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Winston
Estremadoiro |
Tan pletórica de fuegos de artificio de moros y
cristianos, la pantalla cibernética donde leo las
noticias y recibo artículos y comentarios sobre la
situación del país, parece el cielo de Bagdad en la
noche de alguna incursión aérea estadounidense. El otro
día, me enviaron la trascripción de una conferencia de
prensa del Ministro de Hidrocarburos.
Si enlistarme en la
cadena de críticas al gobierno era el motivo, la lectura
cuidadosa del documento tuvo exactamente el efecto
contrario. ¿Qué persona con media taza de inteligencia y
una pizca de amor a la patria puede dejar de adherirse a
la receta nacionalista de Andrés Soliz Rada? Las
petroleras dicen aceptar las regalías y los impuestos de
acuerdo a la Ley 3058, que los ha elevado en 50%; pero
agazapan la amenaza de hacerlo en forma provisional y
reservándose el derecho de recurrir a arbitraje. El
gobierno responde: muy bien, pero después de la
nacionalización, si una empresa ha recurrido al
arbitraje, no negociaremos con ella. ¿Quién puede estar
en contra de que todas las empresas se sometan a las
leyes bolivianas y a la Constitución; que si hay alguna
que no reconoce este principio se puede ir de Bolivia?
Soliz Rada anota que
critican la Ley 3058 por ser dura con campos marginales,
que apenas sacan algunos barriles, sobre todo de
líquidos y no alcanza para pagar el 50%. El gobierno
reconoce que se puede ajustar el tema de los campos
marginales, pero ahora existe tecnología portátil para
extraer diésel, energía eléctrica y agua pura en boca de
pozo: ¡inviertan! Queda en tapete el tema de los
megacampos, como San Alberto, San Antonio, Itaú y
Margarita que pueden haber recuperado sus inversiones.
Allí, el 50% es muy poco y Bolivia debe aspirar hasta un
70% de tributos. Aquí hay dos temas. Uno, el gobierno se
abre a un tratamiento diferencial a los campos
marginales. Dos, se sabe que las petroleras no son
hermanitas de la caridad; se les debe embutir la noción
de que después de recuperar inversiones, cuanto es justo
succionar de una pobre Bolivia, dependerá de un manejo
eficiente de las empresas y de tributar en concordancia.
Solo engendros anti-bolivianos podrían objetar.
Exportar pero antes
industrializar en territorio boliviano es el otro hito
rector. Solo un traidor vuelca-gorras podría estar de
acuerdo en que continúen las mamadas. No es justo
continuar con el negocio de negros de vender gas húmedo
para que Petrobrás le saque el GLP en Brasil; la Repsol
YPF boliviana lo lleve a la Repsol YPF argentina para
que le saquen la nata de gasolina natural allende la
frontera. O que Brasil construya una termoeléctrica para
vender energía a la minería chilena, sin que antes
Bolivia y Chile hayan puesto todas -todas, repito- las
cartas sobre la mesa, para negociar un acuerdo
visionario.
El ministro Soliz Rada
califica como “la tremenda dificultad de negociar
aumentos de precios con Argentina y con Brasil”. Para
empezar enjuicien al boludo (u opa-pícaro) que se dejó
engrupir para vender gas al precio “solidario” de $0.98
centavos a Argentina, cuando a Brasil se lo vendíamos a
$2.98 el millar de pies cúbicos. Pongan en la picota del
escarnio al zonzoreco (u opa-pícaro) que declarando
ciertos megacampos como “nuevos”, redujo las regalías a
un 18%.
Con Argentina,
impónganle al gas que le vendemos el mismo tratamiento
que nos enchufa al vendernos su diésel: precio
internacional, más, ¡válgame Dios!, prima por ubicación
geográfica privilegiada. Más un arreglo compensatorio
por atrasar internación de mercaderías en tránsito a
Bolivia, bajo los ridículos cargos de contrabando, como
hicieran con equipos y maquinarias de la planta
Margarita. A menos que la Repsol YPF argentina hubiera
movido los hilos aduaneros, porque la filial boliviana
no estaba lista para recibirlos y quería cargar el fardo
a otros…
Bolivia debe imponerse
la determinación de no ser protectorado o semicolonia de
Brasil (o de Estados Unidos, Argentina o Venezuela). Con
el coloso vecino, así como presiona temas de su interés,
debemos incluir los nuestros en la agenda bilateral,
añadiendo otros: todos vinculados a la temática del gas.
A ampliar el gasoducto y Petrobrás empezando a bombear
el doble de gas natural a Brasil, le falta el pequeño
gran detalle de mejorar precios. Así como no queremos
mineros de pico y pala, tampoco permitiremos hornos de
leña para dar energía a la siderurgia de Mutún. Sean
termoeléctricas y petroquímicas -que bien pueden ser
binacionales- en éste lado de la frontera. No somos
culis para que haya salarios diferenciados entre
brasileños y bolivianos: ambos deben ser contratados en
prorrata. Entre otros, añadamos a la agenda que Brasil
sea un aliado proactivo para que Bolivia llegue al
Pacífico con soberanía, al mismo tiempo que los dos
países construyen un tren bala transcontinental a gas y
varios corredores bioceánicos a través de Bolivia. Ser
socios en el proyecto hidroeléctrico de las cachuelas
del río Madeira, incluyendo la construcción de puertos
de porte marítimo en Riberalta, Guayaramerin y Puerto
Villarroel.
¿Quién no puede
estar de acuerdo en el “desear ser” de YPFB? Como
dice Soliz Rada, YPFB va a crecer pero se necesita uno
transparente, sin excesiva burocracia, sin un poder
sindical que le haga daño, que tenga la capacidad de
aplicar a fondo la ley de investigación de fortunas, que
fiscalice todo lo que se hace en hidrocarburos.
Pero otra cosa es el
“poder ser”. No es lo mismo un YPFB configurado en el
molde de una ineficiente PEMEX, una PDVSA mutilada de
sus talentos, o de una Petrobrás insensible. Ya causa
mala espina el nepotismo de sangre o de politiquería,
con que se han llenado los cargos en la nueva YPFB. Y
quien mucho abarca, poco aprieta: empiecen por confiar
auditorias, medición y monitoreo a empresas bolivianas
del ramo que sepan lo que hacen.
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