A los petroleros

La industria requiere talento humano que esté a la altura de los desafíos, para que no se genere una brecha de experiencia y conocimiento.

En un reciente foro internacional sobre exploración y producción, un alto ejecutivo de una de las más importantes empresas de servicios del sector a nivel mundial sostenía que cada vez era más difícil encontrar profesionales dispuestos a embarcarse en una actividad que resulta apasionante, pero altamente demandante.

En su presentación, el disertante indicaba que las condiciones en las que se desarrolla la actividad petrolera determina el porqué las nuevas generaciones optan por otros caminos laborales. En consecuencia, lo que más le está costando a la industria energética es reponer con nuevo talento los puestos claves que por décadas han estado en manos de hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo del sector.

Este fenómeno parece replicarse en mayor o menor medida en casi todos los países donde los hidrocarburos son clave, por lo que la preocupación es global.

Si bien la industria petrolera se caracteriza por remunerar bien a sus trabajadores, al parecer el estímulo económico ya no es tan determinante en estos tiempos. Los cambios de destino constantes, los prolongados tiempos de permanencia en ambientes lejanos y hostiles, así como el escaso contacto con la familia, el trabajo bajo presión o la alta exigencia por resultados, establecen un contraste con un mundo que se acostumbró al corto plazo, los tiempos flexibles, los espacios cómodos y las gratificaciones con menor esfuerzo.

Como resultado, se calcula que, al 2020, la demanda de profesionales y técnicos en la industria crecerá un 20%, mientras que un 50% se retirará, lo que generará una brecha de conocimiento y experiencia que no deja de ser preocupante. ¿Qué hacer? es la interrogante a resolver.

Todo esto nos conduce a un sencillo análisis en el que queda claro que la actividad petrolera no es ni ha sido fácil. Es un sector de alto riesgo, con una demanda de inversiones constante y que requiere de técnicos y profesionales no sólo calificados, sino también comprometidos y a la altura de los desafíos que se deben encarar.

La industria requiere lograr un mix entre experiencia y juventud que, a la vez, posibilite una transferencia de conocimiento para que exista una generación de relevo.

La reflexión viene bien para estas fechas, cuando en el ámbito nacional se celebra el Día del Petrolero (21 de diciembre), jornada instituida para reconocer a esos valiosos hombres y mujeres que han dedicado su vida a la tarea de extraer la riqueza de las profundidades de la tierra para ponerlas al servicio de Bolivia.

Sin afán de un homenaje sensiblero, es necesario destacar que Bolivia ha recibido el aporte de profesionales y técnicos dispuestos a los sacrificios para garantizar el sostén de la industria hidrocarburífera. A ellos vaya nuestro máximo respeto.

Del otro lado, y volviendo al análisis inicial, igual de importante será asegurar que las nuevas generaciones de trabajadores del sector cuenten con todas las aptitudes y capacidades que se requieren para garantizar de aquí en más que el país continúe en el mapa regional de la energía.

Que los mismos sean conscientes de que ingresar a esta industria no significa simplemente obtener buenos ingresos, sino también aportar esfuerzo.

 

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