Una caída que duele

La tendencia a la baja en el precio internacional del petróleo parece prolongarse. En 2015 tampoco se avizora una recuperación.

Los expertos aún debaten si la actual caída del precio internacional del petróleo obedece a las fuerzas del mercado o a una manipulación de los principales países productores del Medio Oriente. Como sea, el hecho puntual es que el valor del crudo ha descendido a sus niveles más bajos en lo que va de la década, alrededor de más de un cuarto de su valor frente a los niveles registrados en junio pasado.

¿Por qué preocupa tanto el actual descenso de precios? En primera instancia porque a diferencia de otras caídas esta vez la curva descendente comienza a prolongarse incómodamente.

Sumado a ello, porque los valores de cotización actuales, que bordean los $us 80 por barril, ocasiona que en varios países se encuentren literalmente desangrando sus arcas por su alta dependencia del crudo.

El caso más cercano es el de Venezuela, cuya economía depende en un 96% de sus exportaciones petroleras y que, según la agencia Bloomberg, con el actual régimen de precios llegaría a perder unos $us 10 billones hasta finales de año.

Siguiendo con el caso venezolano, si se toma en cuenta que para equilibrar sus cuentas fiscales requiere que el precio del barril esté por encima de los $us 121, de seguro que tenerlo a un precio de $us 76, como cotizó la semana pasada, es una pésima noticia.

Lo más preocupante es que la tendencia parece que se mantendrá a la baja incluso en la gestión 2015, con lo que el panorama para los países productores de la región no es de los más alentadores.

En ese lote, además de Venezuela en crisis, deben anotarse Colombia, Ecuador y, principalmente, un Brasil que con bombos y platillos se anotó recientemente en las grandes ligas como productor hidrocarburífero de referencia.

Por donde se vea el panorama parece complejamente desalentador. China, el segundo principal consumidor de crudo del mundo, tiene a su economía en una fase de ralentización. Estados Unidos, el principal consumidor de petróleo, ahora se alista para entrar en la competencia por la conquista de mercados de exportación, mientras que Europa continúa en una etapa recesiva que, en conjunto, configuran un escenario de débil demanda global y abundante oferta hidrocarburífera.

Entre tanto, los países productores de gas, entre los que se apunta Bolivia, mantienen una moderada cautela a la espera de un casi inevitable reajuste de precios futuros. ¿Qué tanto afectará la caída petrolera a la renta gasífera? De momento resulta prematuro especular con proyecciones, pero tampoco se debe caer en el error de creer que estamos blindados de los vaivenes internacionales.

En un tema más de fondo, es prudente entender que Bolivia no puede darse el lujo de ingresar en terrenos inestables como los que pisa Venezuela, que con su exagerada dependencia petrolera ha dejado de lado, casi en absoluto, cualquier posibilidad de diversificación productiva.

En ese sentido, lo importante es asumir que Bolivia no puede permanecer en una posición cuyo único sostén sean los ingresos por la exportación del gas. Que el gas siga siendo un pilar, pero que no sea el único sobre el cual el país descanse a sobresaltos.

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