El cuento del gallo nigüento y el gas  

Julio 2006     

 

Winston Estremadoiro

Más que cuento era una rima en tiempos que no había tele ni juegos de nintendo, con la que los mayores ocurrentes suscitaban la atención embobada de los niños, luego les tomaban el pelo: había una vez un gallo nigüento que se sacó las niguas y se fue contento; jajay, se reían. Hace pensar en fábulas que hoy se embuten por los medios para deslumbrar con refucilos de supuestos logros. Mueve a contrastar hechos reales de espejismos ilusorios, en el manejo de la cosa pública por un gobierno que se tilda a sí mismo de cambios.  

 

Ahí está el cuento de la nacionalización de los hidrocarburos, que tan embobados tiene a tantos. Empezó con trompetas y tambores, con banderas y milicos, con nuevos héroes marchando ante cámaras con la jeta al cielo, como Mussolini, en la ilusión de que algún Alandia Pantoja –modesto equivalente nuestro al Siqueiros y al Rivero que pintaran en murales la Revolución Mexicana- los inmortalizara mañana. A 65 días de la cosecha de palabrerío y gesticulación, escaso maíz queda si separamos la chala de las mazorcas.

 

Datos de YPFB dan cuenta de que en 8 años, de 1997 a 2004, Bolivia recibió $US 4,644 millones de inversión en el sector: $US 1,667 en exploración, $US 1,584 en producción y $US 1,393 en transporte. Ahora el gobierno reniega de contratos y sindica de abusivas a las petroleras. Lo concreto es que han parado en seco inversiones que han desarrollado las reservas, cuando podrían haber negociado términos más ventajosos, sin amedrentar ni llevar a una parálisis casi total.

 

Porque hidrocarburos es negocio de enormes capitales. Baste contrastar que en Argentina dan cuenta que en solo 3 años -entre 2007 y 2009- la Repsol YPF invertirá más de $US 4.700 millones. Es el resultado de la visita de Kirchner a España, sin que haya dado la vuelta al mundo una chompa presidencial u otra sandez protocolar en el Palacio de la Moncloa. Con miel argentina en vez de hiel boliviana, la petrolera española accedió a adelantar inversiones en el país vecino, para aumentar sus reservas de gas natural. ¿Qué mercado merman las inversiones argentinas? El del gas boliviano.

 

Brasil acelera las inversiones para habilitar puertos de Gas Natural Licuado (el LNG del Pacífico que naufragó en Bolivia por el tonto dilema del puerto chileno o peruano). Les permitirá recibir gas de fuentes de ultramar, como Nigeria, Trinidad y Tobago, Angola y hasta Venezuela. La meta es asegurar suministros y evitar problemas de abastecimiento: las veleidades bolivianas les hacen adoptar medidas que les independicen de su gas. Tan decididos están los brasileños, que ya contrataron plantas de regasificación, en Ceará (7 MMCFD) y Río de Janeiro (14 MMCFD). Tan apurados, que Petrobrás está adaptando un navío antiguo como planta de almacenaje y regasificación, que estará listo en 20 meses, ya que construir las plantas demanda 3 años y encima los fabricantes están atosigados de compromisos. ¿Qué mercado merman los apuros brasileños? El del gas boliviano.

 

No se queda atrás Chile. Su Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) asociada con transnacionales, colocó la piedra inicial para construir la planta de regasificación en Quintero. Sus socios canalizarán financiamiento entre 300 y 400 millones de dólares, y British Gas, que está en Bolivia también, asegura que el gas natural licuado provendrá de Nigeria o Guinea para gasificarlo e inyectarlo a sus ductos. Pero el gobierno nacional, en continuación de la política exterior que antes criticaban, aguijonea a Chile a devolver mar a Bolivia, con la misma simplonería ilusa de exigir que el gas vendido a la Argentina no haga carambola y energice termoeléctricas chilenas.

 

En cambio, el presidente electo de Perú no tiene ningún empacho de que su gas llegue al enemigo de 1879. Visitó a la presidenta Bachelet, sin jolgorios de recuperar Arica o Tarapacá, como las de Evo Morales del mar para Bolivia. En conferencia de prensa de buenos augurios para quienes detentan el candado y la llave del mar para Bolivia, Alan García precisó que en cuanto Perú tenga 20 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas, habrá satisfecho la demanda interna a largo plazo, cumplirá compromisos de GNL para México y tendrá la posibilidad de vender gas a Chile: y estará feliz de hacerlo. Perú hoy tiene casi 15 TCF y encontrarán más reservas. Claro, si las petroleras ahuyentadas de Bolivia se llevaron su dinero y su tecnología a Perú. ¿Qué mercado merman coincidencias chileno-peruanas? El del gas boliviano.

 

No es el encono de los países vecinos contra nuestro país, que impulsa medidas que achican el mercado del gas natural boliviano. Es la necedad de Evo Morales imitando poses de picapleitos de un Hugo Chávez que en los últimos 3 años, generó tensiones con retiro de embajadores en 6 países latinoamericanos, y cortó el flujo de petróleo a uno. En su política con mercados del gas en los países vecinos, Evo empezó como un gatito encrespado en un entorno de pumas hambrientos, pero ronroneando a la PDVSA que le da la leche diaria. Sin tener los millardos del petróleo venezolano, más temprano que tarde ha tenido que esconder la mano que dio papirotazos y tratar de hacer enmiendas.

 

Entonces, vino el papelón de que Lula no quiso hablar de gas en Caracas. Que Kirchner aceptó magros 5 dólares después de años de precio solidario, ¿o boludario?  Que Bachelet quizá venga a Bolivia a la fanfarria de la Constituyente en Sucre, pero es dudoso que ceda un ápice de mar por moléculas de gas. Por eso me hizo recordar al gallo nigüento la simplonería detrás de una noticia al pie de pantalla la otra noche. Advertía de la inflexible posición brasileña respecto al contrato vigente hasta 2019: en lo del precio del gas, Bolivia dice que Brasil actuará duro para no perder votos. ¿No será que el gobierno es como el cojo que le echa la culpa al empedrado?

 

Cerrar Ventana