GAS Y PETRÓLEO

Panorama sombrío: ¿Bolivia pierde protagonismo en el mercado regional del gas?

Reducir la demanda de fuentes fósiles, invertir en un plan agresivo con fuentes renovables no convencionales y mejorar el clima de negocios para atraer inversiones.

Si aceptamos que la contribución del sector energético boliviano al calentamiento global es insignificante debido a su reducido tamaño, entonces, la transición de fuentes fósiles a renovables es una urgencia económica antes que una adhesión a los acuerdos climáticos, opinó Francesco Zaratti, analista energético.

En efecto, remarcó el analista, “asistimos al fin del ciclo del gas en Bolivia por causas naturales (declinación de los campos de gas) y por causas políticas (las insanas normas legales y tributarias que espantan la inversión extranjera en el sector). Consecuentemente, la producción de gas ha caído 30% en ocho años; las reservas certificadas no se actualizan con el fin de ocultar la triste realidad; la creciente importación de combustibles y el subsidio correspondiente han llegado a niveles insostenibles; y es incontrovertible la pérdida de protagonismo de Bolivia en el mercado regional del gas.

En coincidencia con Zaratti, la consultora y analista energética, Susana Anaya, señaló que el panorama del sector es bastante sombrío. “Estamos en una situación de excesiva gravedad, por la falta de producción de gas. De 61 MMmcd y ahora tenemos alrededor de 43 MMmcd, que no alcanzan para satisfacer la demanda interna y la de los mercados externos. Tanto así que se ha tenido que disminuir el volumen de venta al Brasil para entregarle a Argentina”, dijo la experta.

No obstante, Zaratti dijo que, en respuesta a esta crisis, el gobierno ha optado por incrementar la oferta de los combustibles apostando a los biocombustibles que, al final del día, son solo un paliativo costoso.
Por su lado, Anaya señaló que se está importando una cantidad importante de diésel a precios elevados, porque hay escasez a nivel mundial, motivada en parte, por la invasión a Ucrania, así como por efectos de la pandemia, que han provocado que algunas refinerías en Rusia y China cierren sus puertas por la baja de consumo energético, o no tenían las condiciones para mantenerse activas.

“Las refinerías están especulando. Los márgenes han crecido bastante. En enero de este año, el margen de refinación de un barril de petróleo estaba alrededor de $us 10 y en abril estaba en $us 40 y hasta $us 55, cuando el precio del barril de diésel está alrededor $us 160, eso implica un costo para el país de al menos $us 3.500 millones, y eso afecta de forma negativa a la balanza comercial energética”, dijo Anaya.

En ese sentido, Zaratti dijo que la alternativa es reducir la demanda de fuentes fósiles, invirtiendo la relación de generación eléctrica; ejecutando un plan agresivo de generación eléctrica con fuentes renovables no convencionales (ERNC) abundantes en Bolivia, principalmente solar e hídrica; fomentando la electromovilidad mediante incentivos financieros y, no último, mejorando el clima de negocios para atraer inversiones, nacionales y extranjeras, en el sector.

“Infelizmente, no existe aún un plan de transición energética en Bolivia que, aceptado como una política de Estado, dé certezas a las inversiones privadas, imprescindibles en esta etapa de transformaciones”, explicó el analista a tiempo de indicar que hubo cierto avance en la generación eléctrica, pero falta mucho por avanzar. De hecho, la transición energética en el transporte está estancada después de los incentivos para usar GNV en lugar de gasolina y la electromovilidad requiere de un agresivo plan de incentivos y estímulos.

La urgencia de avanzar en la transición eléctrica no implica que haya que descuidar la exploración y explotación de los hidrocarburos, aunque el clima de negocios no es favorable: no hay grandes empresas interesadas en invertir por razones técnicas y de seguridad jurídica; los mercados de exportación, que atraen inversiones, se están perdiendo paulatinamente; la geología tampoco es favorable después de la sobre explotación del Subandino, dijo Zaratti.

En la actividad exploratoria pueden ayudar empresas medianas, pero a condición de que traigan lo que se ha llamado “capital constructivo”, comprometido con el desarrollo del país en un marco de transparencia legal y social, concluyó el analista.

Francesco Zaratti, analista energético

«La producción de gas ha caído 30% en ocho años; las reservas certificadas no se actualizan con el fin de ocultar la triste realidad; la creciente importación de combustibles y el subsidio correspondiente han llegado a niveles insostenibles; y es incontrovertible la pérdida de protagonismo de Bolivia en el mercado regional del gas».

Susana Anaya, analista y consultora

«Se está importando una cantidad importante de diésel a precios elevados, porque hay escasez a nivel mundial, motivada en parte, por la invasión a Ucrania, así como por efectos de la pandemia, que han provocado que algunas refinerías en Rusia y China cierren sus puertas por la baja de consumo, o no tenían las condiciones para mantenerse activas».

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