ANÁLISISHéctor Córdoba Eguivar

El litio entre la esperanza y espejismo

El Estado está con grandes limitaciones para desembolsar los montos que se requerirían para poner en marcha las ideas. Por esto, debe recurrirse a alianzas estratégicas que, enmarcadas en las leyes bolivianas, permitan que el Estado obtenga un gran valor.

Recientemente, ante la crisis económica, muchos vieron en la explotación de este metal la salvación de la economía nacional. ¿Hay la posibilidad de que esto sea una realidad?
El litio adquirió una posición geopolítica, relevante, cuando el mundo decidió dejar de depender de los proveedores de petróleo y cuando empezó a promover el uso de energías verdes para sustituirlo. La fuente de energía renovable más usada era la hidráulica, seguida por la geotérmica y, en menor medida, la eólica y, casi desaprovechada completamente, la solar.
Estas últimas son las más baratas; pero tienen un inconveniente, la intermitencia de la generación de energía; por esto, se les tuvo que asociar un almacén de energía que la entregue a demanda cuando la fuente esté inhabilitada. Este almacén es la batería.
De todas las baterías fabricadas, la del litio resultó ser la mejor, por varios factores técnicos y tecnológicos. Esto provocó grandes cambios en la visión mundial y el litio se convirtió en un metal estratégico y núcleo de la geopolítica mundial. Las grandes potencias que buscan asegurarse la cadena de suministro iniciaron una carrera por apoderarse de los yacimientos más importantes del metal; pero China diseñó una estrategia diferente; se propuso controlar el procesamiento de la materia prima (carbonato o hidróxido de litio) para obtener los insumos necesarios para la fabricación de baterías; así, incluso si no tuviera el control de los yacimientos, sería el factor determinante para la producción de las baterías.
Ese control estratégico de la cadena de suministro por parte de China se extendió a varios metales estratégicos y a casi todas las tierras raras. Ese control se tradujo en poder y éste en más control y se creó un círculo beneficioso para esa potencia que nos arrastra a todos los que tenemos alguno de esos recursos en nuestros territorios.
Las potencias, como lo ha demostrado China, prefieren realizar el trabajo fino en sus territorios y, a los países que tienen yacimientos interesantes de esos recursos, nos toman como proveedores de la materia prima no procesada. Se sabe que si nos quedamos en ese nivel, los riesgos a los que estamos sujetos son inmensos, no tenemos ningún control sobre las cotizaciones, generamos muy poca riqueza y escaso empleo; casi nada de efecto multiplicador local y acabamos alimentando la consolidación de poderes y bienestar en las potencias.
Por las situaciones políticas y geopolíticas, el dólar pierde valor y peso y esto impulsa un crecimiento jamás soñado de las cotizaciones de los metales por el desequilibrio entre oferta y demanda provocado por el deseo de refugio en los ahorristas. La onza troy de oro vale más de 4600 dólares, la onza troy de plata sobrepasó los 90 dólares, la tonelada de estaño está por encima de los 53000 dólares; la tonelada de zinc se acerca a los 3500 dólares y, lo más sorprendente, la tonelada de carbonato de litio está por encima de los 23000 dólares. La duración de esta situación no depende de los proveedores de esos metales.
Parece que el tren vuelve a aproximarse a nuestra estación…
Para minimizar los riesgos de la volatilidad de las cotizaciones, lo mejor es avanzar en la cadena de valor del metal; pero eso puede ir en contra de los intereses de las potencias que controlan ese paso, entonces, nos vemos frente a un dilema cuya salida condicionará nuestro futuro.
Hemos intentado avanzar en la industrialización del litio para llegar a la fabricación de baterías; pero no hemos logrado llegar muy lejos. Cuando se solicitó al mundo entero propuestas para la extracción del litio de la salmuera de Uyuni y su posterior industrialización, todos los países que trajeron propuestas querían controlar la materia prima y no llevar a cabo ningún proceso industrial en nuestro país.
Cuando hace 60 años, pretendimos fundir nuestro estaño en nuestro territorio, tuvimos que superar grandes obstáculos que frenaron ese intento por mucho tiempo. Chile, un país que ha dado grandes pasos en la cadena de valor del cobre, exporta el 70% de este metal como concentrado. ¿Podremos hacerlo mejor?
La necesidad creciente de divisas de disponibilidad inmediata presiona a los tomadores de decisiones de los gobiernos y si a esta restricción se suma una cotización elevada de la materia prima, entonces, no es difícil aceptar que se potencie la exportación de materia prima sin adición de valor ni generación de efecto multiplicador local.
¿Qué hacer en el caso del litio? No debemos perder la visión industrial a mediano plazo; se pueden empezar produciendo otros bienes que tienen buen mercado (medicamentos, vidrios…), material catódico, electrolitos antes de lanzarnos a las baterías, fabricando localmente varios insumos que requieran las producciones mencionadas.
Mientras tanto, debemos producir carbonato e hidróxido de litio de alta pureza. Esto puede hacerse en la planta que ya tenemos instalada o en una nueva que funcione con EDL.
Para que funcione la planta que ya tenemos instalada se podría seguir uno de dos caminos posibles: verificar que todo está bien diseñado como para producir 15 mil toneladas con la pureza mínima de 99.5% de Li2CO3; si fuera así, terminar las 160 piscinas diseñadas o, en caso negativo, adaptar la planta a la tecnología EDL. En ambos casos, el Estado está con grandes limitaciones para desembolsar los montos que se requerirían para poner en marcha las ideas. Por esto, debe recurrirse a alianzas estratégicas que, enmarcadas en las leyes bolivianas, permitan que el Estado obtenga un gran valor; como consecuencia, la ley 928 debe modificarse; el litio debe retornar al sector minero, la regalía debe indexarse a la cotización internacional del carbonato de litio equivalente, lo que no pueda hacer la YLB por su cuenta debe ser realizado con ayuda de socios serios y debe promoverse la producción local privada de insumos. Dentro de las oportunidades está el desarrollo brasileño en el campo automotriz. Empresas chinas instalarán fábricas de vehículos eléctricos en ese país y podemos contribuir con baterías en el largo plazo y con partes de baterías en el corto, más otros insumos estratégicos

