ACTUALIDADGAS Y PETRÓLEO

OPEP, ¿renovarse o morir?

Esta semana se prevé una reunión clave que podría ayudar a rebalancear el mercado petrolero. Hay desafíos internos.

 

En diciembre se cumplirán dos años desde que Arabia Saudí marcó la nueva estrategia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con el fin de mantener la cuota de mercado, dejando de lado el histórico objetivo del cártel de países: sostener los precios del crudo. La decisión ha generado críticas dentro y fuera de la organización, teniendo claras consecuencias (caídas en las cotizaciones del crudo que llegaron a superar el 70% sobre los niveles de junio de 2014), pero también poniendo en entredicho el papel de la propia OPEP.
De hecho, una de las preguntas que ronda la cabeza de todos los analistas, pero que pocos se atreven a formular en voz alta, es si la OPEP ha perdido su influencia en el mercado. Ed Morse, director de Investigación de Materias Primas en Citigroup, ha intentado responder a esta cuestión: “Si y no. Ciertamente la decisión tomada por Arabia Saudí en 2014 de incrementar la producción con el fin de aumentar su cuota de mercado es una evidencia de influencia significativa. Sin embargo, los bajos precios no desafiaron a la producción de hidrocarburos no convencionales tan rápidamente como se había pensado, y esa resiliencia del shale en Estados Unidos en particular reduce la capacidad de la OPEP para lograr un nivel de precios que pueda cubrir adecuadamente las necesidades de ingresos”.
Según el informe de la propia OPEP, el objetivo que perseguía Arabia Saudí se estaría cumpliendo tras casi dos años de soportar bajos precios. Para este año, el cártel prevé una caída de la producción de petróleo crudo en los países de fuera de la organización del 1,54% con respecto a 2015, y del 3,51% sólo en Estados Unidos, uno de los productores que más amenaza la hegemonía del país árabe en el mercado petrolero internacional. Sin embargo, la sobreoferta de crudo existente no ha dejado de crecer (se calcula que el excedente ya supera los 1,5 millones de barriles diarios), y eso es debido al aumento de la producción en parte de los estados de la propia OPEP, pero también en algunos de los países con los que el cártel quiere negociar una posible reducción de la producción. Rusia, que se perfila como el gran aliado de la OPEP en esta batalla por controlar el excedente de crudo y ayudar a sostener las cotizaciones del petróleo, aumentará la producción un 1,25% este año y, según las últimas manifestaciones de sus representantes, no parece muy dispuesto a llevar a cabo una reducción en la extracción de crudo.

Probabilidades
de acuerdo
Los ministros de Energía y Petróleo de la OPEP, así como el de Rusia, se reunirán de nuevo en Argel (Argelia) entre el 26 y el 28 de septiembre. Se tratará de una reunión informal en la que los representantes de los países productores debatirán sobre la situación actual del mercado y se volverá a poner sobre la mesa medidas para intentar sostener los precios, principalmente la congelación de la producción.
Las probabilidades de que lleguen a un acuerdo no están claras, y el mercado sigue reflejando (con la volatilidad que ha caracterizado a los últimos meses) las dudas sobre si ésta será la reunión de la que salga un acuerdo o se quedará en un intento más.
De hecho, si se hace una retrospectiva histórica, la probabilidad del acuerdo se sitúa en el 50%. Desde el año 1982, cuando la OPEP estableció por primera vez un objetivo de producción, el cártel ha sido capaz de llegar a un acuerdo para cambiar la meta de extracción en 52 ocasiones de las 117 en las que se ha reunido. Sin embargo, si se toma en cuenta las nueve reuniones que han tenido lugar desde el año 2012, la probabilidad de que haya un acuerdo en esta ocasión se reduce considerablemente, ya que los países miembros no han sido capaces de compartir un objetivo en ninguna de las reuniones.
Si bien es cierto que las condiciones han cambiado mucho en los últimos dos años, quedando maltrechas las economías de la mayoría de los países integrantes de la OPEP debido a la caída de los ingresos por el declive de los precios del crudo. Y, en algunos casos, por la caída de la producción derivada precisamente de las circunstancias económicas que atraviesan los estados. Es decir, la situación se ha convertido en un círculo vicioso para muchos de los miembros de la OPEP.
Hay demasiadas variables a tener en cuenta a la hora de pronosticar el resultado de la reunión. La primera de ellas, el nivel de precios de aquí a finales de septiembre. En la reunión ordinaria de la OPEP celebrada en junio las cotizaciones del crudo se habían recuperado hasta el umbral de los $us 50 el barril. “La propia OPEP reconoció que con unos precios que rondan los $us 50 el barril, la urgencia para llegar a un acuerdo para limitar la producción era menos apremiante”, indica Helima Croft, directora de Estrategia de Materias Primas de Royal Bank of Canada, quien también señala que “había poco público apuntando a Irán por negarse a aceptar un límite”.
Precisamente, las divergencias entre dos de los principales miembros: Arabia Saudí e Irán (enfrentados política y religiosamente) ha sido el principal escollo para que hubiera un acuerdo en la OPEP y de ésta con Rusia.
En la reunión de abril en Doha (Qatar), fue Ali Al-Naimi, ex ministro de Petróleo de Arabia Saudí, quien indicó que sin el acuerdo de todos los miembros no había posibilidad de acuerdo alguno. Y tras la última reunión ordinaria, a esta demanda se sumaron otros países del Golfo, como Emiratos Árabes Unidos.

