios sectores claman
porque la caridad empiece por casa. Al extremo que centenas
de médicos y enfermeras venezolanos marchan en Caracas
exigiendo mejoras salariales y protestando por la
presencia de 14.000 médicos cubanos en el país. La
Federación Médica Venezolana, grupo que mantiene una
posición crítica del gobierno de Hugo Chávez, afirma que
la mayoría de los doctores venezolanos ganan unos 269
dólares al mes en los hospitales públicos. Y no han
recibido aumentos de sueldo en los últimos cuatro años.
Parecido a lo que pasa en Bolivia, con la diferencia que
nuestro país no dispone de $30.000 millones anuales de
ingresos petroleros líquidos, sujetos al albedrío de un
caudillo populista empeñado en reclutar al Presidente
Morales al llamado eje del bien cubano-venezolano.
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