Un desafío creciente

La industria energética mundial se encuentra en un momento de decisiones difíciles, para satisfacer una demanda que parece ser insaciable.
Los que de una u otra manera estamos ligados a la energía en todas sus formas entendemos que este es el sector donde la danza de millones parece nunca terminar.

Es así que una industria intensiva en capital precisa de miles de millones de dólares para encontrar y/o generar los recursos energéticos que demanda un mundo cada vez más voraz. Este sólo hecho, mal encarado, mal planificado o mal balanceado, puede provocar inestabilidad económica, política o social en cualquier ámbito.

Paralelamente, un planeta acostumbrado a la energía de origen fósil se ubica en una etapa en la que también resulta cada vez más complejo hallar petróleo y gas, los recursos predominantes a lo largo de la historia humana reciente.

“El petróleo se está volviendo profundo”, parafraseaba en ese sentido Horacio Cuenca, de la consultora Wood Mackenzie, y uno de los disertantes del recientemente concluido 7mo. Congreso Internacional Bolivia Gas & Energía 2014, organizado con éxito por la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía.

En consecuencia, el presente establece que se deben erogar millones de dólares de aquí hasta el año 2035. La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha cifrado dicho monto en $us 48 billones y ha rematado recientemente con la afirmación de su directora ejecutiva, Maria van der Hoeven: “La fiabilidad y la sostenibilidad de nuestro sistema de energía en el futuro depende de la inversión”.

Esta y otras constataciones nos conducen a pensar que no hay tiempo que perder. Los países de la región, por situar un contexto geográfico cercano, tienen una oportunidad histórica de desarrollo e integración energética. La coyuntura de altos precios internacionales, al igual que la abundancia de recursos y el mejoramiento de las condiciones macroeconómicas en casi todos los estados del orbe, así lo permiten.

Sin embargo, una vez más, no hay que perder de vista que hablamos de una industria que demanda miles de millones de dólares, por lo que la atracción de mayores flujos de inversión extranjera directa también pasa por una articulación público-privada que brinde beneficios tanto a países como a inversionistas.

En ese sentido, David Johnston, de Daniel Johnston & Co., otro de los disertantes del Congreso de la CBHE, habla de la existencia de una ola en la que los estados nacionales buscan tener el control sobre sus recursos naturales, por lo que resulta inevitable para las compañías extranjeras tener que negociar en los términos soberanos que cada país establezca.

Pese a ello, en contrapartida, los estados también están en la necesidad de allanar el camino para que los inversionistas coloquen confiadamente sus capitales. Al parecer, la fórmula no es nueva pero es efectiva para brindar sostenibilidad a relaciones contractuales duraderas. A decir, términos fiscales más flexibles, celeridad en procesos medioambientales y estabilidad política y social, factores que resultarían un incentivo más que suficiente para la atracción de más recursos financieros para apuntalar al sector. Al final de cuentas, la danza de millones es de nunca acabar y el desarrollo de la energía siempre baila a su ritmo.

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