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Winston
Estremadoiro |
Hoy que la mañana amaneció como sin querer levantarse del
arrebujar de la bruma, la desperezo con un tema
candente. Y es que tengo en gaveta algo como para
disipar nubes cuando las bate el viento. Parafraseo la
arenga de José Ballivián antes de la Batalla de Ingavi,
que en 1847 fuera punto de inflexión boliviano contra un
enemigo externo; ahora debiera inspirar denuedo en la
lucha contra el avasallamiento totalitario de corte
aymara.
Nubes negras son en verdad las prostituciones de
palabrejas cargadas de intencionada deformación. Estas
se repiten una y otra vez, en “un miente, miente, que
algo queda”, que fuera expresión de Goebbels, ministro
de propaganda de Hitler. Bien pudiera ser ahora
admonición de algún ensombrerado hasta para sentarse en
el inodoro, en pretensión de ‘originario’ en el
melodrama etnopopulista boliviano, que es injerto de
famélico socialismo cubano en manirroto narcisismo
leninista venezolano.
Son satanizados de neoliberales todos quienes se oponen al
proyecto totalitario, de ese cruce entre milenarista
Pachacuti y ahijado de Hugo Chávez que es Evo Morales.
No hay derecho: el mandamás caribeño hasta se dio el
tupé de hacer chitón a su protegido en la Cumbre
Sudamericana. No acababa el presidente boliviano de
ensalzar al CAN y al MERCOSUR, que arremetió Chávez
contra esos mecanismos de integración, vigentes aunque
imperfectos, de los que depende una Bolivia que no tiene
los volúmenes inmensos de petróleo que Venezuela exporta
a Estados Unidos, sin que se le arrugue la nariz al
locuaz denostador del imperialismo yanqui.
Una principal distorsión ocurre, pues, con la palabra
“neoliberalismo”. Lo dice Enrique Ghersi, colaborador de
Hernando de Soto en
El otro sendero. El término es casi desconocido en
Estados Unidos y tiene escaso uso europeo salvo en
antiguos países del este. Es popular en América Latina,
África y Asia, lo que tiene poco que ver con su origen
histórico, sino que forma parte del debate público donde
la retórica otorga o resta sentido a las palabras. El
“neoliberalismo” tiñe, a veces despectivamente, a veces
con alguna pretensión científica, políticas, ideas o
gobiernos que tienen poco o nada que ver con él. Por
tal, muchos consideran que se trata de un mito
contemporáneo: el “neoliberalismo” sólo existe en el
imaginario de quienes usan el término peyorativamente.
Estos días cala un preguntar irónico a los amigos sobre
sus 100.000 Has., a tiempo que éstos retrucan con su
desvelo por mis hatos de ganado. Cómo no, si resulta que
ahora todos los de la clase media somos latifundistas.
Lo claman Evo Morales, Santos Ramírez, Raúl Prada, Román
Loayza y toda la claque del poder, a tiempo de lanzar su
actual conjuro del coco de la división del país que
ellos mismos están incitando. Lo sugirió el ministro de
Defensa San Miguel, que anda por ahí aleccionando a los
militares a escarmentar a los autonomistas cruceños,
dizque separatistas.
Como en 1958, por ese 11% de regalías departamentales,
que hoy beneficia a todos los bolivianos. Ahora sería
por las huelgas de hambre que reclaman por el respeto a
los 2/3 de mayoría que establece la Constitución y la
Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, y por
la vigencia de las autonomías departamentales acordadas
en democracia. De ocurrir tamaña tragedia, solo
corroboraría que Evo Morales no gobierna para todos.
¿Acaso actuó del mismo talante cuando amenazaron izar
banderas peruanas en Copacabana? Tampoco llevan a la
cárcel a la poblada culpable de la tortura y asesinato
del oficial militar que fuera sacado de un hospital en
Achacachi.
Hay muchos otros epítetos para exacerbar tensiones
racistas, políticas, étnicas y hasta religiosas. Basta
echar un vistazo a las entrevistas de los mandamases. A
ese “k’ara” amnésico del mestizaje biológico y cultural
de la mayoría de los bolivianos, se suman los de
“oligarcas” y “terratenientes”. Los autonomistas son
“separatistas”; los cívicos disidentes se han trocado en
“divisionistas”. Son “vendepatrias” o “antipatrias” los
protagonistas de paros y huelgas de hambre por que se
cumplan los 2/3 y la vigencia de la autonomía: cínicos,
los gobiernistas olvidan que fue manido recurso de
ellos, cuando ayer eran opositores.
No se puede esperar mucho de un pueblo fácil de arrear
por el anillo que la ignorancia les perfora en las
narices. Peor es que los estereotipos, las medias
verdades y los prejuicios, calen poco en la sensibilidad
de la clase media, reflejada en cenas de fin de año a
tiempo que hambrean otros en batalla decisiva para la
representatividad democrática. Tal es el bastión que
resiste aún en la demanda del constitucional 2/3,
bandera del respeto a la ley. Para colmo de males,
claudican los sectores progresistas y los centinelas de
la Constitución que son los militares. Cabe ponderar si
por medrosos ante el surgimiento de estalinismos de
nuevo cuño, por estar obnubilados por la bien aviada
propaganda del régimen actual, o por los talegazos al
estilo chavista.
Estoy vacunado contra la infección de las distorsiones
con que la propaganda ciega a masas ignorantes, o
alecciona a minorías fanáticas. Me declaro liberal, que
no quiere decir que soy derechista, sino creyente, por
un lado, en una inequívoca renuncia a ideas extremistas
del laissez faire, y por otro, al rechazo total
de los sistemas totalitarios. Proclamo mi afecto por la
economía social de mercado, clamando que para repartir
hay que tener y para tener hay que producir. Me confieso
defensor del Estado de Derecho, como solución al
problema de cómo resolver la tensa relación entre la
libertad y la armonía social. Y me asqueo con los
camaleones políticos, como aquel otrora representante
del empresariado paceño, rechazado por Austria para
oficiar de embajador de Goni, que ahora será sumiso
enviado de Evo en España.
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