Leía distraído los pormenores de la firma del acuerdo
firmado el 26 de marzo en Santa Cruz de la Sierra, entre
el ministro de Hidrocarburos boliviano y el ministro de
Planificación e Inversiones argentino. La fanfarria de
cifras es impresionante: $1.940 millones de dólares a
invertirse en el Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA)
y en una Planta de Extracción de Licuables en Tarija. A
partir de 2009 se exportarán 27.7 MMm3 diarios de gas
seco a la Argentina. En los próximos 20 años, Bolivia
percibirá $17.000 millones de dólares por la venta de
gas y otros $7.900 millones por el GLP y la gasolina
natural. La
planta de separación de líquidos estará ubicada en Campo
Pajoso, a 15 kilómetros de Yacuiba, y será de propiedad
plena de YPFB. El crédito de $440 millones de dólares
para construirla será argentino.
Estos días ando como can de la raza
Pointer, olisqueando el aroma nauseabundo de la corrupción, o
pescando ráfagas de aire caliente en tanta propaganda
gubernamental. Una primera levantada de patita tuvo que
ver con lo que costaría la Planta de Separación de
Líquidos, que no guardaba relación con los cerca de $50
millones estimados en un estudio de factibilidad,
licitado en 2006 por la Prefectura de Tarija a través
del PNUD.
Menos mal que consulté a unos técnicos que participaron
en el indicado estudio. La planta de Campo Pajoso es
inmensa, con una capacidad de procesamiento diario de 8
a 10 veces superior a la planta en Villamontes.
Procesará casi un millardo de pies cúbicos por día, lo
que justifica su costo varias veces superior.
Vaya y pase. Pero también me informé de que semejante
capacidad de proceso succionará mucho del gas de la
región chaqueña donde está más del 80% de las reservas
actuales de Bolivia. Lo sugestivo es que la producción
será para exportar gas seco a Argentina, lógico. Pero de
allí irá a Uruguay, a Paraguay, al sur de Brasil, a
Chile. Y quise plagiar el tango
Adiós
muchachos,
pero refiriéndome a los compañeros de la idea del nodo
energético, o el Señor de los Anillos de la energía del
MERCOSUR, en Bolivia.
Con la duda carcomiendo por dentro, casi me caigo del
sillón con las gambas para arriba, al grito de ¡exijo
una explicación! como Condorito, al revisar el
cronograma del acuerdo boliviano-argentino. En la planta
de licuados de Campo Pajoso, en abril 2007 se contempla
considerar y aprobar
el pliego de condiciones por parte de los directorios de
YPFB y Enarsa; en mayo llamar a concurso a firmas
bolivianas y argentinas para la ingeniería conceptual,
ingeniería básica y estudios ambientales, definidos por
una comisión binacional y ejecutado por Enarsa; en junio
se adjudicará el concurso; en agosto finalizará la
ingeniería conceptual y el mes siguiente se iniciarán la
ingeniería básica y los estudios ambientales; en
diciembre acaban los estudios. En enero de 2008 se
iniciará la construcción de la Planta de Extracción de
Licuables y Sistema de Evacuación; también ese año se
decidirá e implementará el sistema de comercialización.
En diciembre 2009 entrará en operación la Planta de
Extracción de Licuables y su Sistema de Evacuación. ¡Ni
que fuéramos japoneses!
Un amigo me recomendó leer
Confessions of an Economic Hit Man
de John Perkins.
En inglés
hit
man
viene a ser asesino a sueldo, pero prefiero traducir el
título como
Confesiones de un francotirador económico.
El efecto que tuvo la obra en medios corporativos y
financieros del primer mundo, fue más obús con láser que
rifle con mira telescópica. Trata sobre tejemanejes de
expertos de corporaciones financieras e industriales y
firmas energéticas y de construcción, que disponen de
sofisticados instrumentos de proyección financiera y
económica. Que asesoran a países poco desarrollados pero
ricos en recursos naturales, a meterse en proyectos
enormes, para los cuales se requieren préstamos inflados
(o pagos en especie), de instituciones financieras
internacionales, para pagar contratos de contratistas de
países del que vienen los expertos. Ese es un anillo del
que nuestro país no será señor, peor aún cuando sus
asesores son venezolanos o mozalbetes
Rugrats.
Creo que entre países priman más los intereses que la
amistad. Que el pez grande se come al mediano y éste al
chico, peor si distraído, o estúpido. En la actual olla
podrida de un gobierno de tongos y su nuevo YPFB pleno
de traspiés, dudoso es que el acuerdo
boliviano-argentino se haya ceñido a una política
nacional de hidrocarburos, porque tal no existe.
En el cronograma de la planta de Campo Pajoso hay
bastante paja. Si bien hasta hace 4 años andaban sin
pega los que construyen plantas, hoy la cosa ha
cambiado. En Europa, Estados Unidos, Canadá, Rusia,
Australia y el Lejano Oriente hay fiebre de demanda de
plantas de procesamiento de hidrocarburos. Los proyectos
en construcción suman unos $600.000 millones de dólares.
Se calcula que el rezago entre nuevos pedidos y su
entrega es de dos años como mínimo.
Empeora la cosa si el proyecto requiere financiamiento
externo, así sea argentino. Los problemas de entrega se
agudizan por la percepción de los factores de riesgo
político y económico. Hoy que en Bolivia hasta el
gobierno ha reconocido que no tiene la producción
necesaria para cumplir los nuevos contratos, aunque
rehúsa apuntar como culpable al tongo de la
nacionalización del 1 de mayo de 2006, ¿a qué empedrado
le echará la culpa el cojo, cuando el proyecto sea tan
lerdo y chambón como los petrocontratos?
Cantemos un Adiós Muchachos, compañeros a
la ilusión de Bolivia como nodo energético de la
Sudamérica meridional. El acuerdo con Argentina podría
tener algo de tango, uno que siempre han dirigido
gobiernos argentinos mete pierna. Y mucho de tongo, ese
que caracteriza a supuestos logros con los que el
gobierno de Evo Morales está engrupiendo a un pueblo
boliviano poco informado.