ANÁLISIS

Post COVID-19: Fronteras para la industria petrolera en Bolivia

Las empresas tendrán que planificar los riesgos de invertir y operar en Bolivia. Estos incluyen regulación y política, terceros como socios o proveedores, infraestructura, mano de obra y medio ambiente.

Autor: MARIO BALLIVIAN, Abogado, Máster en Derecho Petrolero en la Universidad Dundee, Escocia, y Máster en Regulación en el London School of Economics, Inglaterra

La pandemia del COVID-19 ha generado una crisis humanitaria y económica sin precedentes a nivel global, y en forma particular en Bolivia, que ha sido duramente golpeada por este virus, con profundas y vastas consecuencias en todos los sectores de la economía nacional.

El sector petrolero de Bolivia no ha sido la excepción. El COVID-19 ha dado lugar a una caída significativa de los precios, la producción, las inversiones, el cierre y la reducción de personal de las empresas, entre otros. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo enfrentando a este virus, la “nueva normalidad” ha acelerado fronteras y desafíos para la industria petrolera.

No existe un orden y una receta universal para lidiar con estos retos en esta nueva etapa de post COVID-19 en el sector petrolero en Bolivia. Sin embargo, frente a este escenario, entendemos que hay ciertas fronteras fundamentales que combatir: la necesidad de mayores inversiones, particularmente en el upstream, por una parte, y por otra, la gestión de los problemas de salud y seguridad, así como la cadena de suministros con mayor capacidad de adaptación.

Invirtiendo en el Sector Petrolero
Si bien la necesidad de inversión es sustancial en todos los segmentos de la industria petrolera en Bolivia, sin embargo, en la etapa del upstream es vital para el éxito o fracaso de las demás fases de la cadena del sector petrolero. El logro de una mayor inversión en el upstream no solamente está asociada a la identificación de riesgos y planificación de la incertidumbre por las empresas petroleras, sino también sujeta al papel del

Estado para generar políticas y medidas para atraer inversión privada.
Es así que las empresas tendrán que planificar los riesgos de invertir y operar en Bolivia. Estos incluyen regulación y política, terceros como socios o proveedores, infraestructura, mano de obra y medio ambiente. Así también serán importantes, los riesgos macroeconómicos, como los riesgos políticos, seguridad, económicos, estructurales, de liquidez del país y de tipo de cambio. Los riesgos tecnológicos, como el cibernético y otros riesgos digitales, también se están volviendo más preponderantes en Bolivia.

Sin embargo, el Estado también tiene que jugar un papel trascendental generando los incentivos necesarios para la atracción de inversión privada. esto implica que, entre otros, debe (i) contar con un marco legal y regulatorio adecuado a la coyuntura que permita alentar nuevas inversiones; (ii) modificar el régimen fiscal para que sea más competitivo; (iii) otorgar a YPFB un verdadero carácter corporativo, sin mayor injerencia política, incorporando normas de buen gobierno y cumplimiento corporativo; (iv) generar mayor seguridad para que las políticas en el sector sean predecibles y sostenibles en el tiempo; y (v) lograr nuevos mercados en un entorno cooperativo y de integración con otros países de la región en lugar de uno competitivo.

Priorizando la Salud y Seguridad
Como resultado de la pandemia del COVID-19, las empresas en el sector petrolero han tenido que incrementar sus medidas destinadas a la protección de la salud y seguridad de sus trabajadores e instalaciones, muchas de las cuales en este escenario post COVID-19 tendrán que ser adoptadas en forma continua y permanente.

En forma particular, las empresas petroleras tendrán que definir que funciones se pueden llevar a cabo vía remota en forma permanente o temporal, bajo la modalidad de teletrabajo, dotando a los trabajadores de todas las herramientas para efectuar sus labores, así como organizar programas de mitigación de riesgo en torno de aquellas que tengan que trabajar en sus instalaciones.

A todo esto, se tiene que sumar la aplicación de medidas de bioseguridad en forma permanente, como es el caso del lavado de manos y el distanciamiento social. Asimismo, se tendrá que considerar formas de automatizar tareas para minimizar el contacto entre personas, y subcontratar partes de las funciones corporativas, como llevar a la TI a la nube, o trasladar funciones no esenciales a proveedores externos.

Mejorando la Adaptación de la Cadena de Suministros
En esta nueva etapa de post COVID-19 es crucial la capacidad de adaptación de la cadena de suministros de las empresas petroleras, la cual en muchos casos fue interrumpida por la declaración de cuarentena y la consiguiente paralización de actividades públicas y privadas no solo en Bolivia, sino también en diferentes lugares del mundo.

Frente al nuevo escenario, a fin de evitar mayores problemas en la cadena de suministros, resulta necesario que se evalúen los eslabones en dicha cadena y se identifiquen las posibles debilidades no solamente de los propios proveedores, sino también y en cierta medida en los proveedores de estos.

Asimismo, las empresas tendrán que evaluar e identificar proveedores alternos, así como una comunicación permanente con los proveedores sobre las afectaciones del COVID-19, y como estas pueden tener un impacto en la cadena de suministros de las empresas petroleras.

Los puntos arriba señalados no pretenden desde ningún punto de vista ser exhaustivos, sino, por el contrario, simplemente orientativos, ya que existen muchas más fronteras y desafíos a las cuales las empresas petroleras en Bolivia tendrán que enfrentarse en este periodo post COVID-19. El horizonte que se avizora no es el más fácil y el tiempo tampoco juega a favor, particularmente para nuestro país.

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