El hidrógeno blanco se plantea como una alternativa prometedora, aunque su desarrollo dependerá de exploración, inversiones y un nuevo marco regulatorio.
Bolivia busca nuevas alternativas ahora que la producción de gas muestra un declive-. En ese contexto, el hidrógeno blanco comienza a despertar interés como un recurso con potencial para diversificar la matriz energética e, incluso, abrir una nueva industria. Sin embargo, el entusiasmo convive con una realidad ineludible: desarrollar esta fuente requerirá años de exploración, cambios legales, inversiones de riesgo y capacidades técnicas que hoy todavía no existen en el país. La pregunta inevitable es si esta apuesta podrá consolidarse antes de que la disminución del gas imponga mayores restricciones económicas y energéticas.
Jorge Ríos, profesional de la Gerencia de Administración Técnica de Contratos de YPFB señaló que hidrógeno blanco representa una de las oportunidades más interesantes que hoy se estudian a nivel internacional. A diferencia del hidrógeno verde —obtenido mediante electrólisis del agua utilizando electricidad proveniente de fuentes renovables—, el hidrógeno blanco es un recurso natural que se encuentra en el subsuelo y puede extraerse mediante perforaciones, de manera similar a la producción de gas natural.
Se trata de una industria extremadamente reciente. Según explicó, su desarrollo comenzó casi por accidente. En 1987, durante la perforación de un pozo de agua en Mali, se detectó una emanación de gas que inicialmente pasó desapercibida. Años después, al reabrirse el pozo, se comprobó que contenía aproximadamente un 98% de hidrógeno. Ese descubrimiento permitió utilizar el recurso para generar electricidad destinada a una comunidad local y despertó el interés científico sobre la existencia de reservorios naturales de hidrógeno.
Desde entonces, distintos grupos de investigación comenzaron a estudiar si aquel hallazgo era una anomalía geológica o el inicio de una nueva industria energética. Francia se convirtió en uno de los países pioneros en estas investigaciones y logró identificar diferentes sistemas geológicos capaces de generar hidrógeno de manera natural en diversas regiones del planeta.
De acuerdo con Ríos, Bolivia ya cuenta con estudios preliminares que identificaron emanaciones naturales de hidrógeno, particularmente en el Altiplano, una zona donde predominan sistemas geológicos asociados a procesos de subducción. Aunque todavía no existen perforaciones específicas para confirmar reservas comerciales, los primeros registros son considerados alentadores.
El especialista explicó que existe otro mecanismo natural de generación conocido como serpentinización, un proceso asociado a minerales ricos en hierro. Bajo esta condición, el entorno del Mutún aparece como una zona que podría presentar condiciones favorables para futuras investigaciones.
“Lo que falta ahora es explorar”, señaló. Esa exploración requerirá nuevos registros sísmicos, estudios geológicos especializados y perforaciones destinadas exclusivamente a comprobar la existencia de reservorios de hidrógeno.
Bolivia carece de un marco normativo específico que permita desarrollar esta actividad. YPFB tampoco posee hoy las competencias legales para emprender proyectos de exploración y producción de hidrógeno geológico. Por ello, uno de los trabajos que impulsa el equipo técnico consiste precisamente en desarrollar la normativa.
La intención es que, una vez aprobadas las modificaciones legales, el país pueda atraer inversión privada para desarrollar proyectos en asociación con YPFB.
El hidrógeno tiene aplicaciones muy diversas. Puede utilizarse como combustible industrial, mezclarse con nitrógeno para producir amoníaco y fertilizantes, o combinarse con dióxido de carbono para fabricar combustibles sintéticos como gasolina y diésel. Además, al no provenir directamente de combustibles fósiles, constituye una alternativa de bajas emisiones que despierta creciente interés en los mercados internacionales.
Ríos recordó que la industria petrolera enseña que descubrir un recurso no significa producirlo de inmediato. Entre la exploración, la perforación de pozos, el desarrollo de infraestructura, la evaluación de mercados y la construcción de instalaciones pueden transcurrir entre siete y diez años, tiempos similares a los que demanda un proyecto convencional de gas natural.
Eso significa que el hidrógeno difícilmente podrá convertirse en una respuesta inmediata frente a la caída de la producción gasífera.
En otras palabras, si Bolivia aspira a que este recurso forme parte de su matriz energética durante la próxima década, las decisiones regulatorias y exploratorias deberán comenzar prácticamente ahora.
Aunque la perforación de hidrógeno blanco presenta riesgos geológicos similares a los del gas natural y puede requerir tecnologías más especializadas, las experiencias internacionales evidencian un alto potencial económico.
Proyectos piloto en Canadá reportan costos cercanos a $us 0,5 por kg, muy inferiores a los del hidrógeno verde, cuya producción oscila entre $us 4 y $us 6 por kg.
Para Bolivia, el desafío no será solo confirmar la existencia de reservorios naturales, sino acelerar su desarrollo para que esta nueva fuente energética contribuya a complementar el suministro y reducir futuras presiones sobre el sistema energético nacional.




