ELECTRICIDADRENOVABLES

Los proyectos hidroeléctricos avanzan a pesar de las protestas

Hasta el año 2020 ENDE pretende adicionar 585 MW de hidroelectricidad al SIN. El Gobierno insiste con los megaproyectos para llegar a los 9.000 MW y exportar.

La capacidad de generación eléctrica subirá este año 1.000 megavatios en Bolivia, es decir un 43,4% más de lo que produce el país en la actualidad, y llegará a 3.300 megavatios. La afirmación fue del mismo presidente Evo Morales durante la la inauguración de la Central hidroeléctrica San José II, el pasado 9 de junio en Cochabamba.

Según datos del Ministerio de Energías, la oferta actual de Bolivia es de 2.300 MW, de los cuales se consumen cerca de 1.500 MW. Hasta el 26 de junio, en el portal del Comité Nacional de Despacho de Carga (CNDC), 372 MW fueron generados por las hidroeléctricas, 740 MW por termoeléctricas y 60 MW por fuentes intermitentes como las plantas solares y eólicas.

Sin duda, la generación hidroeléctrica se está convirtiendo en una de las más importates en el país. Con la entrada de los proyectos San José I y II se adicionaron en los últimos seis meses 124 MW al Sistema Interconectado Nacional (SIN). El próximo desafío del Gobierno es la ejecución del Proyecto Hidroeléctrico Banda Azul, para la generación de aproximadamente 147 MW.

Fuente: ENDE

MÁS “HIDROS”

A pesar de la creciente oposición a los proyectos hidroeléctricos, el presidente Evo Morales ha insistido, desde sus anteriores gestiones, que se deben construir los megaproyectos como El Bala y Chepete, con el propósito de generar 9.000 MW de electricidad, para cubrir la demanda interna y exportar a mercados internacionales como Brasil y Argentina.

“Solo con El Bala, El Chepete, tantas hidroeléctricas de La Paz (reunimos) más de 3.000 megavatios (…). Debatimos la Agenda del Bicentenario, de 200 años de aniversario y planteé generar 9.000 megavatios”, dijo el primer mandatario en un reciente acto público.
Hasta el año 2020, de acuerdo con los proyectos de ENDE, se debe adicionar 585 MW al SIN.

Estrecho de El Bala (Beni), donde se proyecta la construcción de una megarrepresa

Afectados ven inviabilidad

El 15 de julio, líderes y representantes de Brasil, Colombia y Bolivia, reunidos en Guayaramerín (Beni) durante el Encuentro Regional de Afectados y Afectadas por represas en la Amazonía, definieron mantener una lucha regional en contra de las represas con planteamientos de políticas estructurales, defensa de sus territorios, respeto a los protocolos de consulta a los pueblos y generación de proyectos de energías renovables.

Durante el encuentro los pobladores, líderes, autoridades, expertos y analistas consensuaron puntos en los que ratifican la inviabilidad de la construcción de más represas y megarepresas en la Amazonía, dado sus irreversibles impactos sociales, ambientales y económicos.

OPINIÓN

Francesco Zaratti
Analista en energías

A diferencia del sector de hidrocarburos, el sector eléctrico se muestra sólido y confiable a futuro. Con una oferta potencial de más de 2.2 GW y una demanda de 1.6 GW, lo que significa una reserva de un 30% de generación, el suministro está asegurado con holgura.

Por eso llama la atención que se siga incorporando potencia ociosa al sistema, o sea sin tener la capacidad de consumir ni un destino claro de esa nueva generación.

La idea de exportar electricidad tiene muchas dificultades, empezando por la falta de integración eléctrica con los países limítrofes y terminando por las políticas de soberanía eléctrica que todos los países buscan tener.
En el contexto descrito, no tiene absolutamente ninguna justificación económica, apuntar a megarepresas como El Chepete, pero sí fuertes objeciones sociales, ecológicas y medioambientales.

Incluso es posible pensar en una transición de la generación basada en gas a electricidad generada por fuentes renovables (eólica, solar, hídrica mediana y geotérmica). En esa línea, tiene sentido tener centrales hidroeléctricas pequeñas y medianas, amigables con el medioambiente y de múltiple uso (energía, riego y agua potable) para asegurar la continuidad del suministro.

Comparto esa misma línea, aunque asumo que es un proceso lento y gradual, que tiene como meta el reemplazo del gas por fuentes renovables en la generación eléctrica y de los motores con gasolina por motores eléctricos.

Las fuentes renovables son una oportunidad única de “democratizar la energía” volviendo al ciudadano consumidor y productor directo de energía eléctrica.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que los obstáculos principales para la transición de las energías fósiles y convencionales a las renovables en Bolivia son: la regulación antigua y el subsidio que acompaña el consumo del gas y de la electricidad.

A medida que el gas se acaba, es necesario concientizar sobre la necesidad de transparentar el costo de la energía, especialmente para los sectores sociales que más pueden soportar un precio justo de la energía. Solo así será posible avanzar en el uso de las energías renovables y evitar seguir derrochando en termoeléctricas el poco gas que nos queda.

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