Los retos del tercer mandato

Evo Morales ha sido reelecto sin discusión por un nuevo periodo gubernamental. El respaldo recibido en las urnas avalan su continuidad al frente del país hasta el año 2019, con lo que habrá cumplido un inédito ciclo de 15 años como presidente constitucional de Bolivia, un país caracterizado por la volatilidad casi permanente en la gestión política.

A la histórica permanencia de Evo Morales como presidente se le ha denominado el Factor Evo. Una tipificación bajo la cual se argumenta que el país goza de bonanza económica, cohesión social y estabilidad jurídica gracias a su permanencia en Palacio Quemado.

En ese sentido, debido al Factor Evo el país habría triplicado su Producto Interno Bruto hasta llegar a $us 32.0000 millones en menos de una década. Así también se explicaría el incremento de las Reservas Internacionales Netas hasta alcanzar los $us 15.000 millones; la tasa de crecimiento promedio del 5% anual y una disminución de la extrema pobreza en 18 puntos porcentuales.

De hecho, casi todos estos indicadores son inobjetables y pertenecen al periodo de gobierno de Evo Morales, por lo que el Factor Evo estaría más que validado.

Sin embargo, del otro lado, no se puede negar que la prudente y eficiente manera de administrar la economía nacional, alabada incluso por los otrora antagónicos organismos internacionales (FMI y Banco Mundial, entre otros), también responde a una favorable coyuntura de precios internacionales de los commodities, lo que permitió no sólo a Bolivia, sino a buena parte del continente, atravesar un periodo de bonanza económica sin precedentes en el último tiempo.

Hoy, el entorno económico ya no se pinta tan placentero y abre una serie de interrogantes que se traducen en retos para la nueva gestión del Presidente Morales.

China, esa especie de agujero negro que devoraba casi todo lo que el mundo producía, se encuentra en una fase recesiva de su economía. Los metales y minerales han comenzado a sentir esa pérdida de “apetito” y sus precios están en caída libre. En consecuencia, la minería boliviana comienza a tambalearse peligrosamente.

Del otro lado, lo que comenzó a mediados de año como un descenso en el precio del petróleo ha terminado consolidándose como una llamativa tendencia que ahora ubica el precio del “Oro Negro” por debajo de los $us 100 (está más barato que hace cuatro años), lo que también puede repercutir negativamente en el precio de venta del gas natural boliviano.

Finalmente, América Latina en su conjunto comienza a experimentar una desaceleración económica que no deja de ser preocupante. Argentina en default (con el riesgo casi permanente de incumplir en el pago por el gas que Bolivia le proporciona) y el gigante Brasil en una etapa de crecimiento casi cero, grafican el momento de los dos mercados energéticos que nuestro país abastece.

Ya en lo interno, Bolivia se enfrenta al reto de garantizar la continuidad de la exportación de gas a Brasil más allá del 2019, cuando Evo Morales concluya su tercer periodo gubernamental, lo que también conlleva un urgente incremento en el volumen de reservas de gas, un elemento clave, tan clave como el mismo Factor Evo.

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