Presupuestos y expectativas

Se prevé un 2015 con similar crecimiento económico para el país. Se busca evitar la incertidumbre en un contexto global por ahora incierto.

Como pocas veces en los últimos años, la presentación pública del Presupuesto General del Estado (PGE) fue tan esperada como lo fue la semana pasada. La variable que podía incidir con fuerza en esta ocasión ha sido, y es, la actual caída en los precios de las materias primas, principalmente del petróleo, y sus efectos para una economía que depende en gran medida de la exportación del gas natural.

Sin entrar en detalle sobre el presupuesto en cuestión, queda claro que con lo presentado por el Gobierno se ha buscado poner paños fríos a los temores de distintos sectores en relación a los efectos adversos que puede tener el actual valor internacional del crudo para la economía nacional.

De hecho, la estimación estatal es optimista y prevé que el precio del barril bordeará los $us 80 y que, con ese cálculo, Bolivia tiene la capacidad de soportar un embate económico que contemple, incluso, una merma en sus ingresos cercana al billón de dólares.

Más aún, el presupuesto entregado por el ministro de Economía y Finanzas Públicas hace hincapié en que el próximo año Bolivia seguirá creciendo por encima del 5% y que los ingresos por materia de venta de gas a Brasil y Argentina no experimentarían una caída traumática.

Para dar un mayor grado de certidumbre, sobre todo a gobiernos regionales y municipales, se ha presupuestado transferencias a su favor con un incremento del 20% en relación al año pasado.

Es fácil entender que uno de los aspectos que busca la administración estatal es evitar el ingreso del germen de la desconfianza y de la incertidumbre a través del círculo de la profecía autocumplida; vale decir, anunciar que se viene una crisis para que, efectivamente, el simple anuncio termine instalando una crisis de verdad.

En tal sentido, es cierto que la economía requiere de una buena dosis de confianza para no desacelerarse. Sin embargo, también hay que reconocer que de ningún modo Bolivia es una isla en el contexto internacional, más aún si se ratifica lo que se dice: la caída del precio del crudo no es un hecho coyuntural sino estructural.

El entorno geopolítico ligado al petróleo está cambiando. El Medio Oriente, la OPEP en particular, lucha por no perder espacios frente a los nuevos oferentes hidrocarburíferos que crecen por fuera del cartel, sobre todo EEUU, por lo que la pugna terminará por afectar a los más chicos, entre ellos Bolivia y su gas.

Por lo dicho, si bien la expectativa gubernamental de corto plazo dice que el país podría seguir gozando de un pasar económico como hasta ahora; en el mediano plazo esta situación puede ser mucho menos favorable.

Resultará conveniente entonces no entrar en pánico antes de tiempo, pero tampoco será prudente ignorar las señales claras que deben conducirnos a una serie de ajustes para que el país no sufra un embate mayor al que por ahora se pronostica.

En primera instancia, quizás sea tiempo de asumir que la bonanza de los precios altos está en su fase terminal y que hay que repensar modelos y esquemas para los años por venir. Todavía se está a tiempo de no lamentar la falta de previsión.

 

noticia anterior

Pobladores de Villamontes fortalecen sus conocimientos

siguiente noticia

Tecnimont apoyará la industria plástica


Fatal error: Call to a member function have_posts() on a non-object in /home/energypress2015/public_html/wp-content/themes/sprout/inc/template-tags.php on line 472