Entre Dilma y Marina

El ambiente electoral en el vecino Brasil dio un giro inesperado después de la muerte del candidato por el PSB-Red de Sostenibilidad, Eduardo Campos, el pasado 13 de agosto en un accidente aéreo. Desde entonces, Dilma Rousseff, favorita para mantenerse por un periodo constitucional más en la silla presidencial, ha sentido como nunca antes la presión de una candidatura que, en los papeles previos, parecía apuntar a una victoria segura y que ahora tambalea con el ascenso de otra mujer, la ambientalista Marina Silva.

Hasta la semana pasada, los resultados de la encuesta del Instituto Datafolha, uno de los centros más respetados de Brasil, indicaban que Dilma y Marina habían logrado un virtual empate, 35% y 34% de la intención del voto respectivamente, lo que conduciría a un balotage en el que Silva podría ser primera con un 47% versus 43% de la actual mandataria.

En consecuencia, Marina Silva, la ex acompañante de fórmula de Eduardo Campos, y circunstancialmente en primera línea de combate, estaría cerca de patear el tablero electoral brasileño. Algo impensado hace 45 días.

Es innegable que Dilma Rousseff ha sido decisiva dentro del sector energético del vecino país. Antes de asumir la presidencia fue ministra de Minas y Energía durante el gobierno de Lula Da Silva, cartera que la catapultó políticamente por lidiar exitosamente con la crisis eléctrica que afectaba a Brasil, así como por generar un clima de estabilidad y confianza entre los inversionistas del sector petrolero y Petrobras.

Como anécdota, mientras Dilma promovía una serie de inversiones en generación eléctrica para no sufrir más apagones, al frente tenía una dura oponente dentro del mismo gabinete ministerial, la ministra de Medioambiente, Marina Silva, quien trataba de frenar algunos proyectos alegando daños medioambientales.

Hoy ambas mujeres se encuentran nuevamente frente a frente. Dilma Rousseff, golpeada por escándalos de corrupción que han salpicado su gestión en relación a Petrobras, mientras que Marina, en ascenso electoral, aunque generando dudas por su inclinación a las energías renovables en una etapa en la que Brasil tiene todo para aprovechar la riqueza hidrocarburífera del Presal.

¿Cómo incidiría un cambio de timón gubernamental en la política energética brasileña? Por el momento, Marina Silva ha salido al paso indicando que su posición medioambiental no implica que no pueda reconocer que los combustibles fósiles son insustituibles por el momento, a lo que además acotó que, de ser electa, mantendrá el gigantesco plan de inversiones previsto para el desarrollo del Presal.

¿Cómo puede incidir un gobierno distinto al de Dilma sobre los intereses bolivianos en cuanto a la exportación de gas a Brasil? Para el próximo año se ha fijado un posible inicio de negociaciones de un nuevo contrato de venta de gas al vecino país. La necesidad energética hace que Brasil deba continuar con la relación contractual con Bolivia. Aunque no se sabe si los precios y volúmenes seguirán siendo los mismos, hay algo que es muy cierto, la relación con Marina, de ser el caso, no será más distante de lo que actualmente es con Dilma. Será cuestión de esperar.

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