Winston Estremadoiro

La amnesia colectiva sobre YPFB  

Junio 2005     

 

Winston Estremadoiro

Sin ser experto en todo lo que escribo, en temas petroleros proclamo que supero el trance con un poquito de ayuda de mis amigos, como traduce una canción que más me gusta cantada por Joe Cocker que por los Beatles. Introito que es para celebrar, y aquilatar, un decreto de los 3 que reglamentan la nueva Ley de Hidrocarburos, emitidos por el Presidente Rodríguez, varón callado que en aplicar la ley ojala sea de caminar quieto y garrote grande, citando una frase de Theodore Roosevelt. La ley de marras salió contusa por los arañazos y mordiscos de la pelea de perros de su gestación y aprobación en el Congreso, luego de que el can presidencial anterior resultara un poodle francés cuando el país requería un pastor alemán. No terminó la ley su penoso nacer, que vociferantes del 50% de regalías cambiaron tonada a un yaraví tonto de nacionalizar lo que es nuestro.

 

Valgan algunas notas al margen sobre el Decreto 28224,  que despierten a la gente de la amnesia sobre YPFB. Otra obnubilación que cual catarata senil nubla los ojos de los bolivianos, he hurgado el tema un par de veces, (Medición y contabilidad en el negocio petrolero, septiembre 2002; Medidores de flujo, no candados, abril 2005). Pienso que lo más prometedor del 28224 es crear el Centro Nacional de Medición y Control de Producción y Transporte, ¿CENAMECO?

 

Un petrolero con quien he compartido tragos y penas en Santa Cruz, insiste que la vocación primaria del nuevo YPFB es asegurar que las petroleras paguen lo justo por impuestos y regalías, sin escamotear un dólar. Esto solo es posible si se sabe lo que están produciendo; la exactitud en medidores de flujo es esencial. En los campos de producción, tales artilugios han sido calibrados una vez en la última década, cuando deberían hacerlo cada 3 meses, o, cuando menos, cada semestre. Ojala que CENAMECO no se meta a calibración y medición por cuenta propia, lo que las haría tan fáciles de aceitar como sacar un brevet en Tránsito. Volver a tiempos del escamoteo, como el descarado de Madrejones, hace varios años, luego de que se apagara un incendio en el que ardió una chimenea de gas del tamaño de una casa. ¿Pagó la concesionaria daños al Estado –millones de metros cúbicos de gas quemados- por la negligencia en prevenir o solucionar dicho percance? ¿O repartió talegazos acalladores, desde el Presidente de la república hasta los ejecutivos de YPFB? Una vez aceitados los mandamases, tal vez compensando el gasto, por años tal petrolera despachó petróleo y gas a Argentina sin control.

 

Risa sardónica provoca que se instruya “a las Fuerzas Armadas y a la Policía coordinar acciones para asegurar que la empresa estatal del petróleo cumpla su nuevo papel de dirección y fiscalización del negocio”. Imaginen un paquito exigiendo a técnicos gauchos de la planta de Margarita ¡so brivet! Aquieta mis sospechas si lo que se propone es sentar el dominio del Estado en los campos petroleros, otorgando las garantías de conservación y seguridad necesarias: ojalá pongan fin a los cierres de válvulas de ductos y ocupaciones de instalaciones petroleras por pelafustanes sindicales.    

      

Alquimia para trocar corruptos en millonarios es “asignar recursos para que YPFB pueda hacer negocios en la cadena de hidrocarburos”. Hay un conflicto de interés: si un YPFB regulador va a ser empresa productora otra vez, ¿quién regulará al regulador? Es meter al zorro en el gallinero, dice mi amigo; otra vez, digo yo. Un garganta profunda con experiencia en Camiri, Yacuiba y Cochabamba, me eriza la nuca contándome de latrocinios en YPFB. Desde la ratería de gasolina de chóferes con cupo diario, hasta la colusión de capos retribuidos con pegas por favores a transnacionales.

 

Tan satanizada la capitalización, pregúntense por qué los trabajadores de YPFB la aceptaron. Pues porque se urdió hacerles cómplices con sobornos de disfraz: a obreros les tocaron unos $25.000, a técnicos más de $50,000, en acciones de la capitalizada. Luego los “sucios” vendieron sus valores a un banco, donde movía los hilos un ejecutivo piola. Quizá por eso, pululan como chulupis los sindicateros, buscando repetir la comilona con la nacionalización de hidrocarburos.

 

Dan para un libro los casos de dolo en empresas del Estado. Haciéndole competencia desleal a YPFB, ahí está una empresa de aceites surgida de la nada, favorecida con ventas forzosas de YPFB de materia prima para lubricantes. ¿Alguien se acuerda del senador que apodaron Bencinas, o de algún otro que tuvo que rajar del país por sus negociados con el diesel? Con la plata que tienen, volverán a la palestra política disfrazados de movimientos sociales o de agrupación ciudadana a favor de nacionalización. ¿Acaso cortan alas a mayoristas que maman sin licitar una jugosa teta del precio de los carburantes? ¿Y qué de la repartija política de vivos de empresas formadas de la noche a la mañana para instalar gas natural? Su cortedad de miras y limitaciones de capital frenan llevar gas barato a la gente.    

   

A contrapelo de la historia, seguirá la idiota amnesia y reincidir en que el Estado retome rol empresarial donde ha sido un fracaso: YPFB volverá a ser la vaca lechera de los gastos corrientes de gobiernos de turno. En vez de seguir el ejemplo de una China comunista de 25 años de privatización y crecimiento del 9% anual, paredón y cárcel para corruptos de por medio. ¿Privatizará el gobierno otras 100,000 empresas estatales en los próximos 5 años?, preguntó Andrés Oppenheimer en China hace poco. No, la cifra va a ser mucho más alta, respondió el ejecutivo de la poderosa, y proba, Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma. Claro, allí las inversiones foráneas han convertido al sector privado en motor del crecimiento económico y principal fuente de empleo. Como para ponerse verde de envidia en Bolivia.

 

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