Sostenibilidad, la premisa

Existe una diferencia entre crecimiento y desarrollo. Lo primero hace referencia cuantitativa al aumento gradual del tamaño de algo, mientras que lo segundo gana en cuanto a profundidad conceptual, sobre todo en lo que se refiere a la calidad y alcance de dicha expansión.

En términos económicos, el crecimiento se expresa por el Producto Interno Bruto (PIB), mientras que el desarrollo se traduce en una mejora en la calidad de vida de la población y las condiciones estructurales de un país. Sin afán académico, la distinción básica de ambas definiciones nos permite establecer el contexto en el cual Bolivia se sitúa en el presente.

Somos una nación que atraviesa uno de los momentos económicos más importantes de su historia. Con ritmos promedios de crecimiento que bordean el 5% anual, en los últimos años el país ha tenido la oportunidad, valga la redundancia, de crecer. Su base económica se ha expandido, principalmente por el buen momento que atravesaron los precios internacionales de las materias primas y un mayor ingreso resultante de los contratos de venta de gas natural a Brasil y Argentina.

Según un último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), la tendencia de crecimiento de la economía boliviana seguirá siendo importante, por lo menos hasta el 2015.

En el plano continental, junto con Perú, el país tendrá un desempeño económico favorable, en una región en la que existen naciones con comportamientos menos positivos. A decir, Brasil en una etapa recesiva, con un 2014 que arrojará un escaso 0,3% de crecimiento; mientras que Venezuela y Argentina se anotarán al final de la gestión en números rojos (-1% y -1,5%) respectivamente.

Sin embargo, si bien la coyuntura sigue siendo benigna para el crecimiento del país y se apuntala fuertemente en la riqueza hidrocarburífera, la clave estará en convertir dicha expansión en un verdadero desarrollo económico.

En ese sentido, aunque el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cada uno por su lado, destacan el esfuerzo nacional por lograr la reducción de la pobreza relativa (entre 20 y 32 puntos porcentuales en los últimos diez años), todavía queda una tarea vital por delante, consolidar un verdadero modelo productivo nacional que sea sostenible en el tiempo.

Por ahora, el gas es el pilar fundamental de ese propósito. Lo importante será que el aporte sectorial sirva para una diversificación económica que es necesaria e imprescindible para dar larga vida a la construcción económica del país.

De lo contrario, Bolivia puede seguir disfrutando de los beneficios de sus materias primas (mientras existan y sean negocio) y experimentar un crecimiento de corto plazo; pero no habrá garantizado su desarrollo económico y el bienestar de sus habitantes. Ese es el principal desafío porvenir.

Luego de los comicios electorales, el reto del gobierno será no desaprovechar las oportunidades que queden, antes que el clima económico empiece a tornarse menos favorable dentro del vecindario continental, sobre todo, porque algunos nubarrones comienzan a surgir.

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