Contrato del siglo

La sola mención de ambos países: Rusia y China, pone de manifiesto que cualquier cosa que vayan a acordar entre ellos posee proporciones descomunales.

Efectivamente, la semana pasada estos dos gigantes de la zona euroasiática sellaron un acuerdo, en torno al gas, que ha sido calificado por los especialistas como el “contrato del siglo”.

La importancia de este hecho posee una arista económica y otra geopolítica. En el primero de los casos, Rusia se compromete a enviar a China, a partir de 2018, un volumen de 38.000 millones de metros cúbicos de gas al año por un valor promedio estimado entre $us 350 y 400 por cada 1.000 metros cúbicos.

Esto significa que el “Dragón Asiático” pagaría alrededor de $us 456.000 millones en un lapso de 30 años.

La importancia del acuerdo se delata, además, por el tiempo que demoró la negociación: una década completa, tiempo en el cual China mantuvo una posición firme abasteciéndose de otras fuentes energéticas como Turkmenistán o Birmania, aunque a sabiendas de que contar con gas ruso podría satisfacer alrededor del 40% de su creciente consumo interno.

Por tanto, por la magnitud del acuerdo sellado entre Vladimir Putin y Xi Jinping en Shangai, el pacto es considerado histórico, quedando por delante sólo definir el trazo final del gasoducto “Fuerza de Siberia” en territorio chino, lo que demandará una inversión de $us 30.000 millones en los próximos cuatro años.

La segunda arista a la que hacíamos referencia es la geopolítica. En tal sentido, con la firma de este megacontrato, Rusia logra hacer una jugada estratégica en relación a su conflicto con Ucrania por la anexión de Crimea. Queda latente el repudio de Estados Unidos y la Unión Europea por lo que consideraron una acción arbitraria, la que además puso en riesgo la provisión de gas ruso al continente europeo.

En consecuencia, con este acuerdo Rusia abrió una puerta, digamos que trasera, por donde ahora puede exportar su gas a un mercado al cual todos quieren llegar. Putin ha sellado una alianza para proveer al consumidor energético más grande del mundo, cuya demanda de gas crece a razón de un 20% anual y que ya sobrepasó su capacidad de autoabastecimiento.

Por donde se vea, la jugada del Kremlin ha sido maestra y le permite “respirar” ante la amenaza de posibles sanciones económicas resultantes de la Crisis de Ucrania.

Si a eso se añade que Rusia y China tienen pensado iniciar maniobras militares conjuntas entre las armadas de ambos países, como muestra de buenas relaciones diplomáticas, el panorama refleja un fortalecimiento entre dos naciones con pasado comunista que ahora se vincularán con mayor fuerza por la vía del gas.

De seguro que el llamado “contrato del siglo” también se suma a la reconfiguración del panorama energético global. Los jugadores están moviendo sus piezas y eso tiene un efecto directo en el mercado del gas. Hay que seguir con atención cómo evolucionará el acuerdo y las consecuencias para los países que, como Bolivia, depositan buena parte de sus esperanzas en este energético.

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