De FrenteENERGY PRESSGAS Y PETRÓLEO

Bolivia tiene algo a su favor y algo en contra

El experto brasileño habla de que la industria de petróleo y gas quiere ver qué hace el país para mejorar las condiciones de inversión. Destaca el potencial de reservas nacionales, pero admite que existen amenazas a la vista.

¿Qué momento vive el upstream latinoamericano?
Cómo todo el sector petrolero estamos pasando por un momento difícil, en el que las inversiones han caído entre un 30 y 40% en relación a los años anteriores a la caída de precios, registrada en 2014. Pese a ello, ya vemos que existe un cambio en la tendencia, por lo que el pronóstico es que los promedios de inversión en el upstream comiencen a crecer a por lo menos los términos de 2010, durante los próximos cinco años. Pienso que el sector ya salió del valle y que está comenzando a caminar hacia la montaña.
¿Qué factores están permitiendo esta recuperación?
Primero, que los países están en vías de mejorar sus términos fiscales y contractuales para que las empresas puedan invertir en un periodo de precios de crudo bajos. No hay que olvidar que los países productores deben aumentar sus reservas petroleras, por lo que no pueden parar la exploración. Países como Brasil tienen muchas reservas por desarrollar, así como Bolivia, cuya producción puede estar cayendo a partir de 2019. En ese sentido, la industria quiere ver qué están haciendo los países para que la producción se mantenga a largo plazo.
Por otra parte, existen cambios positivos a nivel político que han favorecido al upstream, tal es el caso de Argentina, Brasil o México. La gran interrogante que queda latente es qué ocurrirá en dichos países cuando se den nuevas elecciones presidenciales, por ejemplo en Brasil, en 2018; o en Argentina, cuando Macri termine su mandato y se tendrá que saber si los futuros gobiernos continuarán con una agenda más pro mercado. Para los inversionistas esa es una de las principales cuestiones a definir.
¿Qué tan competitiva puede ser la región en materia hidrocarburífera en relación a otros continentes?
Los países tienen grandes reservas de petróleo que pueden competir a nivel de costos con otras regiones del mundo. Brasil y México pueden producir, en promedio, por debajo de 50 dólares el barril. Argentina, con los no convencionales, ha conseguido avanzar en materia de costos, que hace dos o tres años llegaban a alrededor de 14 millones de dólares, y hoy en día, alcanzan a 8 o 9 millones de dólares. En el caso específico de Argentina, pienso que existe un buen futuro si las condiciones políticas se mantienen a largo plazo.
¿Cómo ve a Bolivia y su futuro energético?
Bolivia tiene algo a su favor y algo en contra. A favor, que tiene mucho potencial de reservas. En contra, que es un país mediterráneo que se queda limitado en la posibilidad de aumentar su base de exportación. Hoy en día Bolivia depende mucho de sus exportaciones a Brasil y Argentina. De hecho, Argentina puede ser un riesgo para Bolivia en el largo plazo. Pienso que si las cosas van bien, a partir de 2030 Argentina puede convertirse en un exportador de gas.
En el caso de Brasil, si bien tiene mucho gas en el Presal, tiene dos retos por delante: la infraestructura off shore, que genera un cuello de botella que no permitirá a Brasil producir más de 44 millones de metros cúbicos de gas por día después de 2020. Ese es, por hora, el límite en el Presal. Y no hay, por lo menos ahora, ningún proyecto de infraestructura posterior al 2020.
El otro tema por resolver es el costo de producción del gas en el Presal, que es más alto que el gas que viene de Bolivia. En ese marco, dependiendo de la competitividad que Bolivia pueda tener en cuanto a su gas, tiene una ventaja.
En ese sentido ¿Qué otras amenazas podrían haber para el gas que Bolivia exporta?
Pienso que las amenazas que podrían darse de los países vecinos pueden ser reducidas por causa de la competitividad del gas boliviano. Algo que la industria quiere ver es qué hace el gobierno de Bolivia para mejorar las condiciones de inversión. Sabemos que tiene un potencial muy grande y que el consumo mundial crecerá, al igual que en la región, por lo que quizás Bolivia puede exportar energía a la par de exportar gas.
Por su posición geográfica ¿Bolivia está condicionada a depender de la exportación de gas a mercados como Brasil o Argentina?
Creo que con Brasil, Bolivia tendrá más tiempo para vender gas, con Argentina pienso que no. También considero que si los gobiernos vecinos trabajan un poco más en las cuestiones políticas, Bolivia podría tener un camino abierto hacia el Pacífico para exportar su gas, sea para Chile o sea para Asia, donde las condiciones de precio del GNL sean más competitivas. Podría ser una salida.

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