La libertad en tobogán totalitario

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Enero 2007     

 

Winston Estremadoiro

Yo que hoy lo critico, mañana tendría la hidalguía de felicitar a un Evo Morales convertido en exitoso mandatario, presidiendo un país bullente como un colmenar solidario, laborioso y productivo. Pero no lo es. En lo económico, quizá el último gafe es que la hormiga pique la pata callosa del elefante, en el gesto risible de exigir visa a estadounidenses, porque debe regir reciprocidad, cuando de haberla, es decir, que no se requiriese visa para viajar a los States, ya el país se hubiese quedado sin habitantes.

 

Son demasiados los errores políticos del gobierno. El más preocupante es menoscabar sostenidamente la democracia que nos privilegia. Al incumplir la ley y la Constitución vigentes, atropellando los 2/3 de mayoría para aprobar todos los puntos de la nueva Carta Magna en la Constituyente. Al tergiversar con una interpretación racista en lo étnico y balcanizante en lo territorial, de autonomías departamentales que fueran acordadas de acuerdo a ley. Al atropellar derechos de personas, cual toro en tienda de porcelana, recluyendo  sin previo proceso o deportando por encargo de mandantes extranjeros.

 

Y ahora me toca redoblar el tambor por la libertad de prensa. Porque el 20 de octubre de 2005, un despacho desde París daba cuenta de que Bolivia, en la ilustre compañía de Costa Rica, Uruguay y Chile, ocupaba los primeros puestos en la América Latina y el Caribe respecto a la libertad de prensa. Pero así como las malas compañías malearon a Pinocho, al que le creció la nariz por mentiroso, quizá el apego a Cuba y Venezuela del gobierno de Morales ha deleznado el panorama respecto a la libertad de expresión. Pareciera que el doble discurso que lo distingue, más que algún percance futbolero, le han hinchado la trompa para que no vea más allá de sus narices, haciéndole ciego y sordo a reflexiones de que no sucumba a la tentación totalitaria; que Bolivia no es ni Venezuela ni Cuba, como su ídolo el Ché bien lo supo.

 

Porque si se trata de ejemplos que Evo Morales parece imitar, atañe anotar que Cuba sigue a la cola del respeto a la libertad de prensa en América Latina y el Caribe. En el año 2004 ocupó la penúltima plaza mundial, y si bien pasó al año siguiente a la séptima por la cola, fue porque la situación de la prensa en otros países degeneró de mala a pésima. A su vez, el egocéntrico caudillo venezolano, empezó el último mes de 2006 revocando la licencia al primer canal comercial de televisión de Venezuela, con más de 50 años de existencia; otros medios son acusados por el gobierno de ser opositores suyos y publicar mentiras en su detrimento. Tales son excesos tolerables en las democracias con libertad de expresión, pero son pecado mortal en un régimen populista autocrático como el de Hugo Chávez.


Los medios de comunicación y los esforzados periodistas bolivianos que cumplen su labor informativa, deben poner las barbas en remojo en la medida de que el libreto venezolano sigue su fiel transmutación en la versión indigenista aymara de Evo Morales. Ya hay atisbos de las patotas de matones que en Venezuela acosan y hostilizan a quienes resisten el régimen autócrata del caudillo venezolano. Para muestra basta el brutal ataque que sufrieron los periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos de varios medios por rabiosos pobladores el pasado 15 de diciembre en San Julián. Lo más serio es que la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) atribuye el ataque a corrientes bien identificadas “que inducen a estigmatizar y descalificar la tarea de periodistas, exacerbando irresponsablemente en su contra los ánimos de determinados sectores de la población". Empezando por el Presidente Morales.

 

Importantes televisoras como PAT y UNITEL ya han sido objeto de ataques verbales y atropellos materiales, al extremo de que Carlos Mesa, ejecutivo máximo de la primera y que le debe a la palestra periodística su ascensión a vicepresidente y luego a Presidente de los bolivianos, le recuerda a un Álvaro García Linera que fue también propulsado a la vicepresidencia por su rol de criticón de los gobiernos de turno en un programa televisivo de PAT.  

 

Y es que como recomiendan los acosados periodistas venezolanos, los medios tienen que aprender a convivir con el gobierno y el gobierno tiene que aprender a ser tolerante con los medios. Pero según el presidente del Colegio Nacional de Periodistas, “en Venezuela a los medios privados y a los que se le considera enemigos del gobierno se les limita,” menoscabando la Constitución, que “establece que la comunicación es libre, plural, oportuna y veraz y que todos tenemos el derecho de expresar libremente nuestro pensamiento por cualquier medio impreso, audiovisual o de cualquier otra forma”.

 

Pareciera que la libertad de expresión y su institucionalización en los medios de comunicación, están hoy, a poco más de un año del gobierno de Evo Morales, en el descenso de un tobogán que llevará al país a un trastazo totalitario: a fines del año 2005 Bolivia fue evaluada en la cima o cumbre de países respetuosos de la libertad de prensa; catorce meses después está en bajada a la sima o abismo de los atropelladores de ella.      

 

Tan preocupante es la situación, que el informe 2006 de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, señala que existe peligro reflejado en limitaciones a la libertad de expresión y agresión a periodistas; intolerancia con diferencias de opinión y pensamiento políticos. El seminario internacional “Asamblea Constituyente y libertad de prensa en Bolivia”, organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la ANP manifiesta la expectativa de que la Asamblea Constituyente reafirme, consolide y fortalezca la garantía y la promoción de los derechos ciudadanos a la libre expresión y a la libertad de prensa. ¿Serán exhortaciones que caerán en oídos sordos por totalitarios?

 

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