
Con más de $us 2.100 millones invertidos, tecnología de clase mundial y proyectos sostenibles, Repsol Bolivia opera en el campo Margarita, una de las infraestructuras energéticas más imponentes del país.
En medio del paisaje agreste del sur boliviano, donde la infraestructura energética convive con la naturaleza y comunidades indígenas, se levanta uno de los complejos gasíferos más imponentes del país. Allí, en el bloque Caipipendi, la operación liderada por Repsol combina innovación tecnológica, talento boliviano y una inversión que supera los 2.100 millones de dólares, consolidando a la compañía como uno de los actores más relevantes del sector en el país.
El campo Margarita se constituye el corazón productivo de este bloque y uno de los principales pilares del abastecimiento de gas natural en Bolivia. Desde este campo proviene alrededor de un tercio del gas que produce el país, gracias a una infraestructura que integra nueve pozos de gran productividad y una planta de procesamiento considerada entre las más modernas del país.

Para Mariano Ferrari, CEO de Repsol, el desarrollo del campo Margarita representa más que un proyecto energético. “El campo Margarita forma parte de un concepto crítico del negocio de Repsol y de sus socios en el bloque Caipipendi. El pozo Margarita 10 refleja el talento de los equipos técnicos y de proyecto, así como la innovación tecnológica que estamos incorporando”, indicó.
Ferrari se refirió también al desarrollo de tecnologías que desarrollaron para utilizar energía renovable para alimentar los sistemas de automatización y control, lo que permite producir gas de forma eficiente y sin emisiones a la atmósfera, y acotó que este tipo de proyectos no solo impulsan la producción energética, sino que también evidencian el potencial que aún existe en la industria hidrocarburífera boliviana.
El pozo Margarita 10 (MGR-10) es uno de los símbolos de esa innovación. No solo es uno de los más productivos del campo, sino también uno de los más avanzados tecnológicamente.
En ese sentido, Tania Justiniano, Jefe de Ingeniería del Equipo de Repsol Bolivia, indicó que este proyecto marcó un hito desde su concepción.
“El pozo Margarita 10 se puso en marcha en 2022 y logró récord tanto en construcción como en su puesta en operación. La inversión fue de aproximadamente 70 millones de dólares para la perforación y 15 millones adicionales para las facilidades de superficie”, detalló.
Su construcción comenzó en diciembre de 2020, en plena pandemia, y finalizó a mediados de 2021. El contexto sanitario representó un desafío sin precedentes para el equipo técnico.
“Fue un reto importante porque trabajamos en plena pandemia, en una ubicación remota. Repsol estableció protocolos muy rigurosos que nos permitieron avanzar con seguridad, priorizando siempre la salud de las personas y las comunidades”, recordó Justiniano.
El proyecto incluyó la construcción de una línea de recolección de 40 kilómetros, una de las más extensas del país para este tipo de instalaciones.
Sin embargo, su rasgo más innovador es su sistema energético autónomo basado en paneles solares, que lo convierte en el primer pozo de este tipo desarrollado por la compañía en Bolivia.
“Este diseño modular y solar permite un ahorro cercano al 40% en las facilidades de superficie, además de ser más eficiente, rápido y sostenible”, explica.
El sistema permite que el pozo opere sin personal permanente en sitio, con monitoreo remoto desde las salas de control de la compañía. Desde su puesta en marcha, además, ha registrado cero incidentes y cero tiempo muerto de operación.
La experiencia fue tan exitosa que el modelo está siendo evaluado para proyectos similares en otros países de la región, como Perú, así como en otras empresas del país.
Según Álvaro Méndez, gerente del Activo Caipipendi, el pozo MGR – 10 produce 67 millones de pies cúbicos de gas por día, lo que lo convierte en uno de los más poroductivos del campo.
“El gas que sale de este pozo viaja aproximadamente 40 kilómetros hasta la planta de procesamiento de Margarita, para enviarlo al mercado externo e interno.
El bloque está compuesto por los campos Margarita y Huacaya, y actualmente cuenta con nueve pozos activos que alimentan la planta.
Los dos de mayor producción son MRG-10 y MRG-4, responsables de una parte sustancial del suministro.
“En total estamos produciendo alrededor de 314 millones de pies cúbicos por día, y este pozo representa una parte muy importante de ese volumen”, señaló Méndez.
La planta de procesamiento de Margarita es considerada una de las obras de ingeniería más relevantes del sector hidrocarburífero en Bolivia. Su capacidad máxima alcanza 18 millones de metros cúbicos diarios, lo que le permite operar con flexibilidad y garantizar el abastecimiento tanto del mercado interno como de las exportaciones.
El complejo cuenta con sistemas avanzados de monitoreo en línea, conectados con las oficinas de Santa Cruz y con cada uno de los sitios remotos del campo.
Su sala de control centraliza toda la información operativa en línea.
“Desde aquí capturamos los datos de producción de cada pozo y los volúmenes de gas y condensado procesados. Es fundamental contar con información precisa para monitorear el comportamiento de los reservorios y garantizar la eficiencia del sistema”, explicó Méndez.
La planta registra niveles de confiabilidad superiores al 99%, uno de los indicadores más altos de la industria.
Para Repsol Bolivia, el desafío ahora es continuar desarrollando el potencial energético del país bajo estándares de seguridad, eficiencia y sostenibilidad.
El modelo implementado en Margarita —con pozos autónomos, energías renovables y monitoreo inteligente— muestra cómo la industria puede evolucionar sin perder competitividad.
Proyectos sociales
Por otro lado, es importante destacar que el desarrollo del campo Margarita no se limita únicamente al ámbito energético. Su operación también genera un impacto directo en las comunidades vecinas.
Mauricio Mariaca, gerente de Relaciones Externas de la empresa, indicó que la compañía mantiene una relación de más de dos décadas con las poblaciones del área de influencia, específicamente con comunidades guaraníes de la APG Itika Guasu y comunidades criollas.
Uno de los programas más destacados es el de producción de miel, que involucra a más de 100 familias. “Hace 15 años las colmenas producían 8 kilos de miel. Hoy llegan a 25 kilos, lo que ha generado ingresos sostenibles para las familias”, explicó Mariaca a tiempo de indicar que la comercialización ha llegado incluso a mercados de Argentina.
También existen iniciativas productivas como el charque de cabrito y proyectos de artesanías elaboradas por mujeres guaraníes, que transforman la hoja de palma en productos comercializables como carteras, bisutería y artículos decorativos.
“Alrededor del 50% del personal que trabaja en la planta proviene de comunidades cercanas. También hay emprendedores locales que prestan servicios de catering, transporte, lavandería, hotelería y alquiler de maquinaria”, destacó Mariaca.




