El gas natural, la UE y Rusia

La tensa relación entre Rusia y Ucrania ha puesto a la Unión Europea en una situación incómoda. Con los rusos como principales proveedores de gas natural en la región (en 2013 el bloque europeo recibió un 34% de su provisión de dicho país), la dependencia se ha vuelto una constante de la cual varios países buscan zafar.

En ese sentido, las naciones europeas han comenzado a mirar a otros países productores de donde abastecerse del energético. El primero de ellos y el más cercano es Noruega, que en la actualidad ya es el segundo proveedor de gas de la región, después de Rusia, y que ha declarado su interés de incrementar ligeramente su producción si es que surgen nuevos rebrotes de tensión entre Rusia y Ucrania.

Sin embargo, un posible incremento en la producción noruega y la consecuente exportación hacia la UE traería consigo un aumento en el precio del gas natural, lo que no deja de incomodar a una Europa en crisis, pero que es visto con buenos ojos por productores de otros continentes.

En tal sentido, Irán surge como otra alternativa para abastecer el mercado europeo. No por nada, el mejoramiento en las relaciones diplomáticas con el país persa han abierto una ventana de oportunidad para que la Unión Europea coloque a este productor como uno de sus principales candidatos para liberarse de la dependencia del gas ruso.

De hecho, la semana pasada el presidente iraní, Haran Rohani, declaró en Nueva York, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que su país puede ser un proveedor confiable de gas para Europa.

De esta manera, Irán, país que cuenta con las segundas mayores reservas de gas natural del mundo, entraría a competir en un terreno que hasta ahora ha sido bastión del número uno del gas mundial: Rusia.

Sin embargo, la posible avanzada iraní en Europa parece no ser la principal amenaza para el gas ruso. Del otro lado surge Estados Unidos y su auge de shale gas.

Los norteamericanos ya patearon el tablero gasífero mundial al dejar de comprar el energético de Qatar y de otros países, para colocarse como un nuevo jugador del mercado global a través de las exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL).

Un reciente análisis del Centro de Política Global Energética de la Universidad de Columbia establece que el GNL estadounidense puede llegar a ser tan atractivo para el mercado europeo, que generaría una merma cercana al 18% en los ingresos de la rusa Gazprom.

Por otra parte, la competencia en exportaciones de gas, desatada por el GNL de Estados Unidos, también podría incidir en una baja en el precio en favor de los consumidores europeos en alrededor de un 11%.

De esta manera, Europa, Rusia y el mercado del gas en el hemisferio norte aún experimentan un cierto grado de agitación resultante de las tensiones ruso-ucranianas, un elemento que aún no está del todo resuelto y que genera temores, incertidumbres y determinada expectativa por cómo incidirá en el negocio del gas.

Lo cierto es que Rusia aún goza del favor del mercado de la Unión Europea, aunque con los recelos de aquellos países que buscan garantizar su abastecimiento, pero sin los sobresaltos de los últimos meses.

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