El día que los cañones dejaron de rugir en el Chaco

Después de escuchar varios testimonios de soldados bolivianos y paraguayos, no cabe la menor duda de que en ningún libro de historia se puede reflejar, cómo fue la sed y cómo buscaron agua en aquellos recónditos lugares, el verdadero sentimiento que esos hombres sintieron, cómo sus corazones latieron más fuerte al saber que regresarían a casa con sus madres, esposas e hijos.

Pero tampoco se explicó, cómo surgió la tristeza, cuando sabían que debían dejar a muchos compañeros que pusieron el pecho a las balas enemigas antes que ser derrotados.

Sólo algunas cruces marcarían el lugar donde cayeron. Son sentimientos encontrados. Minutos antes del cese de hostilidades, esos valientes guerreros estaban dispuestos a todo por defender la Patria.

De sus ojos que todo el tiempo veían a la muerte, para esquivarla y seguir con vida, cual vertiente de los nevados, brotaron lágrimas de valentía que mojaron sus adolescentes rostros.

A las 12:00 del 14 de junio de 1935, los cañones dejaron de rugir en el Chaco, los bolivianos salieron de sus trincheras y caminaron hacia el enemigo paraguayo, y ocurrió lo que nunca se pensaba que sucedería: Se abrazaron.

Es difícil reflejar, ¿qué sintieron esos dos hombres? Lo cierto es que ese acto sincero, fue el símbolo de dos naciones hermanas que nunca debieron enfrentarse en una guerra.
El benemérito Melquíades Jaimes, relató que el 14 de junio de 1935, estaba cubriendo el ala derecha de la primera línea de combate sobre la picada 27 de Noviembre.

La orden que tenían era de cesar con el fuego a las 12:00 horas.

“Para quienes hemos estado ese día en primera línea era, como si la atmósfera chaqueña se impregnara de pólvora y el sonido del tableteo de las ametralladoras y rugir los cañones se escuchaban con mayor intensidad que nunca. De repente, un silencio aterrador se hizo presente entre nosotros, no se volvió a escuchar ni un sólo disparo, era la paz que llegaba temerosa a nosotros que vivimos todo ese tiempo con la única persona que nunca quiso marcharse de nuestro lado, «la muerte», fiel compañera en derrotas y victorias. La furia de la guerra había terminado de repente”, dijo Jaimes.

PÉRDIDAS
Se cuantifican las pérdidas en territorio, pero pocos toman en cuenta cuántos soldados murieron. Los campos de batalla fueron regados con su sangre, para que germine un sentimiento de Paz. La mayoría de los bravos guerreros, no sabía cual era el verdadero motivo para que tengan que tomar en sus manos un fusil y disparar a un “extraño” y cegar su vida.

Si los andenes de las estaciones del ferrocarril pudieran reflejarnos, cuando aquellos hombres adultos y jóvenes se despedían de sus seres queridos antes de partir a la guerra, con seguridad las viejas paredes llorarían de emoción.

En castellano, quechua y aymara, se imploró por la vida de los valientes defensores de Bolivia. La víbora de metal partió silbando vapor, muchos soldados prometieron volver, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero otros guardaron las lágrimas para el “Infierno Verde”.

TRATADO DE PAZ
Después de tres años de guerra, el gobierno argentino invitó a los cancilleres de Bolivia y Paraguay a Buenos Aires para discutir las proposiciones presentadas en La Paz y Asunción.
El canciller de Bolivia, Tomás Manuel Elío, viajó acompañado de una frondosa delegación. Las instrucciones que llevó fueron en sentido de que se aceptase la cesación de hostilidades en el Chaco siempre que se obtuviesen garantías de que el problema de fondo, la delimitación de fronteras, se haría por medio de un arbitraje de la Corte Internacional de La Haya.

Se pensaba que este tribunal fallaría salomónicamente, es decir, dividiendo el Chaco en dos mitades, y así Bolivia recuperaría (parte) de lo que perdió en la lucha armada. En Buenos Aires, el canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, logró convencer al doctor Elío de que firmase un pacto de cesación de fuego, prometiéndole que se llegaría al arbitraje en una conferencia de paz que se reuniría una vez concluida la guerra.

Elío firmó el documento en cuestión. En él quedó resuelto que el 14 de junio de 1935, a las 12 en punto del día, cesarían los fuegos en el Chaco. Eso dicen los libros de la historia, pero Argentina también ayudó a Paraguay en la contienda bélica.

Ahora nos preguntamos: ¿Quién ganó esta guerra? Creo que nadie, más al contrario, perdimos a los que más queríamos, y los que volvieron con vida perdieron parte de sus vidas. Bolivia y Paraguay perdieron parte de una generación de jóvenes valerosos.

Hoy, 79 años del cese de hostilidades, se realizan homenajes a los pocos sobrevivientes de la Guerra del Chaco –la mayoría al borde de los cien años- hombres que defendieron nuestros recursos hidrocarburíferos sin siquiera saber en ese entonces lo que realmente estaban defendiendo y actualmente se benefician las generaciones actuales y futuras.

Registros dan cuenta que en 1914 Miguel Velasco construye una refinería casera que se alimenta de petróleo de la zona de Espejos en Santa Cruz.

En 1919, geólogos de la Standard Oil investigan: Yaguaca, Serranía de Ollague, Sanandita, Parapetí, Choreti, Sararenda, Bermejo Sierra del Condado y la Sierra Deshecho Chico.

Tiempo después, en 1924, la Standard Oil descubre el Pozo Bermejo No. 2 que produce 2.000 BPD. Dos años después, en 1926, la Estándar Oil descubre el primer pozo de gas Saipuru. El siguiente año, 1927, se descubre el pozo Camiri que produce petróleo.

Entre los 1926-1930 la Standard Oil descubre el campo que tiene los Pozos Sanandita 1, 2, 3 y 4.

Autor: Marco A. Flores Nogales Periodista y Presidente de la Sociedad de Historia

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