Recibí un correo de Carla Ortiz, bella actriz a quien me une
haber nacido ambos en un sagitariano mismo
día de diciembre; eso sí, separados por
cuatro décadas, maldita sea. Me convirtió en
el firmante número 66 de una petición
mundial redactada en 7 idiomas, dirigida al
director de la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO), para que “garantice
la protección y conservación del Parque
Madidi por los próximos 1.000 años (tiempo
de vida aproximado de los árboles)”.
El mismo día se inició una campaña de
recolección de un millón de cartas al
presidente de la FIFA, para revertir el veto
al fútbol boliviano de altura, por la
mariconería brasileña de jugar en estadios
encima de 2.500 metros. Motivó que el
Presidente, entusiasta futbolista él,
convocase a prefectos y alcaldes de Potosí,
Oruro, Cochabamba, Sucre y La Paz, “a fin de
elaborar una estrategia agresiva de
defensa”.
No creo que similar diligencia movilice al
gobierno para poner coto a la agresión al
Parque Madidi. Después de todo, el que un
grupo de campesinos embosque a 25 timoratos
militares en Apolo, hiriendo a 13 de ellos,
quitando armas, municiones, equipos
antidisturbios y destrozando su vehículo,
viene poco después de que en el territorio
cocalero libre del Chapare, campesinos
emboscaran, pegaran, desnudaran y
secuestraran a unos tímidos policías y
fiscales que indagaban sobre autos robados.
Todo quedará impune.
Detrás de tal muestra de un Estado
enclenque, incapaz de controlar el
territorio bajo el imperio de la ley, “están
intereses madereros y del narcotráfico”,
dice el mismísimo ministro de Defensa. Es
prognosis válida para Apolo e Ivirgarzama,
zonas en que los madereros fomentan la tala
de árboles en los parques nacionales Madidi
y Carrasco, respectivamente, para que luego
se chaqueen terrenos y surjan nuevos eriales
de coca para el narcotráfico.
Uno de los imaginarios falaces que alimenta
el régimen de Evo Morales se asienta en el
concepto de “originario”. En una reciente
consulta de Constituyentes con
instituciones, una jurisconsulta tuvo el
coraje de preguntar que si habrá una
justicia comunitaria para los originarios y
otra ordinaria para el resto de los
mortales, ¿qué parámetros definían el
bendito comodín de ser “originario”? Una
constituyente, mestiza ella como la mayoría
de los bolivianos, pero que viste pollera
heredada de los españoles, reaccionó airada,
saliéndose por la tangente y haciéndose a la
mártir, con alaridos de que “¡hasta el ser
originarios nos quieren quitar!”
De acuerdo a conveniencia, seguro que el
paraguas de impunidad que otorga el
“originario”, cobijará a campesinos que
quieren talar, lotear, chaquear y sembrar
coca en el Parque Madidi. La cruda realidad
del falaz apelativo se muestra, nítida,
cuando se considera que la principal demanda
campesina es anular la titulación del
Territorio Comunitario de Origen (TCO) de
los Lecos, grupo indígena realmente
“originario”, cuya lengua, nótese el
contrasentido, es una de 39 que serían
“oficiales” en Bolivia, según la peregrina
propuesta de una docena de organizaciones
del partido de gobierno.
Porque si no fuera cuestión de poder
político e intereses económicos bastardos,
un gobierno de cambio propiciaría que los
infelices 80 Lecos que sobreviven, se
conviertan en 800 y que sean los
guardaparques ecológicos de por lo menos un
sector del inmenso Parque Madidi. En vez de
ello, hoy el Parque Madidi es un Boquerón
abandonado, sin comando ni refuerzos, como
dice la canción. Qué comando, si los mandos
militares parecen haber perdido las agallas
a la obsecuencia política y a los
petrodólares venezolanos. Qué refuerzos, si
la tropa no sabe del patrimonio natural que
defiende, y se rinde con facilidad, coartado
de usar sus armas por cortapisas de amenazas
de juicios.
Solo quedan iniciativas como la petición que
firmé, idealista que soy. Insto a que
también lo haga, amigo lector:
http://www.petitiononline.com. Porque si
llegamos a los 500.000 que dicen han
ingresado al paraíso que es el Madidi, tal
vez se escuche la voz de quienes quieren
preservarle. Reflexionen que es una de las
áreas protegidas de mayor relevancia
ecológica y biogeográfica del planeta.
Piensen que con una superficie de 1.895.750
Has., es más grande que los bosques de
Centro América y México juntos. Insuflen
orgullo que la prestigiosa National
Geographic Society, la haya nombrado uno de
los 20 destinos turísticos más importantes
del mundo. Cavilen que cuenta con árboles de
700 años, que existen 6.000 especies
vegetales mayores, 5.000 especies de
animales y 1.000 especies de aves (sumados
Europa y EE.UU. tienen solamente 380).
Sensibilicen que es también hogar de
indígenas que mantienen una forma de vida
equilibrada con la naturaleza, y algún día
pueden ser sus guardianes.
Solo así derrotaremos a los 600
“originarios” de organizaciones campesinas y
a sus siniestros mandantes, que empleando
armas y motosierras, tomaron un campamento
del Servicio Nacional de Áreas Protegidas,
amenazando de muerte a los guardabosques.
Que emboscaron a efectivos militares
bisoños. Que representan la mayor amenaza al
Parque Madidi, menos de tres meses antes de
su décimo aniversario.
No recuerdo si fue Stalin o Hitler (los dos
fueron la misma bazofia), que ante quejas
del Vaticano, respondió: ¿cuántas divisiones
tiene el Papa? Quizá pedir al Director de la
UNESCO que garantice la protección y
conservación del Parque Madidi, es tan iluso
como solicitarlo al Presidente Morales. Al
cabo, éste también funge de máximo dirigente
de los cocaleros y de movimientos sociales
entre los que destacan los campesinos
“originarios”. Una base de sustentación
política que casi se ha comido el Parque
Isiboro-Sécure y está mordisqueando el
Parque Carrasco. Pero algo tenemos que
hacer.