Winston Estremadoiro

Preguntas sobre un presente griego  

Marzo 2006     

 

Winston Estremadoiro

Hace poco, en esos días de la debacle del LAB en que se amontonaban los pasajeros en los aeropuertos, crispadas las crines de encrespados los ánimos, sin cola ni lista de espera, llegaron una treintena de extranjeros a Tarija. Eran médicos cubanos, me contaron, financiados con dinero de petróleo venezolano, camino a comunidades y pueblos rurales. Días antes, la Ministra de Salud alabó la asistencia que brindarían los cubanos en la prevención y promoción de la salud. Pero la primera cosa que se me vino a la mente, es que prestarían servicios que bien podrían cumplir ciudadanos bolivianos desempleados o subempleados arañando para comprar un pasaje a España, donde recuperarían dignidad con un empleo, así sea limpiando inodoros.

 

Aclaró la autoridad que la ayuda de los cubanos no es remunerada y la atención que realizarían, así como la distribución de medicamentos, sería gratuita. Tienen una mochila de alimentos que trajeron desde Cuba y una bolsa térmica de dormir, lo que les permite atender en zonas alejadas de los centros más poblados, dijo la Ministra. Increíble, esos sufridos cubanos sujetos a racionamientos espartanos, trayendo alimentos a un país rebosante de ellos. Pero aclaró un funcionario tarijeño, que arribaron con instrucciones del gobierno central de proveerles vehículos y chóferes, gasolina y viáticos, lo que contradice las declaraciones que no cuestan nada. La segunda interrogante que se asomó a mi magín, fue si de tener los recursos para semejante despliegue logístico, los bolivianos ya hubiésemos realizado las campañas asistenciales que se proponen emprender los cubanos.

 

Vistos desde esta óptica, los enviados del autonombrado eje del bien cubano-venezolano cuestan más de lo que a simple vista se percibe. La tercera pregunta que se me vino a la cabeza es ¿acaso no sería más fructífera la solidaridad venezolana con Bolivia, si financiara campañas asistenciales con recursos humanos nacionales? Porque el país produce suficiente personal médico. Caramba, si constituyen un ítem de exportación nuestro. Los prueban más de 200 galenos solo en Chicago; apuesto que la mayoría de los lectores conoce uno o varios compatriotas médicos en Estados Unidos, Brasil o España.

 

Los galenos bolivianos que han triunfado afuera, plantean un contrasentido sobre la formación de nuestros universitarios: es el mismo hecho de que hayan emigrado de la patria que les vio nacer, cuyas facultades de medicina les formaron a un costo que todos los bolivianos solventamos, para que triunfen en hospitales foráneos. 

 

Quizá es cuestión del tipo de medicina que se enseña, más propicia a abjurar del juramento hipocrático en clínicas insensibles de ciudades alienadas, que dan la espalda a pueblos y comunidades misérrimos, donde mueren madres de infecciones y niños de diarreas curadas con yerbas. Lo que el Presidente Morales llamó médicos orientados a buscar clientes, no pacientes, es sobradamente probado cada vez que hay un siniestro en carretera: llegan los heridos a los hospitales y los matasanos se vuelven arácnidos clamando como suyos a los infelices yaciendo en el suelo, pensando en derivarles a consultas privadas. Quizá urge inducir conciencia social en el personal nacional en salud. Pero si de eso se tratara, la cuarta inquietud es: ¿por qué los médicos cubanos y sus contrapartes bolivianos no andan en pares como los mormones, aquellos que llaman “runtus” –huevos en quechua- porque siempre andan de dos en dos?   

 

 Cuentan Homero y Virgilio que la irreducible Troya confió en un enorme caballo de madera que los griegos dejaron en la playa antes de zarpar, aparentemente. Pensaron en un trofeo a su bravura, y lo introdujeron dentro las murallas, junto con los guerreros enemigos que abrieron los portales troyanos a su destrucción. Desconfía de presente griego, dice desde entonces la sabiduría popular. La última pregunta que se metió, ya no en mi sesera sino en mi corazón desconfiado de boliviano, es una que hoy cuelga en el ambiente nacional como nube negra ominosa de tornados destructores: ¿y qué tal si la ayuda venezolana que financia médicos cubanos obedece a otros móviles?

 

Cifro esperanza en que el Presidente Evo Morales viaja a Chile este fin de semana. Quizá allá le entrarán por los ojos los logros de un modelo de socialismo donde se precia el logro, no la alharaca; la eficiencia de un equipo de gobierno, no la megalomanía de un caudillo; la economía, no la politiquería. Donde hoy el buen gobierno está orientado al bien público, los dictadores y los corruptos son sometidos a una efectiva justicia ordinaria, y son los resultados de la gestión los que deciden la persistencia del favor de los electores en las urnas. Y la reducción acelerada de la pobreza viene apareada con el crecimiento del pastel económico.

 

Es cosa que no ocurre en la Venezuela que financia el presente griego de los médicos cubanos en Bolivia. En ese hermano país, pese a los miles de millones de ingresos petroleros, es notoria la tendencia de aumento de índices de empobrecimiento. Y amplios sectores claman porque la caridad empiece por casa. Al extremo que centenas de médicos y enfermeras venezolanos marchan en Caracas exigiendo mejoras salariales y protestando por la presencia de 14.000 médicos cubanos en el país. La Federación Médica Venezolana, grupo que mantiene una posición crítica del gobierno de Hugo Chávez, afirma que la mayoría de los doctores venezolanos ganan unos 269 dólares al mes en los hospitales públicos. Y no han recibido aumentos de sueldo en los últimos cuatro años.

 

Parecido a lo que pasa en Bolivia, con la diferencia que nuestro país no dispone de $30.000 millones anuales de ingresos petroleros líquidos, sujetos al albedrío de un caudillo populista empeñado en reclutar al Presidente Morales al llamado eje del bien cubano-venezolano.

 

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