China, cada vez más apetecible

Está claro que el gas natural será el energético por excelencia para las siguientes tres décadas o más. La proyección de su consumo responde a precio, disponibilidad y menor grado de contaminación, lo que hace que resulte más que apetecible para los países que lo demandan.

En esa línea, todos los grandes productores de hidrocarburos han comenzado a mirar a China como el destino más apetecido. Hace algunas semanas, Gazprom y CNOOC cerraron un histórico acuerdo por el cual Rusia venderá gas al gigante asiático por un valor de $us 456.000 millones por los próximos 30 años. Un total de 38.000 millones de metros cúbicos serán inyectados anualmente a través del gasoducto Fuerza de Siberia, una infraestructura que demandará una inversión cercana a los $us 30 billones. De igual forma, la británica BP selló la semana pasada un acuerdo por el cual venderá GNL a CNOOC por un monto de $us 20.000 millones a lo largo de 20 años.

A estas iniciativas se pueden sumar otros jugadores globales del gas que, desde hace algunos años, son proveedores de un mercado chino que no conoce límites. Empresas que tuvieron la capacidad de invertir en infraestructura para abastecer a un comprador que tiene una alta demanda insatisfecha y a muy largo plazo.

Quizás por eso, la apuesta por lograr acuerdos para abastecer este mercado deba ser hecha ahora. Sobre todo, dadas las últimas proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, que en su informe anual del mercado del gas indica que, para el 2019, China duplicará la demanda del energético.

Una buena noticia para las compañías de regiones como Australia o Norteamérica, las que han comenzado a desplazar a las estatales en la provisión de GNL a nivel mundial. De hecho, según la AIE, para 2019 el comercio mundial de gas natural licuado alcanzará un volumen de 450.000 millones de metros cúbicos, lo que representa un aumento del 40% en relación a los niveles actuales.

¿Qué tanto incide China en ese ascenso? Para la AIE, basta decir que el gigante asiático ingresará en una especie de “edad de oro” del gas, lo que cuantitativamente se traducirá en un incremento de su demanda de 315.000 millones de metros cúbicos.

Tan monstruoso como su crecimiento económico, el incremento en el consumo chino también apuntalará la posibilidad de desarrollar la producción interna de gas, la que podría elevarse hasta un 65% en cinco años.

Quizás por ello, países como Nigeria, Tanzania, Mozambique y Egipto se anotan en la lista de quienes buscan sumarse a esta ola de producción y transporte de GNL en el mundo. Algo que implica que, con los consumos chinos asociados a los de otras naciones, impulsarán aún más la consolidación de la industria gasífera.

¿Qué rol jugarán productores de otras latitudes como América Latina? ¿Qué estrategia deben emplear países como Bolivia para mirar más allá de los mercados vecinos? Lo importante es entender que el contexto gasífero global se encuentra en movimiento permanente y que, siguiendo la misma lógica, hay que estudiar alternativas para producir y comercializar nuestro gas siguiendo la corriente que el negocio fija.

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