 |
|
Winston
Estremadoiro |
Es propinar un sopapo a la complacencia que en este país
de 44% de niños y adolescentes, la vida sea una carrera
de obstáculos para ellos. Lo documenta el PNUD en su
informe
Niños, niñas y adolescentes en Bolivia: 4 millones de
actores del desarrollo,
que desnuda la penosa realidad de las vallas mortales
que deben sortear. La mitad de nacidos no son atendidos
por médico, enfermera o partera: 75 de mil mueren antes
de cumplir los 5 años. De 10, seis desertan la primaria,
para que cuando viejos tengan que aprender el abecedario
de sesgadas misiones extranjeras. El amor es torbellino
de pureza original, canta Violeta Parra en
Volver a los 17,
pero arruina el futuro de 11 de cada 100 jovencitas
ignorantes que se embarazan.
A perro flaco todo se le vuelve pulgas: lo más trágico es que aún sorteando la carrera de
obstáculos, llegando a adultos la única opción sea el
éxodo multitudinario de hoy. ¡Bolivianos, el hado
propicio!, es trabajar de lo que sea, donde sea, como
sea. La patria no les ofrece oportunidades de empleo.
El quid del tema es que Bolivia está mal gobernada y
pésimamente administrada. Lo que sucede en el sector de
hidrocarburos es negligencia criminal de charlatanes del
cambio. Porque el gas natural era la clave de que un
tiempo perentorio se pudiese lavar el estigma de ser un
país insolvente, incapaz de atender las necesidades de
su gente. Era la esperanza de sembrar gas y cosechar
bienestar, que equivale a empleo, que significa
dignidad. Y un balance muestra que se ha ido
de la sartén a las brasas.
Buena sería la hidalguía en reconocerlo, pero tal no
sucederá.
Cómo, si sin saber que
alabanza propia es vituperio, el presidente se infla cada día más, a extremo
patético haciendo monumento nacional de Orinoca. Cómo,
si en vez de imprimir estampillas con rasgos de la
diversidad boliviana, presentan un Evo disfrazado de
tiahuanacota, versión boutique, dizque para ensalzar lo
indígena. Cómo, si el adalid de la cruzada contra la
corrupción apela al coco de ‘intereses internos y
externos para hacer fracasar la nacionalización’,
para tapar denuncias de un superintendente regulador
-del MAS por añadidura-, dando pábulo a rumores que se
trata de su hombre del maletín.
Las denuncias de corrupción suman y siguen, corroborando
que
a mamar todos nacen sabiendo. Mientras tanto se empaña la imagen de Bolivia, que hace
unos meses tenía una aureola de cambio que la hacía
simpática a los ojos del mundo.
A río revuelto, ganancia de pescadores, se aplica a un caudillo venezolano que con préstamos y
promesas se está haciendo del negocio gasífero
boliviano. Helicóptero, avión y dinero de bolsillo los
unos, para un ahijado que impone supuesta austeridad,
mientras gasta como nuevo rico en cónclaves y programas
para perpetuarse como mandamás siguiendo la receta del
padrino. Alharaca las segundas, como la de invertir
insuficientes $1.500 millones en exploración de áreas
hidrocarburíferas no tradicionales, que ahora decantan
en risibles $51 millones, que ni alcanzan para un pozo
exploratorio en el norte de La Paz.
Vienen de uno con miles de millones de dinero petrolero,
que lo usa a discreción para jugar a la geopolítica.
Cuya munificencia imitada por el otro,
pobre como ratón de sacristía,
le hacen meterse en
negocio de negros. Como cuando alardea de $200 millones de
ingreso del contrato con la Jindal para explotar el
Mutún, donde los impuestos están en duda y las regalías
contrastan por bajas, comparados a la dura posición
asumida con las petroleras. Peor aún, se negocia el gas
energizante a la mitad del precio pactado con Argentina,
que tampoco llega a los $7.50 por MMPC exigido a Brasil.
Con lo que resulta que estamos regalando decenas de
millones anuales a la empresa india de nuestro afín
presidente indio, como él mismo lo dijera, para que
explote el Mutún.
El mayor negocio de negros vino con la nacionalización
de hidrocarburos: trocar la oportunidad de ser el nodo
energético del sur del continente, por uncir la humilde
patineta boliviana al ostentoso Cadillac de Venezuela.
De mimada del gigante Brasil se ha pasado a la malcriada
que se castiga volcando la cara. Se desperdició
torpemente la oportunidad geopolítica de encarar la
pulseta con Chile, cambiando el axioma por el que se
rige, a ‘por la razón y la fuerza’,
atenuando la tradicional colusión entre Itamaraty y La
Moneda, al aliarnos con el Brasil en base a su
dependencia energética y por estar en su camino
geográfico a los mercados asiáticos.
Cambiamos una eficiente Petrobrás dispuesta a ceder en
casi todo a Bolivia, por una PDVSA que no se sobrepone
del sangrado de 20.000 técnicos por política; que cerró
20.000 pozos por falta de mantenimiento; que más parece
el talego de su caudillo para la demagogia que tiene a
su país cada vez más pobre, mientras lo hace más rico el
precio del petróleo vendido al ‘villano’ Estados Unidos.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble, parece el paquete que se negoció con
Argentina. Mientras los bisoños
bolitas se fijaban en un magro aumento en el
precio, los gauchos matreros ataban el paquete a plantas
de gas de su tecnología, no siempre de punta: de 200
MMPCD por 300 millones de dólares, donde la mitad es
papita pa’l loro. La relación con España y Repsol YPF se agriará apenas se
rompa el coyuntural hilo político de Rodríguez Zapatero,
que favorece a Evo; lo promete Mariano Rajoy, jefe del
partido opositor.
A la larga todo se arregla
es alentador, hasta que la propensión al totalitarismo
del presente régimen trae a la mente que
a un clavo ardiendo, se agarra el que se está hundiendo.
Pero está claro que
después del gusto, que venga el susto: pasada la farra de la nacionalización de
hidrocarburos, vino la perseguidora resaca en un
gobierno cuyo balance semestral cosecha
más ruido que nueces y
más chala que trigo.
|