Los renovables se abren espacio

En un planeta “fosil dependiente” por decirlo de algún modo, donde los hidrocarburos reinan desde hace más de una centuria, el reto está en garantizar la provisión energética más allá del año 2050.

El 2050 se ha convertido en una especie de frontera temporal sobre la cual se ha hablado mucho; principalmente, que resulta ser el límite donde la humanidad debe enfrentarse a la encrucijada de mantener su estilo de vida sin la seguridad de contar con el petróleo y gas suficientes para hacerlo.

Es por eso que el uso de energías alternativas, verdes y/o renovables ya no es una quimera futurista sino una realidad que se encara de formas distintas y a ritmos distintos en todo el mundo.

En el plano regional, Brasil es líder en materia de energía eólica, sus fuertes ráfagas de viento así lo permiten. Más al sur, Chile se encuentra trabajando en el desarrollo de energía solar, gracias a la limpieza de su cielo en el Norte Grande, particularmente en el desierto de Atacama.

En el caso boliviano, aunque todavía los proyectos se encuentran en una fase de desarrollo inicial, ya se puede hablar de primeros esfuerzos en serio para introducir energía renovable dentro de una matriz energética predominantemente hidro y termoeléctrica.

La planta de energía eólica inaugurada en Qollpana, Cochabamba, en noviembre del año pasado, permite agregar 3 MW de electricidad para las poblaciones de su zona de influencia. Este proyecto tiende a seguir creciendo hasta lograr una futura provisión de 20 MW.

Sumado al proyecto eólico, la semana pasada se inauguró la primera etapa de un proyecto fotovoltaico híbrido en la cadente Cobija, Pando, donde en una primera instancia se aportarán 1.7 megavatios de un total planificado de 5 megavatios, lo que también resulta significativo, porque además beneficiará a 50.000 habitantes de la región.

Son los primeros esfuerzos y conviene alentarlos. La decisión del Estado boliviano ha sido llegar al 2025, año del Bicentenario de Bolivia, con una provisión de energías alternativas que sume 180 MW.

Para ello, convendrá que se desarrollen políticas fuertes y se promuevan estímulos para que el país siga diversificando su matriz energética.

Esta tarea no se hace en solitario, conviene indicar que a nivel latinoamericano existen cerca de una veintena de países que han adoptado políticas de fomento a las energías renovables, lo que demuestra la importancia que va tomando el tema.

Más allá, dando un vistazo al mundo, las metas renovables previstas para un lapso de 20 años, concretamente en el periodo 2000-2020, muchas de ellas han sido superadas en la mitad del tiempo (2010) lo que significa que el planeta se encuentra en una acelerada carrera por romper con esa dependencia de los combustibles fósiles.

De seguro los hidrocarburos seguirán siendo la fuente energética dominante, pero también es cierto que otras formas de energía comienzan a surgir y, tarde o temprano, tendrán que prevalecer en la medida que las reservas mundiales de petróleo y gas comiencen a mermar sustancialmente. Será cuestión de tiempo. Lo importante es que Bolivia no se quede atrás y sea capaz de aprovechar todas las energías que tenga a mano.

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