Una historia que se repite

La minería siente la caída de precios e ingresa en la espiral descendente que, en Bolivia, se traduce en una endémica fragilidad sectorial.

 

La minería tiene una relación indivisible con la economía nacional. A pesar de sus altas y bajas, este sector ha generado riqueza hace más de 500 años y, aún hoy, sigue siendo uno de los puntales económicos.

Sin embargo, a pesar de que Bolivia ha sido un país eminentemente extractivista, en tantos años de trabajo no ha logrado desarrollar un verdadero expertise que le permita dar saltos mayores en el aprovechamiento de su riqueza mineral.

Si se traza una línea transversal en el tiempo, lo que se observa es la reiteración de picos de producción con altos ingresos, un factor que visiblemente no expresa un avance cualitativo ni siquiera en lo más básico; vale decir, los sistemas de producción y el tratamiento de los minerales.

Salvo contadas excepciones, casi siempre ligadas a la presencia de compañías transnacionales, la mayoría de las operaciones mineras se maneja bajo arcaicos sistemas que no permiten un adecuado aprovechamiento de los recursos ni un mejoramiento en las condiciones de vida de los mineros.

En consecuencia, hoy en día Bolivia tiene una minería poco tecnologizada, escasamente competitiva y muy retrasada en comparación con países vecinos. Basta hablar de Chile o Perú para darse cuenta de que Bolivia se quedó con el influjo nostálgico del Cerro Rico de Potosí.

Más lamentable es pensar que, pese a la reciente bonanza de los precios internacionales, el país perdió otra oportunidad de oro para levantar su alicaído sector y darle un nuevo sentido.

En más de un lustro de posibilidades y buenos precios, el debate casi infructuoso de una nueva Ley Minera, así como los conflictos internos entre mineros cooperativistas y la Comibol, entre otros, terminaron por desperdiciar un periodo de auge que parece disiparse más rápido de lo que se pensaba.

Hoy se habla de nuevas inversiones, de estimular la prospección, de aprovechar la riqueza de manera distinta; sin embargo, parece que cualquier discurso o acción en ese sentido llegan a destiempo. China desacelera su economía, los minerales sienten el impacto y caen en su cotización, mientras que Bolivia resulta una vez más afectada, porque en el camino muchos despropósitos recibieron mayor atención y preferencia.

En estos años no se procuró potenciar el sector, sino que se priorizaron intereses sectoriales casi siempre manejados con el recurso de la presión. En consecuencia, siguen ausentes las políticas y estrategias sectoriales que podrían permitir a la minería boliviana dejar de ser lo mismo de siempre.

Hoy surgen las voces que hablan de que se ha vuelto a ingresar en un periodo de crisis sectorial. La palabra colapso suena con fuerza y se prevé que la caída de los precios sea una cuestión permanente, parte de un cambio de ciclo económico en vez de un fenómeno coyuntural.

El panorama, por tanto, resulta preocupante.
Lamentablemente encuentra a Bolivia con una casi nula capacidad de reacción. Nuestra minería siempre ha estado ligada a los vaivenes de las cotizaciones internacionales; por lo que es casi inevitable creer que, si nos iba bien en las buenas, ahora, en las malas, nos tocará pasarla igual. Indudablemente es una historia que se repite.

 

 

noticia anterior

La región inicia inversiones millonarias en exploración

siguiente noticia

Aber presenta automóvil híbrido boliviano


Fatal error: Call to a member function have_posts() on a non-object in /home/energypress2015/public_html/wp-content/themes/sprout/inc/template-tags.php on line 472