producidos con las materias primas que tenemos en nuestro subsuelo.
El año 2025, los contratos con las empresas chinas y rusas fueron descartados por varios factores; pero, principalmente, porque sus costos de operación superaban las cotizaciones del carbonato de litio en ese momento. Ejercicios realizados por la YLB mostraban que los costos de operación eran superiores a 13000 dólares por tonelada y que la rentabilidad era interesante con cotizaciones superiores a los 21000 dólares por tonelada. Hoy la cotización del carbonato llegó a 23000 dólares la tonelada; es decir, hace rentables a todas las iniciativas que se propusieron.
En noviembre de 2022, la cotización rozó los 90000 dólares y dos años después, estaba apenas encima de 8000 dólares, diez veces menos que la del 2022 y ahora está en 23000. Esta volatilidad se atribuye a acciones que lleva a cabo China gracias al control que tiene sobre la explotación y transformación del litio.
Es fundamental elaborar un plan de desarrollo de la industria del litio, con objetivos estratégicos de corto, mediano y largo plazo, con políticas, estrategias claras y motivadoras y programas y proyectos factibles que consideren nuestras fortalezas y superen nuestras debilidades para aprovechar todas las oportunidades vistas y predichas y que nos permitan capear las amenazas que surgirán a medida que obtengamos resultados positivos.
Si nuestra planta de 15000 toneladas anuales produjera carbonato de litio con una pureza superior a 99.5% y colmando su capacidad, si el costo de operación estuviera alrededor de los 13000 dólares por tonelada y la cotización internacional se mantuviera por encima de los 23000 dólares, la utilidad sería de unos 150 millones de dólares por año. Son varias las condiciones que deben cumplirse para alcanzar esta cifra. Si se repitiera la caída de la cotización que se vio hace 6 meses, el proyecto no sería rentable.
Además, para conseguir el funcionamiento a plena capacidad, debe ponerse en marcha las 160 piscinas y debe asegurarse que la calidad del producto es la que se pide para la fabricación de baterías. Estos dos detalles exigen una inversión adicional de la que no se sabe su cuantía.
El Estado está frente a una nueva posibilidad de obtener utilidades interesantes por la explotación y comercialización de materia prima; pero se requiere una inversión adicional y que se cumplan varias condiciones (citadas arriba), algunas que se deben satisfacer internamente y otras que están fuera de nuestro alcance.
Si se comparan los ingresos y las utilidades del proyecto del litio con la explotación y fundición de estaño se puede apreciar mejor la dimensión de nuestras esperanzas. Vender 15000 toneladas de Li2CO3 a la cotización mencionada darían un ingreso de 345 millones de dólares. Cada año, Bolivia exporta alrededor de 20000 toneladas de estaño, con la cotización actual, esto supone un ingreso de 1060 millones de dólares. En el primer caso, la utilidad está alrededor de 150 millones de dólares, en el segundo, el del estaño, considerando que el costo de producción está cerca de los 20000 dólares por tonelada, la utilidad es de 660 millones de dólares.
En la situación actual, el litio no es la locomotora que esperamos; para obtener utilidades mayores, mientras nos mantengamos como productores de materia prima, debemos producir 5, o mejor, 10 veces más; pero sujetos al riesgo de la volatilidad de los precios y de la sustitución del litio por otros metales y al cumplimiento de todas las condiciones indicadas.

Héctor Cordova, analista e investigador del sector minero en Fundación Jubileo

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