
El año 2007, con muchos bombos y sonajas, el gobierno de Bolivia firmó el contrato para la explotación e industrialización del 50% del extenso yacimiento de hierro de El Mutún, ubicado en Puerto Suárez, frontera con Brasil. El contrato se firmó con Jindal Steel Bolivia, subsidiaria de Jindal Steel and Power de la India.
Esta empresa se comprometió a invertir más de 2.000 millones de dólares para explotar e industrializar el hierro en territorio boliviano. Eran tiempos de regocijo y de mucha esperanza en Bolivia.
Casi cinco años después de esta trascendental firma, las inversiones de Jindal se limitan a un par de chancadoras para exportar agregados en bruto y a escasas obras civiles en la zona de explotación. La prensa boliviana durante estos cinco años ha destacado las debilidades de esta relación y permitido observar muy claramente las múltiples acusaciones sobre incumplimientos de un lado y de otro.
Para muestra solo un botón, el gobierno a través de la Empresa Siderúrgica Mutún (ESM, empresa estatal boliviana y contraparte en el contrato) ha cobrado una boleta de Jindal por $us 18 millones por incumplimientos y esta última ha decidido ingresar a un arbitraje internacional.
Hay una serie de temas pendientes y de quejas de inobservancia de ambas partes como servidumbres mineras, caminos de acceso, calado en el río para las exportaciones, etc., etc. Empero, centraremos nuestro análisis en el tema que algo conocemos, que es el suministro de gas natural.
Una planta siderúrgica de esta naturaleza requiere de abundante energía eléctrica y preferentemente gas natural para el proceso de la planta de acero. Como la demanda de electricidad es grande, es preciso también generar energía eléctrica en la misma planta en base, en el caso de Bolivia a gas natural.
Para estos dos usos, Jindal demanda un suministro de gas entre 0,25 a 4,5 MMmcd el 2014, entre 5,0 y 6,0 el 2015, 6,0 MMmcd durante todo el 2016 y 10 MMmcd del año 2007 en adelante. Requiere estos flujos por lo menos por los próximos 15 a 20 años.
Adivina adivinador, las reservas de gas de Bolivia actuales y peor aún, los escenarios de producción que se tienen bajo las inversiones previstas y la demanda contratada, no permiten dotar de gas natural a Jindal, a no ser que se tomen otras decisiones que explicaremos más adelante.
La oferta de Bolivia subirá de los actuales 43 MMmcd a 65 a 67 MMmcd entre el 2016/2017, fruto del desarrollo de campos descubiertos 12 a 15 años atrás como Margarita, Huacaya, Itaú y probablemente Aquio, destinados principalmente a cumplir el contrato con Argentina.
Después la curva de produccion se desploma muy bruscamente por la declinación, principalmente de los campos San Alberto y San Antonio, llegando el 2019 cerca a 60 MMmcd y a 50 a 52 MMMCD el 2022 y a 40 – 45 MMmcd el 2024/2025.
Haciendo un pequeño balance, Bolivia debe tener disponible para Brasil 30 MMmcd de acuerdo a contrato hasta el 2019, para la Argentina tiene que tener cerca de 23 MMmcd el 2017 y el mercado interno está actualmente cerca a los 9 a 10 MMmcd, en rápido crecimiento por las nuevas térmicas de emergencia que se están instalando.
La oferta para el año 2017 es de 65 a 67 MMmcd y la demanda contratada estará en 63 MMmcd. Es decir, no hay los 10 MMmcd que necesita Jindal el año 2017 para la planta de acero.
Por lo expuesto, algunos escenarios se pueden especular. La primera es que Jindal tire las puertas y se vaya el 2012 por falta de gas y otros problemas, y refuerce la demanda legal a Bolivia.
Otra es que como lo ha hecho hasta ahora, se siente muy cómodamente sobre las reservas de hierro otros cuatro a seis años sin invertir, lo que resulta muy favorable para su imagen internacional y para sus acciones en bolsa, hasta que se puedan encontrar nuevas reservas de gas y ponerlas en producción.
La tercera y que tiene una connotación complicada es que se renegocie la cantidad del Delivery or Pay con Argentina y/o con Brasil y de esta manera poder contar con algunos excedentes para los primeros años del contrato, mientras se reactiva la exploración.
Esto implicará duras negociaciones con las empresas que explotan estos campos porque se tienen muchos mejores precios en la exportación que para el suministro interno al Mutún. La cuarta, es que se anime a hacer la electricidad con carbón que dudamos mucho.
No vemos mucho interés ni avances últimos en Argentina para construir el GNEA. ¿Sera que en Argentina piensan más en la producción de Shale gas de Neuquén que en cumplir el contrato firmado con Bolivia? Quizás esta sea la oportunidad para ver si se puede escamotear de Argentina algún volumen para el Mutún y así determinar si Jindal es seria con sus compromisos en Bolivia.
El panorama no luce nada agradable. O se renegocia los suministros actuales o la Jindal se va a casita el 2012. Son los dos escenarios más probables que manejamos en este momento.