Hay que acelerar los tiempos

El dato es frío y concreto: al 31 de diciembre de 2013 Bolivia tiene 10,45 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas probadas de gas, 3,50 TCF de reservas probables y 4,15 TCF de reservas posibles; además de 211,4 millones de barriles de petróleo en condensado.

Estas cifras, presentadas al país la semana pasada por el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, con base en los estudios de la empresa canadiense GLJ Consultants, explicitan un leve incremento en relación a lo que el país certificó en 2009, cuando otra consultora, Ryder Scott, dijo que el país tenía 9,94 TCF de reservas probadas de gas, 3,71 TCF de reservas probables y 6,27 TCF de posibles.

En términos generales los resultados hablan de una reposición de reservas. Algo que es bueno porque permite al país seguir alimentando con energía el mercado interno al igual que los mercados de exportación.

Sin embargo, las cifras tampoco nos ubican en una posición cómoda. De hecho, la expectativa inicialmente expresada en el seno estatal hablaba de un volumen de reservas que podría bordear los 11,2 TCF. Hoy el dato oficial es levemente inferior en volumen, lo que nos obliga a pensar que la reposición se traduce concretamente en un leve incremento de reservas, que garantizan el abastecimiento por los próximos diez u once años en las actuales condiciones de consumo. Más allá de ese término se estaría ingresando en el plano de la especulación. Hasta ahí lo que la canadiense GLJ Consultants ha informado y lo que nos permite trazar esa línea de horizonte para la década por venir.

Conocido el dato, no queda otra que regresar al punto de partida de la exploración. Bolivia no puede darse el lujo de mantener los actuales niveles de reposición de reservas como un logro en sí mismo. Son una base, una buena base de hecho, pero no serán suficientes para todo lo que se viene por delante, más aún si se quiere industrializar el gas.
En tal sentido, los esfuerzos exploratorios que se han iniciado con la firma de nuevos contratos, sea con subsidiarias de YPFB o con empresas privadas, deben ser redoblados con el ingreso de nuevos capitales que permitan acelerar los procesos y los tiempos.

No debemos olvidar que el país vive un nuevo ciclo desde hace más de un lustro. Ha crecido de manera importante en la producción de hidrocarburos y goza de los beneficios de la renta gasífera en todo lo largo y ancho del país.
El reto está, en ese contexto, en dar mayor certidumbre y sostenibilidad a la industria energética. En pocas palabras, encontrar más gas, mucho más que 10,45 TCF, para lo cual se requiere de mayores recursos económicos y más esfuerzos exploratorios.

De seguro es una tarea ardua, más aún cuando el continente persigue el mismo propósito y, por consiguiente, existe mucha competencia de por medio. Sin embargo, nadie como Bolivia tiene mercados asegurados y la infraestructura de transporte montada, lo que también resulta una ventaja competitiva a la hora del análisis. Resta entonces dinamizar la prospección más que nunca, para que de aquí a unos años, cuando se registre una nueva certificación de reservas, no tengamos la sensación de que llegamos con lo justo para cubrir nuestros compromisos.

noticia anterior

Recaudación por IDH sube en 2013 pero baja en minería

siguiente noticia

Prosermaco se potencia con dos certificaciones


Fatal error: Call to a member function have_posts() on a non-object in /home/energypress2015/public_html/wp-content/themes/sprout/inc/template-tags.php on line 472