 |
|
Winston
Estremadoiro |
Yo que hoy lo critico, mañana tendría la hidalguía de
felicitar a un Evo Morales convertido en exitoso
mandatario, presidiendo un país bullente como un
colmenar solidario, laborioso y productivo. Pero no lo
es. En lo económico, quizá el último gafe es que la
hormiga pique la pata callosa del elefante, en el gesto
risible de exigir visa a estadounidenses, porque debe
regir reciprocidad, cuando de haberla, es decir, que no
se requiriese visa para viajar a los
States,
ya el país se hubiese quedado sin habitantes.
Son demasiados los errores políticos del gobierno. El
más preocupante es menoscabar sostenidamente la
democracia que nos privilegia. Al incumplir la ley y la
Constitución vigentes, atropellando los 2/3 de mayoría
para aprobar todos los puntos de la nueva Carta Magna en
la Constituyente. Al tergiversar con una interpretación
racista en lo étnico y balcanizante en lo territorial,
de autonomías departamentales que fueran acordadas de
acuerdo a ley. Al atropellar derechos de personas, cual
toro en tienda de porcelana, recluyendo sin previo
proceso o deportando por encargo de mandantes
extranjeros.
Y ahora me toca redoblar el tambor por la libertad de
prensa. Porque el 20 de octubre de 2005, un despacho
desde París daba cuenta de que Bolivia, en la ilustre
compañía de Costa Rica, Uruguay y Chile, ocupaba los
primeros puestos en la América Latina y el Caribe
respecto a la libertad de prensa. Pero así como las
malas compañías malearon a Pinocho, al que le creció la
nariz por mentiroso, quizá el apego a Cuba y Venezuela
del gobierno de Morales ha deleznado el panorama
respecto a la libertad de expresión. Pareciera que el
doble discurso que lo distingue, más que algún percance
futbolero, le han hinchado la trompa para que no vea más
allá de sus narices, haciéndole ciego y sordo a
reflexiones de que no sucumba a la tentación
totalitaria; que Bolivia no es ni Venezuela ni Cuba,
como su ídolo el Ché bien lo supo.
Porque si se trata de ejemplos que Evo Morales parece imitar,
atañe anotar que Cuba
sigue a la cola del respeto a la libertad de prensa en
América Latina y el Caribe. En el año 2004 ocupó la
penúltima plaza mundial, y si bien pasó al año siguiente
a la séptima por la cola, fue porque la situación de la
prensa en otros países degeneró de mala a pésima. A su
vez, el egocéntrico caudillo venezolano, empezó el
último mes de 2006 revocando la licencia al primer canal
comercial de televisión de Venezuela, con más de 50 años
de existencia; otros medios son acusados por el gobierno
de ser opositores suyos y publicar mentiras en su
detrimento. Tales son excesos tolerables en las
democracias con libertad de expresión, pero son pecado
mortal en un régimen populista autocrático como el de
Hugo Chávez.
Los medios de comunicación y los esforzados periodistas
bolivianos que cumplen su labor informativa, deben poner
las barbas en remojo en la medida de que el libreto
venezolano sigue su fiel transmutación en la versión
indigenista aymara de Evo Morales. Ya hay atisbos de las
patotas de matones que en Venezuela acosan y hostilizan
a quienes resisten el régimen autócrata del caudillo
venezolano. Para muestra basta el brutal ataque que
sufrieron los periodistas, reporteros gráficos y
camarógrafos de varios medios por rabiosos pobladores el
pasado 15 de diciembre en San Julián. Lo más serio es
que la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) atribuye
el ataque a corrientes bien identificadas “que inducen a
estigmatizar y descalificar la tarea de periodistas,
exacerbando irresponsablemente en su contra los ánimos
de determinados sectores de la población". Empezando por
el Presidente Morales.
Importantes televisoras como PAT y UNITEL ya han sido
objeto de ataques verbales y atropellos materiales, al
extremo de que Carlos Mesa, ejecutivo máximo de la
primera y que le debe a la palestra periodística su
ascensión a vicepresidente y luego a Presidente de los
bolivianos, le recuerda a un Álvaro García Linera que
fue también propulsado a la vicepresidencia por su rol
de criticón de los gobiernos de turno en un programa
televisivo de PAT.
Y es que como recomiendan los acosados periodistas
venezolanos, los
medios tienen que aprender a convivir con el gobierno y
el gobierno tiene que aprender a ser tolerante con los
medios. Pero según el presidente del Colegio Nacional de
Periodistas, “en Venezuela a los medios privados y a los
que se le considera enemigos del gobierno se les
limita,” menoscabando la Constitución, que “establece
que la comunicación es libre, plural, oportuna y veraz y
que todos tenemos el derecho de expresar libremente
nuestro pensamiento por cualquier medio impreso,
audiovisual o de cualquier otra forma”.
Pareciera
que la libertad de expresión y su institucionalización
en los medios de comunicación, están hoy, a poco más de
un año del gobierno de Evo Morales, en el descenso de un
tobogán que llevará al país a un trastazo totalitario: a
fines del año 2005 Bolivia fue evaluada en la cima o
cumbre de países respetuosos de la libertad de prensa;
catorce meses después está en bajada a la sima o abismo
de los atropelladores de ella.
Tan preocupante es la situación, que el
informe 2006 de la Asamblea Permanente de Derechos
Humanos, señala que existe peligro reflejado en
limitaciones a la libertad de expresión y agresión a
periodistas; intolerancia con diferencias de opinión y
pensamiento políticos. El seminario internacional
“Asamblea Constituyente y libertad de prensa en
Bolivia”, organizado por la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP) y la ANP manifiesta la expectativa de que
la Asamblea Constituyente reafirme, consolide y
fortalezca la garantía y la promoción de los derechos
ciudadanos a la libre expresión y a la libertad de
prensa. ¿Serán exhortaciones que caerán en oídos sordos
por totalitarios?
|