Winston Estremadoiro

YPFB entre desear y poder ser  

Abril 2006     

 

Winston Estremadoiro

Tan pletórica de fuegos de artificio de moros y cristianos, la pantalla cibernética donde leo las noticias y recibo artículos y comentarios sobre la situación del país, parece el cielo de Bagdad en la noche de alguna incursión aérea estadounidense. El otro día, me enviaron la trascripción de una conferencia de prensa del Ministro de Hidrocarburos.


Si enlistarme en la cadena de críticas al gobierno era el motivo, la lectura cuidadosa del documento tuvo exactamente el efecto contrario. ¿Qué persona con media taza de inteligencia y una pizca de amor a la patria puede dejar de adherirse a la receta nacionalista de Andrés Soliz Rada? Las petroleras dicen aceptar las regalías y los impuestos de acuerdo a la Ley 3058, que los ha elevado en 50%; pero agazapan la amenaza de hacerlo en forma provisional y reservándose el derecho de recurrir a arbitraje. El gobierno responde: muy bien, pero después de la nacionalización, si una empresa ha recurrido al arbitraje, no negociaremos con ella. ¿Quién puede estar en contra de que todas las empresas se sometan a las leyes bolivianas y a la Constitución; que si hay alguna que no reconoce este principio se puede ir de Bolivia?


Soliz Rada anota que critican la Ley 3058 por ser dura con campos marginales, que apenas sacan algunos barriles, sobre todo de líquidos y no alcanza para pagar el 50%. El gobierno reconoce que se puede ajustar el tema de los campos marginales, pero ahora existe tecnología portátil para extraer diésel, energía eléctrica y agua pura en boca de pozo: ¡inviertan! Queda en tapete el tema de los megacampos, como San Alberto, San Antonio, Itaú y Margarita que pueden haber recuperado sus inversiones. Allí, el 50% es muy poco y Bolivia debe aspirar hasta un 70% de tributos. Aquí hay dos temas. Uno, el gobierno se abre a un tratamiento diferencial a los campos marginales. Dos, se sabe que las petroleras no son hermanitas de la caridad; se les debe embutir la noción de que después de recuperar inversiones, cuanto es justo succionar de una pobre Bolivia, dependerá de un manejo eficiente de las empresas y de tributar en concordancia. Solo engendros anti-bolivianos podrían objetar.


Exportar pero antes industrializar en territorio boliviano es el otro hito rector. Solo un traidor vuelca-gorras podría estar de acuerdo en que continúen las mamadas. No es justo continuar con el negocio de negros de vender gas húmedo para que Petrobrás le saque el GLP en Brasil; la Repsol YPF boliviana lo lleve a la Repsol YPF argentina para que le saquen la nata de gasolina natural allende la frontera. O que Brasil construya una termoeléctrica para vender energía a la minería chilena, sin que antes Bolivia y Chile hayan puesto todas -todas, repito- las cartas sobre la mesa, para negociar un acuerdo visionario.


El ministro Soliz Rada califica como “la tremenda dificultad de negociar aumentos de precios con Argentina y con Brasil”. Para empezar enjuicien al boludo (u opa-pícaro) que se dejó engrupir para vender gas al precio “solidario” de $0.98 centavos a Argentina, cuando a Brasil se lo vendíamos a $2.98 el millar de pies cúbicos. Pongan en la picota del escarnio al zonzoreco (u opa-pícaro) que declarando ciertos megacampos como “nuevos”, redujo las regalías a un 18%.


Con Argentina, impónganle al gas que le vendemos el mismo tratamiento que nos enchufa al vendernos su diésel: precio internacional, más, ¡válgame Dios!, prima por ubicación geográfica privilegiada. Más un arreglo compensatorio por atrasar internación de mercaderías en tránsito a Bolivia, bajo los ridículos cargos de contrabando, como hicieran con equipos y maquinarias de la planta Margarita. A menos que la Repsol YPF argentina hubiera movido los hilos aduaneros, porque la filial boliviana no estaba lista para recibirlos y quería cargar el fardo a otros…


Bolivia debe imponerse la determinación de no ser protectorado o semicolonia de Brasil (o de Estados Unidos, Argentina o Venezuela). Con el coloso vecino, así como presiona temas de su interés, debemos incluir los nuestros en la agenda bilateral, añadiendo otros: todos vinculados a la temática del gas. A ampliar el gasoducto y Petrobrás empezando a bombear el doble de gas natural a Brasil, le falta el pequeño gran detalle de mejorar precios. Así como no queremos mineros de pico y pala, tampoco permitiremos hornos de leña para dar energía a la siderurgia de Mutún. Sean termoeléctricas y petroquímicas -que bien pueden ser binacionales- en éste lado de la frontera. No somos culis para que haya salarios diferenciados entre brasileños y bolivianos: ambos deben ser contratados en prorrata. Entre otros, añadamos a la agenda que Brasil sea un aliado proactivo para que Bolivia llegue al Pacífico con soberanía, al mismo tiempo que los dos países construyen un tren bala transcontinental a gas y varios corredores bioceánicos a través de Bolivia. Ser socios en el proyecto hidroeléctrico de las cachuelas del río Madeira, incluyendo la construcción de puertos de porte marítimo en Riberalta, Guayaramerin y Puerto Villarroel.


¿Quién no puede estar de acuerdo en el “desear ser” de YPFB? Como dice Soliz Rada, YPFB va a crecer pero se necesita uno transparente, sin excesiva burocracia, sin un poder sindical que le haga daño, que tenga la capacidad de aplicar a fondo la ley de investigación de fortunas, que fiscalice todo lo que se hace en hidrocarburos.


Pero otra cosa es el “poder ser”. No es lo mismo un YPFB configurado en el molde de una ineficiente PEMEX, una PDVSA mutilada de sus talentos, o de una Petrobrás insensible. Ya causa mala espina el nepotismo de sangre o de politiquería, con que se han llenado los cargos en la nueva YPFB. Y quien mucho abarca, poco aprieta: empiecen por confiar auditorias, medición y monitoreo a empresas bolivianas del ramo que sepan lo que hacen.

 

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