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Resistencia a hidroeléctrica cobra fuerza

Más de 9 mil personas desplazadas de Antioquía, Colombia, por el rebalse de la represa de Hidroituango el 2018, otras dos centenas de personas desaparecidas por la inundación provocada por la represa de Brumadinho, Brasil, en enero de este año, además de una megahidroeléctrica a punto de ser destruida en el estrecho de Colorado, Estados Unidos, son solo tres antecedentes de una articulación transfronteriza en contra de las hidroeléctricas que toma cuerpo. 

Suman las protestas. La resistencia y lucha contra las megahidroeléctricas Chepete y Bala en la Amazonia boliviana ha trascendido fronteras, y hoy varios activistas articulan su llegada a territorio nacional para protagonizar un acto simbólico de rechazo por las represas que estima costarán más de $us 7.000 millones e inundarán aproximadamente 771 kilómetros de territorio amazónico, según estimaciones de Geodata.

La activista Fernanda Castro, de la Nación Mapuche Pewenche de Chile; el kayakista estadounidense Weston Boyles, fundador de Ríos to Rivers y Álex Villca, vocero de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas para la Defensa de los Territorios y Áreas Protegidas (Contiocap), se trasladaron al norte paceño para visitar in situ las áreas donde se pretende construir las hidroeléctricas.

Castro explica que su comunidad Pewenche vive a orillas del río BioBío, y que desde el año 1990 se encuentran en permanente resistencia debido a la construcción de tres centrales hidroeléctricas.

«Estas centrales fueron construidas en medio de múltiples faltas de respeto y muchas fallas inhumanas hacia nuestra cultural, hacia dos comunidades del pueblo que provocó la relocalización de más de 50 familias que ahora viven en terrenos con escasez de agua, no tienen tierra para sembrar», relata a ANF.

La joven mapuche señala que las principales fuentes ecológicas son el turismo, la agricultura y la ganadería, pero el vivir con las represas en medio de su territorio ha generado muchas dificultades.

«Tenemos la amenaza de una carretera hídrica que consiste en sacar agua de otro río y llevarla al norte del país, siendo que donde vivimos en verano tenemos sequías, porque tenemos muchos terrenos forestales con pinos y eucaliptos que son árboles muy consumidores de agua», detalla.

Luego de visitar la Amazonia boliviana, se confiesa sorprendida por la presencia de gigantes dragas chinas en los ríos Kaka y Beni, en la explotación ilegal del oro.  

«Es impresionante lo que hemos visto, y más porque he leído el discurso de Evo Morales porque se cree desde afuera que está protegiendo la naturaleza y da mucha frustración saber que no es así», señala.

Desde la tierra profunda. Por su parte, el líder indígena de Bolivia Álex Villca destaca el movimiento internacional en torno a la resistencia a las megahidroeléctricas y la defensa de los territorios. «Hay experiencias en el mundo donde pueblos indígenas, organizaciones de la sociedad civil se han unificado en estas luchas para cuidar el medio ambiente y creo que nos llena de esperanza a los pueblos indígenas que habitamos Bolivia», afirma.

En análisis de Villca, en el país todavía se está a tiempo de frenar la «terrible devastación» de flora y fauna por las numerosas represas en construcción y otras en proyecto, que provocarían rebalses inmensos.

«Las experiencias de articulación, las luchas conjuntas, las estamos construyendo de a poco, ya hicimos acercamiento con el Movimiento de Afectados por las Represas del Brasil (MAP por sus siglas en portugués) que han visitado la cuenca del río Beni, sus testimonios de vida son muy importantes porque ya han vivido los impactos, las afectaciones, el hecho que hubieran sido relocalizados, este despojo de sus territorios ancestrales», señala.

(El Día – con información de ANF))

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