La experiencia Coreana

Días pasados concluyó la Semana Coreana 2014. Un importante y significativo evento organizado por la Embajada de la República de Corea y que a lo largo de cinco jornadas desarrolló una serie de actividades que mostraron la influencia del país asiático en el mundo.

Entre lo más saliente se destacó la conferencia magistral referida al desarrollo económico y tecnológico coreano y su implicancia en Bolivia. La presentación estuvo a cargo del propio embajador, Young-wook Chun, quien en sus dos años y medio de gestión en Bolivia se ha caracterizado por ser un firme impulsor de procesos de desarrollo tales como la industrialización de los hidrocarburos.

En su alocución, el diplomático valoró la oportunidad histórica que tiene Bolivia con dicho proceso, ya que permitiría al país dar un gran salto en su desarrollo económico; tal como Corea lo hizo desde los años 60 en adelante, cuando tomó la decisión de encarar un ciclo similar y sin contar con una sola gota de petróleo o molécula de gas en su territorio.

Por otra parte, Young-wook Chun asoció la industrialización a la oportunidad de alcanzar la soberanía alimentaria nacional, otro de los actuales propósitos que se manejan dentro del plano estatal. En tal sentido, dijo que su país logró tanto industrializar como alcanzar la soberanía alimentaria en periodos relativamente cortos, de 30 y 10 años respectivamente, lo que muestra que, si se hacen bien las cosas, otro futuro es posible. A decir del diplomático, lo más llamativo de todo es que tanto Corea como Bolivia comparten coincidencias históricas que abren un espacio de reflexión para entender que nuestro país tiene la opción de transitar un camino similar.

Sin embargo, para que ello ocurra, y no pase de ser sólo un deseo, la experiencia coreana revela que debe darse un cambio en el proceder. Esto implica dejar de exportar materia prima para abrazar con entusiasmo la industrialización. A la par, apostar por el fortalecimiento de las empresas estratégicas, la acumulación de capitales nacionales y la promoción de políticas de atracción de inversión externa, entre otras acciones.

En ese sentido, el embajador coreano considera que Bolivia tiene muchas opciones en el campo de la petroquímica, al punto que esta industria podría cambiar los paradigmas que peyorativamente ubican al país en la posición de “mendigo sentado en una alfombra de oro” a “Bolivia es un país recién industrializado en una alfombra de oro”, como el mismo lo expresó.

Los buenos deseos del diplomático para con Bolivia, a la par de su planteamiento visionario y en pro del desarrollo nacional, deben ser valorados y tomados en cuenta muy en serio, por inspirarse en un modelo probado que permitió a una nación como Corea salir de la extrema pobreza hasta ubicarse entre los 15 primeros puestos del ránking económico mundial en apenas unas pocas décadas.

Hoy la experiencia coreana sirve de ejemplo y nos alienta a creer en procesos como el de la industrialización de los hidrocarburos. Bolivia cuenta con los recursos y oportunidades. Dependerá de la propia decisión política y el deseo de dejar de ser un país abocado a extinguir su riqueza pensando sólo a exportarla como simple materia prima.

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