Lo que se viene en el Poder Judicial

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Enero 2007     

 

Winston Estremadoiro

No se necesita ser yatiri para vaticinar lo que se viene en el Poder Judicial, sentenciaba un amigo que me adjuntó un despacho de Human Rights Watch, centinela de los derechos humanos, en la que se evalúan atentados a la separación de poderes y a la autonomía del Poder Judicial, perpetrados en la Venezuela de Hugo Chávez. Fue oportuno aporte en virtud del ataque del Presidente Evo Morales en la inauguración del año judicial, que exacerbara la leyenda negra que tiñe la labor de los juzgadores.

 

Ya vendrán entidades y estudiosos a ponderar post mortem lo que pudiera suceder con la democracia y la vigencia de derechos fundamentales en Bolivia. Mi oficio es adelantarme a tales situaciones. Alertar de su peligro en variadas formas: sardónica a veces, divertida otras; alguna grave como un revólver apuntando al pecho. Casi siempre entretenidas, que pienso que es el estilo más didáctico, porque mal haría en adoptar tono fúnebre así a veces la temática lo imponga o el ánimo me predisponga.

 

Aparte del escaso talento para cumplir la impronta que pretendo dar a mis notas, hoy me asiste no tanto ser juez, pero sí parte del sacrificado gremio jurisdiccional. En efecto, me declaro sufrido príncipe consorte de una jueza, magíster en formación profesional y hoy sacrificada magistrada de carrera, a la que extraño en esa hora del alba en que tordos y gorriones trinan requiebros y el amor conyugal es más dulce, ocupada que está estudiando expedientes que se trae a casa, en la diaria servidumbre de plazos procesales que la agobian.  

 

Salgo pues al frente de la falacia de achacar la retardación de justicia a la flojera de jueces y magistrados. Me apoya el discurso de la presidenta de la Corte Superior de Distrito de Cochabamba, en ocasión de inaugurar el Año Judicial 2007: María del Carmen Ponce de Rocha dejó clara evidencia de que la mentada mora judicial se debe al insuficiente número de jueces y vocales.  

 

Es prueba de que los bolivianos somos pleitistas, el ingreso de 202 causas por día hábil, para sólo 122 jueces y magistrados en el distrito judicial de Cochabamba, avalancha que apuesto se repite en las urbes más populosas del país. Solo en el área civil, 5 vocales han atendido más de 223 causas en 2006, acelerando el plazo judicial de 3 días para estudiar cada proceso, muchos de varios cuerpos de extensión, debido a la combinación de chicanería jurídica y verborrea que muchos abogados confunden con efectiva erudición procesal. Semejante carga requeriría 16 magistrados trabajando sin domingos ni feriados a lo largo del año. Aún así, han resuelto el 96.4% de las causas en movimiento.

 

La mora judicial se debe en gran parte a que el nombramiento de ministros del Poder Judicial se debate en una guerra boba en el Congreso. Si bien tal trámite inhibe que el gobierno de turno soslaye la separación de poderes y la autonomía del estamento judicial que prevé la Constitución, copar el Poder Judicial y hacerlo lacayo de sus caprichos es un objetivo de siempre de la alta “política” criolla, al que no se sustrae el gobierno actual. Porque si de opositor en otros tiempos, Evo Morales corcoveó el intento de Carlos Mesa de cortar el nudo gordiano con la espada de nombramientos por decreto, una vez presidente de la nación incurrió en la misma práctica artificiosa, cuyo fin no es acelerar la administración de justicia, sino servirse de ella para sus fines.

 

El propósito actual parece ser el afán totalitario de un gobierno que viene siguiendo a pie juntillas un libreto digitado en Caracas. Como en Venezuela, se asedia en Bolivia la separación de poderes. Allí y aquí, la Constitución salvaguarda la autonomía de los poderes del Estado, exigiendo la mayoría de 2/3 para aprobar la modificación de leyes que rigen su estructura y funcionamiento. Asamblea Nacional allí, Asamblea Constituyente aquí, ambas violan la salvaguardia constitucional al aprobar por mayoría absoluta. Como allí, aquí se manipularán cambios sustantivos al texto de la Constitución, fusionando artículos para evitar debates plenarios sobre cada uno de ellos. Como allí, con el nombramiento a dedo de ministros de la Corte Suprema, aquí se ha iniciado el copamiento del Poder Judicial. Como allí, so pretexto de aliviar la pesada carga procesal, aquí se repetirán argucias de aumentar ministros de la Corte Suprema, pero con adláteres del régimen elegidos por mayoría simple. Como allí, el poder para purgar la Corte Suprema de Justicia será otro eslabón para gobernar a capricho; aquí se manifestará a través de mecanismos oclocráticos, como el anunciado poder ciudadano, con facultades para acosar, suspender y remover a los respondones.

 

Un aspecto de la variante evista del experimento populista chavista es la llamada justicia comunitaria. Yo conozco suficiente campo boliviano para ensalzar el rol moderador que tienen ancianos y autoridades nativas, al que las comunidades conceden fueros, respetando sus determinaciones. Pero, ¿qué más racista que una justicia comunitaria que excluirá a sabe Dios cuántos bolivianos del principio universal de la igualdad ante la ley? Si se expulsa de la comunidad indígena a un asesino penado antes con resarcimiento de Bs 1.000 y una vaca, ¿será la hoguera y un chancho, sin derecho al chicharrón -que sería el perla-, si reincide en Punata?

 

El meollo del tema es que los atentados se perpetran luego de perforar la sabia norma democrática de los 2/3 para la aprobación, sea en la Asamblea Constituyente o en el Congreso, de cambios que pareciendo inofensivos, son una avanzadilla de poder totalitario de caciques y feudos políticos que atentan contra la democracia. Tanto mayor la razón para no aflojar en la defensa de los 2/3, que significan apego a la ley y a la Constitución, y que hoy se encuentra bajo el fuego nutrido de autoritarismos de nuevo cuño. 

 

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