Mensajes
contradictorios
Tras el levantamiento de las sanciones contra Teherán por su programa nuclear en enero de 2016, Irán se ha negado a aceptar ninguna limitación al aumento de la producción de crudo, ya que persigue recuperar los niveles previos a las sanciones en un año. Y dentro de la propia OPEP no se escuchaban demasiadas críticas a su postura. “El entonces secretario general, Abdalla Salem El-Badri, dijo que Irán tiene el derecho soberano de tratar de volver a los niveles de producción pre-sanciones”, recuerda Croft.
En abril, el país persa aún estaba lejos de lograrlo, pero en septiembre esta circunstancia podría haber cambiado (en julio ya estaba extrayendo 3,62 millones de barriles diarios), y con ello, su predisposición a llegar a un acuerdo.
Y no es lo único que ha cambiado en las circunstancias de algunos de los principales miembros del cártel. Si en abril las negociaciones por parte de Arabia Saudí estaban en manos de Al-Naimi, hoy están en manos de su sucesor, Khalid Al-Falih, que en sus últimas declaraciones se ha mostrado propenso a llegar a un acuerdo. “El reequilibrio del mercado está sucediendo”, indicaba hace pocas semanas. “Estamos viendo el cambio y los precios tienen que reflejarlo”, continuaba. Pero iba más allá: “En Arabia Saudí estamos siguiendo el mercado de cerca, y si hay necesidad de tomar alguna medida para ayudar al mercado a reequilibrarse, podríamos tomarla, por supuesto en cooperación con la OPEP y los principales exportadores que no forman parte de la OPEP”, matizaba.
Estas declaraciones contrastan, sin embargo, con la evolución de la producción del país, que lleva meses marcando récords históricos. En julio produjo 10,6 millones de barriles al día, superando el nivel de junio de 2015, cuando alcanzó otro hito. Este aumento se explica, en parte, por la necesidad de dar respuesta a la demanda interna, pero también podría verse como una amenaza por los competidores de dentro de la OPEP.
Las diferencias entre Arabia Saudí e Irán es la principal dificultad que tiene que salvar la próxima reunión de septiembre, pero llegar a un acuerdo no es algo que se vea como imposible. Eso sí, en opinión de Ed Morse tendría que ir más allá del sector petrolero. “Si se produjera un acuerdo tendría que extenderse a cuestiones más allá del petróleo, a factores geopolíticos en Oriente Medio y no sólo al mercado del petróleo”, indica. Y eso llevará más tiempo que una reunión de tres días en Argelia.

EEUU, ausente
pero presente
Si se llega a un acuerdo será sin el actual principal productor de petróleo y contra el que precisamente está luchando la OPEP con su estrategia: EEUU. Si bien Arabia Saudí está consiguiendo su objetivo y la producción de shale oil en el país ha caído y seguirá cayendo este año, será en menor medida de lo esperado. De hecho, en uno de sus últimos informes, la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) prevé una caída por debajo de los estimado previamente de la producción de crudo en EEUU en 2016, debido a que el repunte de la actividad de perforaciones impulsará la extracción de hidrocarburos en el resto del año.
“Tras un fuerte descenso en el último año en la producción de crudo de EEUU, un reciente repunte en el número de plataformas de perforación contribuiría a una producción mensual más estable a partir del otoño boreal”, señaló, y precisó que en este año la producción de crudo caerá en el país en 700.000 barriles diarios, hasta los 8,73 millones. Anteriormente pronosticó que la reducción sería de 820.000 barriles.
Por todo ello, la producción mundial, que no ha dejado de crecer en el último año, podría seguir creciendo y la previsión de que el excedente empiece a reducirse se retrase cada vez más.
Con todas estas variables, está por ver cómo gestiona la OPEP su influencia y cómo es capaz de enfrentarse a los nuevos retos del mercado petrolero mundial. Pero, por el momento, la existencia de la organización parece la mejor opción para sus miembros, y por tanto su supervivencia. “Por ahora, parece mejor opción estar en la organización. Desde dentro, los países que lo están pasando peor tienen mejores oportunidades de influir en los miembros más grandes”, indica Morse. Y recuerda: “En muchas ocasiones se han visto argumentos para pronosticar la muerte de la OPEP”, pero ahí sigue e influye en el mercado.

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