Declaro, proclamo, confieso y me asqueo

winston@supernet.com.bo 

Diciembre 2006     

 

Winston Estremadoiro

Hoy que la mañana amaneció como sin querer levantarse del arrebujar de la bruma, la desperezo con un tema candente. Y es que tengo en gaveta algo como para disipar nubes cuando las bate el viento. Parafraseo la arenga de José Ballivián antes de la Batalla de Ingavi, que en 1847 fuera punto de inflexión boliviano contra un enemigo externo; ahora debiera inspirar denuedo en la lucha contra el avasallamiento totalitario de corte aymara.

 

Nubes negras son en verdad las prostituciones de palabrejas cargadas de intencionada deformación. Estas se repiten una y otra vez, en “un miente, miente, que algo queda”, que fuera expresión de Goebbels, ministro de propaganda de Hitler. Bien pudiera ser ahora admonición de algún ensombrerado hasta para sentarse en el inodoro, en pretensión de ‘originario’ en el melodrama etnopopulista boliviano, que es injerto de famélico socialismo cubano en manirroto narcisismo leninista venezolano.

 

Son satanizados de neoliberales todos quienes se oponen al proyecto totalitario, de ese cruce entre milenarista Pachacuti y ahijado de Hugo Chávez que es Evo Morales. No hay derecho: el mandamás caribeño hasta se dio el tupé de hacer chitón a su protegido en la Cumbre Sudamericana. No acababa el presidente boliviano de ensalzar al CAN y al MERCOSUR, que arremetió Chávez contra esos mecanismos de integración, vigentes aunque imperfectos, de los que depende una Bolivia que no tiene los volúmenes inmensos de petróleo que Venezuela exporta a Estados Unidos, sin que se le arrugue la nariz al locuaz denostador del imperialismo yanqui.

 

Una principal distorsión ocurre, pues, con la palabra “neoliberalismo”. Lo dice Enrique Ghersi, colaborador de Hernando de Soto en El otro sendero. El término es casi desconocido en Estados Unidos y tiene escaso uso europeo salvo en antiguos países del este. Es popular en América Latina, África y Asia, lo que tiene poco que ver con su origen histórico, sino que forma parte del debate público donde la retórica otorga o resta sentido a las palabras. El “neoliberalismo” tiñe, a veces despectivamente, a veces con alguna pretensión científica, políticas, ideas o gobiernos que tienen poco o nada que ver con él. Por tal, muchos consideran que se trata de un mito contemporáneo: el “neoliberalismo” sólo existe en el imaginario de quienes usan el término peyorativamente.   

 

Estos días cala un preguntar irónico a los amigos sobre sus 100.000 Has., a tiempo que éstos retrucan con su desvelo por mis hatos de ganado. Cómo no, si resulta que ahora todos los de la clase media somos latifundistas. Lo claman Evo Morales, Santos Ramírez, Raúl Prada, Román Loayza y toda la claque del poder, a tiempo de lanzar su actual conjuro del coco de la división del país que ellos mismos están incitando. Lo sugirió el ministro de Defensa San Miguel, que anda por ahí aleccionando a los militares a escarmentar a los autonomistas cruceños, dizque separatistas.

 

Como en 1958, por ese 11% de regalías departamentales, que hoy beneficia a todos los bolivianos. Ahora sería por las huelgas de hambre que reclaman por el respeto a los 2/3 de mayoría que establece la Constitución y la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, y por la vigencia de las autonomías departamentales acordadas en democracia. De ocurrir tamaña tragedia, solo corroboraría que Evo Morales no gobierna para todos. ¿Acaso actuó del mismo talante cuando amenazaron izar banderas peruanas en Copacabana? Tampoco llevan a la cárcel a la poblada culpable de la tortura y asesinato del oficial militar que fuera sacado de un hospital en Achacachi.

 

Hay muchos otros epítetos para exacerbar tensiones racistas, políticas, étnicas y hasta religiosas. Basta echar un vistazo a las entrevistas de los mandamases. A ese “k’ara” amnésico del mestizaje biológico y cultural de la mayoría de los bolivianos, se suman los de “oligarcas” y “terratenientes”. Los autonomistas son “separatistas”; los cívicos disidentes se han trocado en “divisionistas”. Son “vendepatrias” o “antipatrias” los protagonistas de paros y huelgas de hambre por que se cumplan los 2/3 y la vigencia de la autonomía: cínicos, los gobiernistas olvidan que fue manido recurso de ellos, cuando ayer eran opositores.

 

No se puede esperar mucho de un pueblo fácil de arrear por el anillo que la ignorancia les perfora en las narices. Peor es que los estereotipos, las medias verdades y los prejuicios, calen poco en la sensibilidad de la clase media, reflejada en cenas de fin de año a tiempo que hambrean otros en batalla decisiva para la representatividad democrática. Tal es el bastión que resiste aún en la demanda del constitucional 2/3, bandera del respeto a la ley. Para colmo de males, claudican los sectores progresistas y los centinelas de la Constitución que son los militares. Cabe ponderar si por medrosos ante el surgimiento de estalinismos de nuevo cuño, por estar obnubilados por la bien aviada propaganda del régimen actual, o por los talegazos al estilo chavista.

 

Estoy vacunado contra la infección de las distorsiones con que la propaganda ciega a masas ignorantes, o alecciona a minorías fanáticas. Me declaro liberal, que no quiere decir que soy derechista, sino creyente, por un lado, en una inequívoca renuncia a ideas extremistas del laissez faire, y por otro, al rechazo total de los sistemas totalitarios. Proclamo mi afecto por la economía social de mercado, clamando que para repartir hay que tener y para tener hay que producir. Me confieso defensor del Estado de Derecho, como solución al problema de cómo resolver la tensa relación entre la libertad y la armonía social. Y me asqueo con los camaleones políticos, como aquel otrora representante del empresariado paceño, rechazado por Austria para oficiar de embajador de Goni, que ahora será sumiso enviado de Evo en España.

 

 

Cerrar Ventana