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Winston
Estremadoiro |
Más que cuento era una rima en tiempos que no había tele
ni juegos de nintendo, con la que los mayores ocurrentes
suscitaban la atención embobada de los niños, luego les
tomaban el pelo: había una vez un gallo nigüento
que se sacó las niguas y se fue contento; jajay, se
reían. Hace pensar en fábulas que hoy se embuten por los
medios para deslumbrar con refucilos de supuestos
logros. Mueve a contrastar hechos reales de espejismos
ilusorios, en el manejo de la cosa pública por un
gobierno que se tilda a sí mismo de cambios.
Ahí está el cuento de la nacionalización de los
hidrocarburos, que tan embobados tiene a tantos. Empezó
con trompetas y tambores, con banderas y milicos, con
nuevos héroes marchando ante cámaras con la jeta al
cielo, como Mussolini, en la ilusión de que algún
Alandia Pantoja –modesto equivalente nuestro al
Siqueiros y al Rivero que pintaran en murales la
Revolución Mexicana- los inmortalizara mañana. A 65 días
de la cosecha de palabrerío y gesticulación, escaso maíz
queda si separamos la chala de las mazorcas.
Datos de YPFB dan cuenta de que en 8 años, de 1997 a
2004,
Bolivia recibió $US 4,644 millones de inversión en el
sector: $US 1,667 en exploración, $US 1,584 en
producción y $US 1,393 en transporte. Ahora el gobierno
reniega de contratos y sindica de abusivas a las
petroleras. Lo concreto es que han parado en seco
inversiones que han desarrollado las reservas, cuando
podrían haber negociado términos más ventajosos, sin
amedrentar ni llevar a una parálisis casi total.
Porque hidrocarburos es negocio de enormes capitales.
Baste contrastar que en Argentina dan cuenta que en solo
3 años -entre 2007 y 2009- la Repsol YPF invertirá más
de $US 4.700 millones. Es el resultado de la visita de
Kirchner a España, sin que haya dado la vuelta al mundo
una chompa presidencial u otra sandez protocolar en el
Palacio de la Moncloa. Con miel argentina en vez de hiel
boliviana, la petrolera española accedió a adelantar
inversiones en el país vecino, para aumentar sus
reservas de gas natural. ¿Qué mercado merman las
inversiones argentinas? El del gas boliviano.
Brasil acelera las inversiones para habilitar puertos de
Gas Natural Licuado (el LNG del Pacífico que naufragó en
Bolivia por el tonto dilema del puerto chileno o
peruano). Les permitirá recibir gas de fuentes de
ultramar, como Nigeria, Trinidad y Tobago, Angola y
hasta Venezuela. La meta es asegurar suministros y
evitar problemas de abastecimiento: las veleidades
bolivianas les hacen adoptar medidas que les
independicen de su gas. Tan decididos están los
brasileños, que ya contrataron plantas de regasificación,
en Ceará (7 MMCFD) y Río de Janeiro (14 MMCFD). Tan
apurados, que Petrobrás está adaptando un navío antiguo
como planta de almacenaje y regasificación, que estará
listo en 20 meses, ya que construir las plantas demanda
3 años y encima los fabricantes están atosigados de
compromisos. ¿Qué mercado merman los apuros brasileños?
El del gas boliviano.
No se queda atrás Chile. Su Empresa Nacional del
Petróleo (ENAP) asociada con transnacionales, colocó la
piedra inicial para construir la planta de
regasificación en Quintero. Sus socios canalizarán
financiamiento entre 300 y 400 millones de dólares, y
British Gas, que está en Bolivia también, asegura que el
gas natural licuado provendrá de Nigeria o Guinea para
gasificarlo e inyectarlo a sus ductos. Pero el gobierno
nacional, en continuación de la política exterior que
antes criticaban, aguijonea a Chile a devolver mar a
Bolivia, con la misma simplonería ilusa de exigir que el
gas vendido a la Argentina no haga carambola y energice
termoeléctricas chilenas.
En cambio, el presidente electo de Perú no tiene
ningún empacho de que su gas
llegue al enemigo de 1879. Visitó a la presidenta
Bachelet, sin jolgorios de recuperar Arica o Tarapacá,
como las de Evo Morales del mar para Bolivia. En
conferencia de prensa de buenos augurios para quienes
detentan el candado y la llave del mar para Bolivia,
Alan García precisó que en cuanto Perú tenga 20
trillones de pies cúbicos (TCF) de gas, habrá satisfecho
la demanda interna a largo plazo, cumplirá compromisos
de GNL para México y tendrá la posibilidad de vender gas
a Chile: y estará feliz de hacerlo. Perú hoy tiene casi
15 TCF y encontrarán más reservas. Claro, si las
petroleras ahuyentadas de Bolivia se llevaron su dinero
y su tecnología a Perú. ¿Qué mercado merman
coincidencias chileno-peruanas? El del gas boliviano.
No es el encono de los países vecinos contra nuestro
país, que impulsa medidas que achican el mercado del gas
natural boliviano. Es la necedad de Evo Morales imitando
poses de picapleitos de un Hugo Chávez que en los
últimos 3 años, generó tensiones con retiro de
embajadores en 6 países latinoamericanos, y cortó el
flujo de petróleo a uno. En su política con mercados del
gas en los países vecinos, Evo empezó como un gatito
encrespado en un entorno de pumas hambrientos, pero
ronroneando a la PDVSA que le da la leche diaria. Sin
tener los millardos del petróleo venezolano, más
temprano que tarde ha tenido que esconder la mano que
dio papirotazos y tratar de hacer enmiendas.
Entonces, vino el papelón de que Lula no quiso hablar de
gas en Caracas. Que Kirchner aceptó magros 5 dólares
después de años de precio solidario, ¿o boludario?
Que Bachelet quizá venga a Bolivia a la fanfarria de la
Constituyente en Sucre, pero es dudoso que ceda un ápice
de mar por moléculas de gas. Por eso me hizo recordar al
gallo
nigüento
la simplonería detrás de una noticia al pie de pantalla
la otra noche. Advertía de la inflexible posición
brasileña respecto al contrato vigente hasta 2019: en lo
del precio del gas, Bolivia dice que Brasil actuará duro
para no perder votos. ¿No será que el gobierno es como
el cojo que le echa la culpa al empedrado?
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