Winston Estremadoiro

Evo, ¿nuevo?, ¡huevo!

Abril 2007

 

Hace semanas cavilo sobre un clarinazo con el sucinto título de arriba. Aclaro que no es peyorativo, al tratarse de un mestizo, cualidad que biológica y/o culturalmente une -no separa- a los bolivianos, que devino a mandatario elegido por un electorado cansado de una burguesía parasitaria, agotado de pillastres dedicados a la política como medio de enriquecimiento rápido, no de vocación de bien público.

 

Entonces una amiga, Constituyente oficialista ella, me alborotó los petos, como en el oriente boliviano llamamos a las avispas. En vez de insuflar esperanzas de que la Asamblea Constituyente no sea otra mamada venezolana del gobierno, siendo que hasta ahora no ha consensuado ni una coma, me rebotó un correo algo incitador. Era una reflexión enviada por un ciudadano bien intencionado, en sentido de que nuestros males no están solo en ese endémico mal gobierno que nos aflige, sino en la materia prima de la calidad ética de los bolivianos.

 

Lo provocativo fue la respuesta de un senador del MAS, botón de muestra de k’aras en el gobierno y pareja de un regante pirómano de prefecturas disidentes. Mereció mi atención porque es un mejunje de lo que precisamente criticaba la reflexión sobre la madera de los bolivianos, deformada por la humedad del raquitismo ético, o carcomida por las termitas de la corrupción, o afeada por la manchosa adulonería en la política.

 

No podré tocar todas las burradas, pero le salgo al frente a las que quepan en este artículo. Primero, porque no son “nimias ni mínimas las fallas” de los bolivianos anotadas en la reflexión, “considerando la gran revuelta de cambio y progreso histórico que vamos forjando en un año y cuatro meses de verdadera, inicial, transformación de Nuestra Bolivia, gracias al gobierno de Evo Morales Aima” (llunquerío puro). ¿Cómo va a ser sin importancia que ensalcen a vivillos que se hacen ricos de la noche a la mañana sin trabajar, y se desdeñe la formación de familias en base a valores como el respeto a los demás? ¿En Bolivia es mínima acaso la deshonestidad de pequeñas raterías, de licencias para conducir y certificados médicos que se compran, que luego progresan a cobro por avales, sobornos que obtienen votos en el Congreso y latrocinios de alto vuelo en negociados del Estado?    

 

Segundo, si la clase media votó por Evo Morales, es exagerado decir que “toda nuestra clase media, nuestra arcilla humana, aun no está en condiciones de aceptar, colaborar y mucho menos de comprometerse con la transformación revolucionaria que se prepara este año y los próximos.” En el contexto actual de improvisaciones y acciones impulsivas, más por efectos mediáticos que por logros reales, que luego tienen que suavizarse en penosos quiebres de cola de los mandamases, ¿de qué transformaciones habla?

 

Tercero, es mentira el que “no existe la posibilidad de otro escenario.” ¿No se ha enterado el senador de variantes de cambio en Brasil y Chile, sosegadas pero sistemáticas y efectivas? ¿No sabe del astuto pareo de socialismo político y liberalismo económico, que está haciendo una potencia mundial de China?

 

Cuarto, es melodrama sentenciar que, “o avanzamos triunfalmente o damos marcha atrás, a revender el país”: ¿acaso no se está pasando de la dependencia gringa a la subyugación caribeña?; a “cambiar de bandera nacional”: ¿quiénes flamean el mamotreto de la tricolor cosida a la advenediza whipala?; “a sustituir el idioma”: ¿no será el español que hablan 90% de los bolivianos y 50% de latinoamericanos? El trastoque mentiroso de la historia ¿acaso no es obra de ideólogos de ‘originarismos’ falaces de paraísos incaicos o aymaras que nunca existieron?

 

Quinto, la reflexión bien intencionada censura como malos bolivianos a congresistas que trabajan unos pocos días al año, se dan el aire de Catones en otro tanto, pero cobran como altos ejecutivos todos los meses. ¿No será el senador grandilocuente uno de ellos, al denostar a emigrantes que parten a otras tierras, “cortando trenzas y cambiando pollera a su madre, a su esposa, a sus hijas; cambiando las abarcas por calzados”, sin compadecerse que tales son sacrificios de afligidos compatriotas que buscan recuperar su dignidad con empleos foráneos que la patria les niega?

 

Es tapar el sol con un dedo negar que Evo Morales llegó al poder en andas de huestes cocaleras bien aviadas por el circuito coca-cocaína. Que hizo un instrumento político de sigla comprada, sin programa, ni prioridades, ni cuadros políticos, salvo variopintos caciques de turbas endiosadas hoy bajo el rótulo de ‘movimientos sociales’. Que su discurso encubre etnocentrismo de corte aymara, con el ridículo proyecto de dividir el país en 36 ‘naciones originarias’. Que la insania llega al extremo de propugnar que declaren oficiales a 38 lenguas: 6 de las cuales son conocidas por menos de 100 infelices, 9 son habladas por menos de 500 personas y otras 10 por menos de 10.000 habitantes. Todo mientras el 37,5% de los bolivianos habla un idioma nativo y español, lengua franca en que se entiende otro 50,5%.

 

Tales son obtusas prioridades de cambio en esta patria con nota deficiente en por lo menos 4 áreas para merecer título de soberana: una, efectivo control de su territorio; dos, voluntad de imponer equitativo acatamiento de derechos y obligaciones en todos sus ciudadanos; tres, vigencia y respeto a sus instituciones; y cuatro, capacidad para dar empleo digno, salud y educación a sus gentes.   

 

Con panegíricos como los del senador de marras, es evidente que lo que cambia son las moscas, no la bosta. Y a pesar de la propaganda y de los adulones, lo nuevo en el liderazgo actual no existe, sino que es más de lo mismo. Si se salen con la suya con el prorroguismo autoritario y antidemocrático, serán otros 20 años perdidos a la insensatez de la ignorancia, el fanatismo y la tiranía. Evo, ¿nuevo?, ¡huevo!

 

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