El milagro del Río Han

Este país no tiene futuro, yo no volvería a visitarlo de nuevo. Con esa frase, el corresponsal sueco Hakan Hedberg describía la realidad de Corea del Sur en un artículo publicado en 1963. “Pozo sin fondo”, “Pesadilla” o “Sociedad Enferma” eran otros calificativos con los que se definía la situación del país asiático en los primeros años de la década del 60.

Por ese entonces, Corea era una de las cinco naciones que más ayuda había recibido en el mundo. Según Keuk-Je Sung, PhD en Economía, por tres décadas este país fue receptor de alrededor de $us 6 billones, monto equivalente a casi toda la ayuda que el continente africano había requerido en su momento. Adicionalmente, los coreanos tenían un PIB per cápita inferior a los $us 100 y los niveles de desempleo eran tales que para una oferta de 500 empleos se presentaron 46.000 postulantes.

¿Qué hizo que una nación con esos indicadores lograra una transformación radical en apenas 60 años? Keuk-Je Sung, al igual que otros académicos, hablan de un milagro, el llamado Milagro del Río Han.

El río Han resulta emblemático, ya que es uno de los más grandes de Corea y por siglos fue una ruta comercial con China. En la actualidad es considerado el punto geográfico más representativo de Seúl, la capital, una ciudad que alberga alrededor de 20 millones de habitantes y que hace seis décadas reflejaba los niveles de pobreza nacionales.

Si bien el milagro no se gestó de la noche a la mañana tuvo fecha de inicio, 1963, y un líder definido, Park Chung-Hee, un militar de carrera que luego de un golpe militar tomó el control del país por espacio de 18 años.

De Park se ha dicho mucho. Su figura fue elevada al rango de “héroe nacional”, así como también se lo consideró un duro dictador. Sin embargo, nadie puede negar la influencia que tuvo para lograr la rápida transformación económica y social de su país.

Con Park al mando, Corea echó a andar un Plan Quinquenal de Desarrollo Económico. Sin materias primas y poco alimento, la apuesta coreana fue por la vía de la educación y su abundante mano de obra, factores que ayudaron a contrarrestar una incipiente base empresarial y la carencia de capital.

Desde un principio la mira estuvo puesta en el mercado externo, por lo que esta nación atravesó por una serie de periodos de desarrollo industrial que fueron desde las industrias más básicas, como la exportación de pelucas (porque la materia prima provenía del cuerpo mismo de los coreanos) hasta el establecimiento de plantas petroquímicas, siderúrgicas y fábricas de vehículos, entre otras.

La fuerte voluntad económica de los habitantes del país asiático por salir de los niveles de pobreza, así como la cohesión y consenso interno, impulsaron los planes estatales a niveles insospechados bajo dos lemas “podemos vivir mejor” y “reconstruyendo el país a través de la exportación”.

En consecuencia, en menos de una década, Corea del Sur logró establecer firmas como la siderúrgica POSCO, la revitalizada SK Energy o la innovadora Samsung Electronics como parte de una estrategia que priorizaba el desarrollo de la industria pesada y la industria química de cara a la exportación.

De igual forma, con el paso de los años, Corea logró transformar su estructura industrial, eminentemente agrícola a principios de los años 60, para enfocarse en el área de servicios. Hoy, ocho de cada diez habitantes trabaja en rubros como el desarrollo de tecnología.

La tarea no ha sido fácil, ya que de por medio este pequeño país tuvo que soportar embates económicos como la Crisis Asiática de 1997, la que obligó a solicitar la ayuda financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI) en un paquete de $us 46 billones que también incluía a Indonesia y Tailandia. Una vez más, Corea sorprendió al mundo, logró recuperarse del mal momento y pagar las deudas contraídas con el FMI en apenas dos años.

Como resultado, el llamado Milagro del Río Han ha convertido a este país en una de las 15 economías más grandes del planeta y uno de los miembros del selecto grupo del 20-50; aquel que alberga a las naciones con más de 50 millones de habitantes que poseen un ingreso per cápita superior a los $us 20.000.

Hoy Corea del Sur es un país que no sólo exporta tecnología, productos derivados del petróleo o automóviles, también ha ingresado en la era de la exportación de bienes culturales, como el denominado K-Pop, las telenovelas y un estilo de vida que sigue sorprendiendo al mundo. Algo insospechado hace apenas 60 años.

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