Winston Estremadoiro

El Parque Madidi y falsos “originarios”

Mayo 2007

 

Recibí un correo de Carla Ortiz, bella actriz a quien me une haber nacido ambos en un sagitariano mismo día de diciembre; eso sí, separados por cuatro décadas, maldita sea. Me convirtió en el firmante número 66 de una petición mundial redactada en 7 idiomas, dirigida al director de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), para que “garantice la protección y conservación del Parque Madidi por los próximos 1.000 años (tiempo de vida aproximado de los árboles)”.

 

El mismo día se inició una campaña de recolección de un millón de cartas al presidente de la FIFA, para revertir el veto al fútbol boliviano de altura, por la mariconería brasileña de jugar en estadios encima de 2.500 metros. Motivó que el Presidente, entusiasta futbolista él, convocase a prefectos y alcaldes de Potosí, Oruro, Cochabamba, Sucre y La Paz, “a fin de elaborar una estrategia agresiva de defensa”.

 

No creo que similar diligencia movilice al gobierno para poner coto a la agresión al Parque Madidi. Después de todo, el que un grupo de campesinos embosque a 25 timoratos militares en Apolo, hiriendo a 13 de ellos, quitando armas, municiones, equipos antidisturbios y destrozando su vehículo, viene poco después de que en el territorio cocalero libre del Chapare, campesinos emboscaran, pegaran, desnudaran y secuestraran a unos tímidos policías y fiscales que indagaban sobre autos robados. Todo quedará impune.

 

Detrás de tal muestra de un Estado enclenque, incapaz de controlar el territorio bajo el imperio de la ley, “están intereses madereros y del narcotráfico”, dice el mismísimo ministro de Defensa. Es prognosis válida para Apolo e Ivirgarzama, zonas en que los madereros fomentan la tala de árboles en los parques nacionales Madidi y Carrasco, respectivamente, para que luego se chaqueen terrenos y surjan nuevos eriales de coca para el narcotráfico.

 

Uno de los imaginarios falaces que alimenta el régimen de Evo Morales se asienta en el concepto de “originario”. En una reciente consulta de Constituyentes con instituciones, una jurisconsulta tuvo el coraje de preguntar que si habrá una justicia comunitaria para los originarios y otra ordinaria para el resto de los mortales, ¿qué parámetros definían el bendito comodín de ser “originario”? Una constituyente, mestiza ella como la mayoría de los bolivianos, pero que viste pollera heredada de los españoles, reaccionó airada, saliéndose por la tangente y haciéndose a la mártir, con alaridos de que “¡hasta el ser originarios nos quieren quitar!”

 

De acuerdo a conveniencia, seguro que el paraguas de impunidad que otorga el “originario”, cobijará a campesinos que quieren talar, lotear, chaquear y sembrar coca en el Parque Madidi. La cruda realidad del falaz apelativo se muestra, nítida, cuando se considera que la principal demanda campesina es anular la titulación del Territorio Comunitario de Origen (TCO) de los Lecos, grupo indígena realmente “originario”, cuya lengua, nótese el contrasentido, es una de 39 que serían “oficiales” en Bolivia, según la peregrina propuesta de una docena de organizaciones del partido de gobierno.

 

Porque si no fuera cuestión de poder político e intereses económicos bastardos, un gobierno de cambio propiciaría que los infelices 80 Lecos que sobreviven, se conviertan en 800 y que sean los guardaparques ecológicos de por lo menos un sector del inmenso Parque Madidi. En vez de ello, hoy el Parque Madidi es un Boquerón abandonado, sin comando ni refuerzos, como dice la canción. Qué comando, si los mandos militares parecen haber perdido las agallas a la obsecuencia política y a los petrodólares venezolanos. Qué refuerzos, si la tropa no sabe del patrimonio natural que defiende, y se rinde con facilidad, coartado de usar sus armas por cortapisas de amenazas de juicios.

 

Solo quedan iniciativas como la petición que firmé, idealista que soy. Insto a que también lo haga, amigo lector: http://www.petitiononline.com. Porque si llegamos a los 500.000 que dicen han ingresado al paraíso que es el Madidi, tal vez se escuche la voz de quienes quieren preservarle. Reflexionen que es una de las áreas protegidas de mayor relevancia ecológica y biogeográfica del planeta. Piensen que con una superficie de 1.895.750 Has., es más grande que los bosques de Centro América y México juntos. Insuflen orgullo que la prestigiosa National Geographic Society, la haya nombrado uno de los 20 destinos turísticos más importantes del mundo. Cavilen que cuenta con árboles de 700 años, que existen 6.000 especies vegetales mayores, 5.000 especies de animales y 1.000 especies de aves (sumados Europa y EE.UU. tienen solamente 380). Sensibilicen que es también hogar de indígenas que mantienen una forma de vida equilibrada con la naturaleza, y algún día pueden ser sus guardianes.

 

Solo así derrotaremos a los 600 “originarios” de organizaciones campesinas y a sus siniestros mandantes, que empleando armas y motosierras, tomaron un campamento del Servicio Nacional de Áreas Protegidas, amenazando de muerte a los guardabosques. Que emboscaron a efectivos militares bisoños. Que representan la mayor amenaza al Parque Madidi, menos de tres meses antes de su décimo aniversario.

 

No recuerdo si fue Stalin o Hitler (los dos fueron la misma bazofia), que ante quejas del Vaticano, respondió: ¿cuántas divisiones tiene el Papa? Quizá pedir al Director de la UNESCO que garantice la protección y conservación del Parque Madidi, es tan iluso como solicitarlo al Presidente Morales. Al cabo, éste también funge de máximo dirigente de los cocaleros y de movimientos sociales entre los que destacan los campesinos “originarios”. Una base de sustentación política que casi se ha comido el Parque Isiboro-Sécure y está mordisqueando el Parque Carrasco. Pero algo tenemos que hacer.

 

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