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Bolivia es un jugador fuerte en la región

¿Cuáles son los nuevos escenarios que se abren para la industria hidrocarburífera?
La industria está atravesando una transición. Y la volatilidad de precios que tenemos en la actualidad es parte de esa transición.
Lo que vivimos hasta hace poco es lo que se conoce como un súper ciclo, que no sólo tiene que ver con el petróleo y el gas, de hecho, en el caso boliviano, la minería y todos los demás recursos naturales han sido parte de él. Han sido años de un tremendo crecimiento a lo largo del mundo. Sin embargo, la ralentización del mercado chino y de los mercados emergentes forma parte del cambio que está ocurriendo alrededor del planeta.
En esta transición la gente no está pensando acerca de los próximos diez sino de los próximos veinte años y en cómo estará el planeta y las demandas energéticas. En cómo haremos entonces para sacar a la gente de la pobreza y resolver situaciones como la que involucra a más de 1.000 millones de personas sin energía e incluso agua potable o simplemente, qué haremos con el tema de la contaminación. En resumen, es un contexto diferente al de ciclos anteriores.
¿Qué clase de compañías podrán sobrevivir?
Es una buena pregunta. Y es pertinente meditar a fondo acerca del modelo sobre el cual trabajaremos. Si seremos un jugador sólo para el mercado local, en este caso Bolivia, o si seremos uno que pretende salir al exterior y trabajar en países vecinos, o si se busca estar en el segmento de los convencionales o en el mercado del GNL, o quizás en algo más diverso. Esa es la pregunta clave con la que todos están luchando ahora mismo.
¿Y en el caso específico de las compañías nacionales?
Existe un par de modelos que las empresas petroleras nacionales adoptan. Se ha visto a la gran mayoría básicamente aportando dividendos a los gobiernos. Y en algunos casos proveen hasta más del 90% de los ingresos para los Estados, con lo que se impulsa los programas sociales y económicos.
Sin embargo, eso está cambiando en la actualidad, particularmente en lugares donde existen híbridos como México y Brasil, donde hay deudas enormes para las empresas, las que se encuentran en un dilema, porque la cantidad de dinero que deben pagar al gobierno sigue aumentando, pero la cantidad de dinero que tienen para invertir, no. Por lo que el modelo está siendo revisado.

Por otro lado, existe otro aspecto referido a compañías estatales que han salido afuera y no han tenido suficiente éxito. Y por tanto, sus accionistas, sea la población o sea una persona en particular que compró una acción en el mercado abierto, como inversionistas en compañías públicas vienen diciendo: ¿Alguien sabe qué estamos logrando con nuestra inversión? Eso está ocasionando que las empresas comiencen a repensar su modelo.
Entonces, pienso que en este momento estamos luchando con la idea de cómo serán percibidas las empresas en los siguientes 10, 20 o más años. Las compañías necesitan enfocarse en formas más innovadoras. ¿Cómo se puede fomentar una mayor innovación? ¿Cómo se puede delegar más responsabilidades? ¿Cómo demostrarle a los accionistas, sea la población o un inversionista privado, que su inversión está yendo bien?
Las métricas están cambiando. El volumen ya no es más una métrica aceptable. Nosotros solíamos mirar las cosas basadas en el crecimiento, cuánta más producción conseguías cada año, mejor. Pero eso no necesariamente significa valor. También solíamos enfocarnos en ser más grandes, debías ser grande para ganar. Pero ese tampoco es, necesariamente, el caso. Entonces, el mundo completo de la métrica con el que juzgamos la industria está cambiando.
Por tanto, las compañías que logren salir de esto serán las que sean capaces de adaptarse rápidamente y que articulen una visión que vaya en línea con las interrogantes que estos tiempos plantean y que liste anteriormente.
¿Cuántos años más se debe esperar precios bajos?
En esencia esa pregunta tiene dos partes, una referida al petróleo y otra ligada al gas. En el caso de los líquidos comenzaremos a ver un rebalanceo más cerca del próximo año, cuando la demanda empiece a elevarse. Se está tomando tiempo y eso es normal. Estados Unidos, por ejemplo, reaccionó muy distinto de lo que la gente pensaba. Los operadores fueron mucho más rápidos y flexibles para adaptarse. Las perforaciones se volvieron más eficientes y fueron capaces de cambiar el juego y llevarlo mucho más allá. Eso mantuvo las cosas un poco en rebalanceo, así como existe un continuo crecimiento en los costos operativos de países como Arabia o Irán, lo que también contribuye a que las cosas vayan más lentas, acompañado al hecho de que estamos en un bache económico a nivel mundial.
Por lo general, el acto de balance tradicional pasa por una demanda más fuerte, como solía ser en el pasado. La ausencia de esta situación hace que el reequilibrio debiera comenzar el próximo año, cuando tendríamos que esperar un mayor jalón de la demanda. Los precios empezarán a estabilizarse y subir, pero no se dispararán porque los países emergentes no están creciendo y en otras naciones las cosas también van lentas.
¿Y en el caso del gas natural?
Cuando uno mira al gas ve un juego diferente. Tenemos tanto gas en el mundo que con su funcionalidad, como el GNL, puede que tome más tiempo para el rebalanceo. Una vez más todo esto está ligado a la economía. Hace un tiempo China revendió algunos de los cargamentos de GNL provenientes de Estados Unidos y Australia. Han habido otros países de Asia que han tomado la misma medida. Por tanto, es necesario terminar este rebalanceo que tomará un poco más de tiempo, lo que puede requerir unos cinco años más.
Esa es la razón por la cual en Bolivia existe una preocupación central acerca de la caída de los precios y el ingreso, por ejemplo, de GNL al mercado Argentino, que aunque está a un precio superior, ahora es más accesible que antes, cuando el gas boliviano costaba alrededor de 7 dólares el millón de BTU mientras el GNL estaba por los 18 dólares. Por consiguiente, esa es la amenaza que ahora debe enfrentar Bolivia, que los países importadores puedan ver al GNL más favorable que los gasoductos.
Bolivia apunta a ser el centro energético del continente ¿El país reúne las condiciones para serlo?
Bolivia siempre tuvo los recursos que puestos en una buena posición pueden permitir al país ser uno de los líderes regionales en energía. Definitivamente es una posibilidad. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que hay mucho movimiento de piezas. En Argentina comenzarán a desarrollar el shale gas, lo que les ayudará a ir hacia adelante. Y de seguro Uruguay y Paraguay podrían ser muy buenos mercados. Perú también tiene potencial para explorar. Aún con todo, no es difícil darse cuenta que Bolivia es un jugador fuerte en la región.

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