De sociedades y suciedades  

Mayo 2006     

 

Winston Estremadoiro

Me puse a pensar en sociedades convertidas en suciedades, con la pregunta que se hiciera un lector laudatorio de mis cavilaciones. Ahora que Bolivia logró el 51% en las capitalizadas, cuestionaba, ¿como hará para mantener esa mayoría ante las cuantiosas inversiones necesarias a futuro, para desarrollar el negocio petrolero? El abracadabra palabrero de los magos de nacionalizar sin un mango en el bolsillo, es la sociedad con Petróleos de Venezuela (PDVSA). Yo no aventuro respuesta, aunque recomiendo mirar la letra fina del pago en especie. Y vaticino que la mayoría del 51% de YPFB será solo en papel. Que los venezolanos manejarán los hilos y el titiritero será Hugo Chávez.    

 

El petróleo y el gas natural son negocios caros. De gran retorno en base a gran inversión, que no es otra cosa que el capital requerido para generar una multiplicación en la producción, y de tecnología de punta para ser eficaces –dotarse de equipos para tareas en condiciones difíciles- y ser eficientes, es decir, ganar más con el menor gasto posible. Tal hecho da pie para preguntarnos si la movida de nacionalizar los hidrocarburos para entregar el negocio a Venezuela, llevará a convertirnos en una potencia gasífera, aunque sea de segundo nivel como Trinidad y Tobago, o ser solamente la huele pedos de un caudillo caribeño con delirios de grandeza.

 

Quizá la era del gas natural tenga apenas un cuarto de hora en la historia, porque la tecnología acelerará el desarrollo de la fusión en frío y resolverá, de una vez por todas, la actual dependencia energética de los hidrocarburos. Sea lo que fuere, aún con los 42 trillones de pies cúbicos (TCF) a los que han mermado sus reservas, hay bastante gas en Bolivia para 500 años a niveles actuales de consumo. Dicen por ahí que hay 300 TCF de gas, inversiones en exploración de por medio. Si tal fuera cierto, recién estaríamos a la par de potentados de reservas de gas en el mundo: Rusia solita tiene 1.200 TCF. Pero un aspecto pesa a favor de Bolivia en Sudamérica. La cercanía a los mercados de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, con una red de ductos ya en operación, aunque requiere más inversiones.

 

Nuestro competidor, entiéndase, es Venezuela. Pero tiene algunos elementos en su contra. Sus 172 TCF de reservas vienen prendidos de crudo pesado, casi alquitrán. En cambio, el limpio gas boliviano apareado con gasolina natural, no requiere de tan enormes inversiones. Otro obstáculo del competidor es el Gasoducto del Sur. Lo recuerdan grupos ambientalistas en Venezuela, ante el desdén del gobierno del faraón Hugo Chávez. El gigantesco gasoducto de 8.000 Km. y $20.000 millones de dólares empezaría en Caracas y acabaría en Buenos Aires, atravesando áreas tan ecológicamente delicadas y valiosas como los humedales orientales venezolanos, su Gran Sabana –que es Patrimonio de la Humanidad-, y perforando de medio a medio, el pulmón del planeta que es la Amazonia brasileña y sus decenas de ríos.  

 

Razonará cualquier lector acucioso que no tenemos ninguna vela en tal entierro. No hombre, las ventajas que tiene Bolivia para convertirse en el nodo energético de América meridional, están siendo pignoradas al tutelaje, por no decir vasallaje, del caudillo Chávez sobre el gobierno del Presidente Morales. El nuevo patrón venezolano, como haciéndonos un favor, induce a su pongo a ser parte del proyecto de $20.000 millones de dólares que le permitirá llevar su gas a Brasil, Argentina y Chile y arrebatarnos el mercado.

 

Hay más. Con el asesoramiento venezolano, en Bolivia se empuja a romper lanzas con petroleras como Petrobrás y Repsol YPF, entre otras, para entregar el negocio a PDVSA. Pero en Venezuela se impulsan megaproyectos bajo el nombre publicitario de “siembra petrolera’, con el concurso de un nutrido grupo de transnacionales petroleras que van desde la Chevron-Texaco, Petrochina y hasta las mismas Petrobrás y Repsol YPF demonizadas en Bolivia. Son parte de un plan para una masiva extracción petrolera y gasífera hasta 2012 en tierra y mar, construir nuevas refinerías, complejos petroquímicos, oleoductos y gasoductos a lo largo y ancho del país, que conviertan a Venezuela en la primera potencia de petróleo y gas del mundo.

 

De no ser penoso para Bolivia sería motivo de risa. Los venezolanos nos inducen a pelear con las petroleras, propiciando una sociedad con PDVSA que más temprano que tarde se convertirá en suciedad, mientras en su país acogen a las mismas transnacionales con los brazos, y los pozos, abiertos. Más aún, ayer la prensa amaneció con titulares de que se plantea $7.50 por millón de BTU de gas a Brasil, mientras el precio internacional es de $5.78 y de bajada, según el Índice Henry Hub; los nuevos mandamases bolivianos, quizá asesorados por rasputines caribeños, se ocupan de dañina guerra mediática que enajena la buena voluntad de países vecinos que son el mercado de nuestro gas.

 

Con tal liderazgo llevamos todas las de perder. No causa extrañeza, entonces, que estudios serios de futurología, de aquí a 20 años sitúan a Estados Unidos lejos en la punta, con su economía de 13.000 millardos (miles de millones) de dólares. En segundo lugar estará esa China de neoliberalismo en lo económico y férrea férula comunista en lo político. Seguirán a continuación India, Japón, los llamados tigres asiáticos, la Comunidad Europea. Con un Mercosur torpedeado, solo contarán algo los latinoamericanos México y Brasil. Chile será el país más avanzado de Sudamérica. En la cola, el bumerán de países andinos que el vendedor de ilusiones venezolano, quizá por el delirio de la falta de oxígeno en Tiahuanaco, ahora propone confederar. En el fondo estará Bolivia, cuyo PIB (producto interno bruto), me decía un amigo, es equivalente al de Knoxville, Tennessee, ciudad de cuarto nivel en la primera potencia mundial.

 

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