¿Por cuál energía optar?

Se requiere una política de oferta que concilie con la eficiencia energética en Chile.
Chile es uno de los países más vulnerables y dependientes del orbe en términos energéticos, acorde a parámetros de la International Energy Agency (IEA). En consecuencia, uno de los esfuerzos centrales de las políticas gubernamentales debería ser la disminución de tal condición.

¿Qué propone la agenda de energía al respecto? Una de las medidas que destaca es la compra de gas (GN). En el entusiasmo del shale gas, la agenda sugiere que la instalación de una nueva o varias plantas y/o compra de gas es una opción. El argumento es su bajo precio, a lo que se suma su relativa rápida instalación y menor contaminación -45% menos de CO2 que el carbón- en la generación de electricidad. Pero en el contexto de una matriz dependiente y vulnerable como la chilena, tal opción podría aliviar el pago por un tiempo, aún cuando aparentemente también es más cara que otras opciones, como el carbón.

El hecho es que ni la dependencia ni el costo de su matriz disminuirán en el mediano o largo plazo. El que hoy el precio del GN esté a $us 6 u 8 MMBTU no es garantía de que se mantenga en el tiempo; por el contrario, la tendencia en el largo plazo es su constante aumento, por la demanda en sus respectivos mercados y demandas regionales, y por las particularidades de un mercado cuyo precio aparece ligado al valor del crudo a nivel internacional, y éste es volátil.

Las señales que provienen desde Estados Unidos, México, Canadá y en algunos países de la Unión Europea dan cuenta de una creciente oposición a este combustible por los severos impactos ambientales, no todos evaluados, pero suficientes como para que en algunos estados de Estados Unidos sea prohibida la técnica de la fracturación hidráulica utilizada en la obtención del shale gas.

La opción de perfeccionar una política de oferta basada en energéticos convencionales, sin una vigorosa política energética que incorpore la demanda, el largo plazo y el medio ambiente, es una ruta ya ensayada y fracasada. Los indicadores más significativos así lo demuestran: deterioro en la intensidad energética, precios de la energía al alza e impacto mayor en los presupuestos familiares y de las pymes, pérdida de competitividad, aumento de la contaminación, etc.

Autor: La Tercera | Chile

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